El Pincha venció por la mínima a Corinthians en el Neo Química Arena con un gol agónico de Alexis Castro y se convirtió en el único representante argentino entre los cuatro mejores de la Copa Libertadores, tras un desenlace cargado de dramatismo que incluyó un penal fallado por Memphis Depay en tiempo de descuento.
En una noche que parecía escrita para el infortunio y terminó siendo una página dorada en la historia reciente del club, Estudiantes de La Plata selló su clasificación a las semifinales de la Copa Libertadores al imponerse por 1 a 0 como visitante ante Corinthians, en un Neo Química Arena que rugió hasta el último suspiro y que terminó en un silencio sepulcral cuando el árbitro señaló el punto penal en el ocaso del encuentro. El conjunto dirigido por Eduardo Domínguez, que había construido la victoria en la ida con otro tanto de Alexis Castro, repitió la fórmula en tierras brasileñas y se erigió como la única bandera del fútbol argentino en la recta final del certamen continental.
La clasificación del León no estuvo exenta de sufrimiento ni de polémica. El desarrollo del cotejo, propio de una instancia decisiva, estuvo marcado por la fricción desde los primeros minutos, con una amonestación temprana a Bruno Bidon que anticipó el tono áspero que tendría el trámite. La tensión se incrementó cuando el árbitro y el VAR ignoraron una mano dentro del área de González Pírez sobre Gabriel Paulista, una jugada que los locales reclamaron con vehemencia y que pudo haber cambiado el rumbo del partido. Sin embargo, el equipo argentino supo sostener el cero en su arco con una disciplina táctica encomiable y una actitud colectiva que suplió las ausencias de jerarquía.
La baja de Tiago Palacios, quien se recupera de un desgarro sufrido con Universidad Católica y apunta a reaparecer en la final de la Supercopa Internacional ante Rosario Central, se hizo sentir en la creación de juego. El uruguayo aporta un salto de calidad y una sociedad peligrosa con Joaquín Correa, quien también arrastró molestias musculares en San Pablo. No obstante, Estudiantes disimuló esas carencias con un esfuerzo mancomunado, una presión asfixiante y una circulación de pelota que, si bien careció de profundidad, logró adormecer el ritmo del encuentro y neutralizar las intenciones del Timao.
En ese contexto de nombres ausentes, Corinthians tampoco pudo contar con sus cartas más importantes. La ausencia del delantero Yuri Alberto, que no juega desde la serie ante Rosario Central, y la expulsión de Raniele frente a los canallas, privaron al entrenador Fernando Diniz de herramientas fundamentales. El conjunto brasileño, que en la Libertadores encontraba un refugio frente a su floja campaña en el Brasileirao —donde se ubica en la decimocuarta posición, a un punto de los puestos de clasificación a torneos internacionales y a solo cuatro de los equipos que están perdiendo la categoría—, intentó imponer condiciones con el empuje de su hinchada, pero se estrelló una y otra vez contra la muralla defensiva del Pincha.
La única variante respecto al encuentro de ida en La Plata fue la vuelta de Tomás Palacios para ocupar el lateral izquierdo, ante la ausencia de Gastón Benedetti, quien llegó al límite de amonestaciones. Al defensor central no le resultó cómoda la posición y lo pagó con una tarjeta amarilla en el primer tiempo, pero su aporte resultó determinante: con el último aliento, llegó al fondo para lanzar el centro que Alexis Castro empalmó para hacer explotar la pelota en la red. Un gol agónico que desató el festejo visitante y que convirtió a Castro en el artillero de la serie, autor de los dos tantos que sellaron la clasificación.
Cuando el desarrollo se encaminaba hacia la definición por penales, llegó el llamado del VAR por la mano penal de González Pírez. Memphis Depay, el neerlandés de los millones de dólares, el que pidieron los torcedores, tomó la responsabilidad y malogró el remate. El arquero y la defensa de Estudiantes respiraron aliviados, y el club volvió a sacar a relucir su inoxidable chapa de equipo copero, esa que se forja con los condimentos que siempre rodean a la Libertadores: sufrimiento, épica y un final que se escapa del libreto.
Más allá de la clasificación, el dato que subyace es la superioridad que el fútbol brasileño ha marcado sobre el argentino en la última década. Desde 2019, los clubes de Brasil han alzado el trofeo de manera consecutiva, una racha que inició Flamengo al derrotar agónicamente a River en la final de Lima, y que evidencia cómo la competencia interna fortalece a los equipos para después pulsear en el plano internacional. Con esas siete estrellas encadenadas, los brasileños alcanzaron las 25 coronas del máximo torneo continental que organiza la Conmebol, igualando la marca histórica de los argentinos. De las últimas seis finales, cinco fueron protagonizadas por equipos de Brasil, y de las últimas veintidós series de mata-mata entre representantes de ambos países, los argentinos apenas vencieron en cuatro cruces, con solo seis victorias en cuarenta partidos.
Estudiantes es la referencia y el único que logró tres victorias en ese lapso: el 3-0 a Fortaleza en 2022, el 1-0 a Flamengo el año pasado —aunque luego cayó por penales— y el éxito sobre Corinthians que ahora lo deposita en las semifinales. Los restantes ganadores fueron River sobre Internacional en 2023, Vélez ante Fortaleza en 2025 y Platense al derrotar a Fluminense el martes. El campeonato de treinta equipos bajó la vara y la diferencia no debe reducirse exclusivamente al poder económico, pero la abismal desigualdad se ahonda al seccionar cada caso.
Ahora, el Pincha esperará al ganador de la llave entre Flamengo e Independiente del Valle para conocer a su rival en la antesala de la final. Lo que parece innegable es que este Estudiantes ha sabido construir un equipo competitivo, solidario y resistente, capaz de sobreponerse a las adversidades y de escribir un final que nadie tenía en el guion.
