En un partido con condimentos de película, el Tate venció 3-2 a la Gloria en un vibrante encuentro disputado en Santa Fe. Con un doblete de Tarragona y un gol del juvenil Aguirre, el conjunto de Madelón demostró carácter pese a las ausencias y a una polémica expulsión que marcó el cierre.
En una noche que tuvo todos los ingredientes de un duelo de alto voltaje, Unión y Instituto brindaron un espectáculo inolvidable en el estadio 15 de Abril, por la fecha correspondiente al Clausura 2026. El cotejo, que enfrentaba al conjunto local, necesitado de sumar para afianzarse en los puestos de privilegio, contra la Gloria, que llegaba como el escolta más firme y con la valla menos vulnerada del torneo, superó cualquier expectativa previa y se transformó en una verdadera batalla futbolística.
El partido llegaba con un atractivo adicional que despertaba el interés de los aficionados: por un lado, el delantero de Unión, Franco Tarragona, se presentaba como el artillero más eficaz del fútbol argentino en lo que va del año, acumulando quince conquistas con la camiseta rojiblanca. Del otro lado, el arquero de Instituto, Marcos Ledesma, ostentaba un invicto de cinco encuentros sin recibir goles, acumulando 450 minutos de imbatibilidad y acechando el récord histórico de Manuel Roffo en la institución cordobesa, fijado en 521 minutos. El escenario estaba servido para un choque de fuerzas parejas, aunque las circunstancias previas no favorecían al anfitrión.
El entrenador Leonardo Madelón afrontaba el compromiso con numerosas bajas significativas. La reciente partida de Maizon Rodríguez al Krasnodar de Rusia, en una operación que dejó un saldo positivo para las arcas del club pero que generó controversia por el momento de la venta, se sumaba a las ausencias de Del Blanco, Profini, Mauro desde el inicio, y la lesión de Vargas, junto con la segunda fecha seguida sin Julián Palacios. Ante este escenario, el estratega del Tate optó por darle la oportunidad al joven Tomás Fagioli, quien se impuso en la disputa interna al uruguayo Rocha y se ubicó en el mediocampo junto a Ludueña, con la misión de recomponer el engranaje del equipo y proyectar el futuro de la mano de una nueva generación.
El desarrollo del encuentro, sin embargo, tuvo un comienzo adverso para los locales. A los diez minutos, en una jugada que derivó en un encontronazo entre Alarcón y Ludueña, el árbitro Lamolina optó por la vía de la advertencia verbal, dejando pasar una acción que bien pudo haber tenido otra sanción. Acto seguido, la visita capitalizó la desconcentración defensiva: Alarcón desbordó por el sector izquierdo y asistió a Mosevich, quien, con un cabezazo cruzado, venció la resistencia de Mansilla y abrió el marcador para la Gloria. La reacción del dueño de casa fue tibia y la anotación sorprendió por la facilidad con la que se gestó.
Con el marcador en contra, Unión intentó sacudirse del golpe, pero Instituto, manejando los tiempos del juego, volvió a generar peligro. Un remate de Luna, ejecutado con total libertad, exigió otra intervención de Mansilla, que por milagro evitó el segundo tanto visitante. Fue entonces cuando el partido entró en una fase de alta intensidad y roces. Un manotazo de Giaccone sobre Luna desató la ira en el banco de la Gloria, pero el árbitro permitió la continuación de la jugada, y desde un centro perfecto de Cuello, Tarragona apareció para definir con clase y establecer el empate 1-1. El tanto desató la euforia local y las protestas de la visita, que reclamó una posible infracción previa que el VAR no consideró revisable.
La primera mitad concluyó con un marcador justo, aunque ambos equipos mostraron sus armas más afiladas. Luna, con su movilidad, puso en aprietos a la zaga local, mientras que Tarragona y Cuello comenzaban a gestar una sociedad ofensiva que tendría su punto culminante en la segunda etapa.
El complemento arrancó con una modificación táctica de Madelón, quien dispuso el intercambio de posiciones de los carrileros, una movida que resultó determinante. A los cincuenta minutos, una combinación letal entre Pintado, Cuello y Tarragona derivó en el segundo gol del Tate. El delantero de Alto Verde, con un cabezazo que pareció tener la fuerza de un disparo, venció la resistencia de Ledesma, que hasta ese momento había sido una muralla infranqueable. Era el decimosexto grito del goleador en el semestre y el segundo en la noche, y con él, Unión se ponía en ventaja ante el mejor equipo del torneo, que de repente recibía en Santa Fe la misma cantidad de goles que en toda la temporada anterior.
El entrenador de Instituto, el «Traductor», reaccionó rápidamente con movimientos en su ataque, ingresando Lázaro y Guerra, mientras que Madelón, atento a la acumulación de amonestaciones en el mediocampo, reemplazó a Giaccone por Mosqueira. El partido se volvió un ajedrez de cambios, con ambos estrategas buscando el equilibrio en un trámite cada vez más intenso.
Cuando el reloj marcaba los 27 minutos del complemento, el juvenil Misael Aguirre, de apenas 18 años y dieciséis presentaciones en Primera, ingresó en lugar de un agotado Cuello. Y en su primera intervención, el pibe se convirtió en héroe: tras un error defensivo de la visita, Aguirre soltó un zurdazo implacable que se incrustó en el arco cordobés, el mismo donde en otra oportunidad había sufrido una dura lección. Esta vez, el sueño del gol se cumplió y el Tate estiraba la diferencia a 3-1, desatando la locura en las gradas.
Instituto, que llegaba como el equipo más seguro, se veía superado y con tres goles en contra en apenas 75 minutos. Unión, por su parte, confirmaba su resurrección ofensiva, sumando diez tantos en sus últimos tres compromisos y afianzándose como el conjunto más goleador del fútbol argentino, con 41 conquistas en lo que va del año.
Sin embargo, el partido guardaba aún más emociones. Cuando el triunfo local parecía sellado, De la Fuente, con una genialidad de espaldas y en el aire, inventó un golazo que puso el 2-3 y devolvió la incertidumbre al estadio. El descuento de la Gloria encendió las alarmas y, en medio de la tensión, Tarragona, en un arrebato, cometió una infracción que el VAR detectó y que el árbitro Lamolina sancionó con tarjeta roja. El goleador, capitán y símbolo de Unión veía la expulsión en su mejor momento profesional, dejando a su equipo con diez hombres para los minutos finales.
La recta final fue un calvario para el Tate, que defendió su ventaja con el corazón en la mano. Guerra, de Instituto, estuvo a punto de igualar el marcador cuando su remate besó el palo de Mansilla, y la tensión se trasladó a los bancos. En el epílogo, Lamolina también mostró la roja a Gallardo, de la visita, y ambos conjuntos terminaron con diez hombres en un final de película.
Finalmente, Unión logró sostener el 3-2 y se llevó una victoria que vale más que tres puntos. No solo doblegó al mejor equipo de la zona, sino que reafirmó su poderío ofensivo y su capacidad de resiliencia ante las adversidades. Sin embargo, el costo fue alto: la expulsión de Tarragona, su máxima figura, será una baja sensible para los próximos compromisos. Una noche inolvidable en Santa Fe, donde el fútbol se vistió de gala y dejó una lección de entrega, talento y pasión.
