Los bonos soberanos argentinos vuelven a perder valor y el indicador de riesgo supera los 600 puntos básicos, en un contexto donde los principales actores financieros que respaldan al gobierno libertario mantienen diferencias sustanciales sobre el precio del dólar y el momento oportuno para desmantelar los controles cambiarios.
La discusión acerca de la dirección económica del gobierno de Javier Milei regresó con fuerza al terreno del mercado cambiario. Mientras los títulos públicos argentinos registran una nueva caída en su cotización y el riesgo país volvió a posicionarse por encima de los 600 puntos básicos, más precisamente en 610 unidades tras haber rozado los 628, los principales protagonistas del ámbito financiero que apoyan a la administración libertaria coinciden en respaldar la política económica vigente, aunque manifiestan discrepancias profundas respecto de una de las variables más sensibles del programa: el valor del dólar y el instante en que deberían flexibilizarse las restricciones cambiarias. El respaldo del mercado dista de ser incondicional y tampoco revela una postura uniforme; solo pretende preservar su propia estructura de poder.
El indicador de riesgo país alcanzó el viernes niveles superiores a los 600 puntos básicos, conforme a las cotizaciones registradas durante la jornada, luego de haber finalizado el jueves en 578 puntos, mientras en el ámbito regional el índice opera en descenso. Ese nivel había constituido en la Argentina un máximo de cinco meses tras una nueva caída de los bonos soberanos. La evolución del indicador se produce de manera paralela a una mayor exigencia sobre los activos argentinos en un contexto internacional menos favorable y con datos económicos que evidencian las limitaciones del modelo libertario.
El rendimiento del bono del Tesoro estadounidense a diez años llegó a situarse en torno al 5,15 por ciento, un nivel que incrementa el rendimiento requerido para los bonos de los países emergentes y amplía, por esa vía, el diferencial que mide el riesgo país. El jueves, además, el S&P Merval retrocedió cerca de 2 por ciento medido en dólares y acumuló cinco ruedas consecutivas de bajas. El movimiento adquiere relevancia porque el Gobierno edificó buena parte de su estrategia financiera alrededor de la recuperación de la confianza de los inversores, la reducción del déficit fiscal y la posibilidad de volver a acceder al mercado internacional de deuda. Sin embargo, la evolución de los bonos demuestra que esa normalización todavía depende de condiciones que exceden el resultado fiscal.
El CEO de JP Morgan para Argentina, Uruguay, Paraguay y Bolivia, Facundo Gómez Minujín, reconoció que entre los inversores financieros persiste una posición de espera frente a los activos argentinos. La diferencia entre las lecturas e intereses detrás de las declaraciones de los bancos y organismos internacionales aparece con mayor claridad cuando la discusión se traslada al dólar. Gómez Minujín sostuvo que los controles cambiarios podrían mantenerse hasta después de las elecciones presidenciales de 2027, una definición que implica que el Gobierno no tendría previsto avanzar rápidamente hacia una liberalización completa del mercado cambiario.
«Los controles cambiarios no van a relajarse hasta postelecciones», afirmó el ejecutivo de JP Morgan, quien además señaló que una economía con un tipo de cambio más elevado podría presentar un nivel de actividad mayor, aunque advirtió sobre el impacto que una depreciación tendría sobre los precios. Según su explicación, se trata de un «juego de sábana corta», porque una corrección del tipo de cambio puede mejorar algunos sectores de la economía pero dificultar el proceso de desinflación, según declaraciones a medios especializados.
El Gobierno sostiene un esquema de ancla cambiaria en el que busca conseguir una desaceleración de la inflación y recomponer las reservas del Banco Central. Sin embargo, el esquema de atraso cambiario está impactando negativamente en el consumo y la actividad económica. Una mayor depreciación del peso puede mejorar la rentabilidad de sectores exportadores y de actividades que compiten con bienes importados, pero también puede trasladarse a precios. Un tipo de cambio más contenido ayuda a moderar la inflación de corto plazo, aunque afecta a empresas orientadas al mercado interno y reduce la competitividad de determinadas actividades productivas. La propia discusión dentro del mercado muestra que no existe una única lectura sobre cuál de esos objetivos debería tener prioridad.
El FMI extiende la receta
La posición de la economista Gita Gopinath introduce una diferencia todavía más marcada. La economista, exnúmero dos del FMI y actualmente profesora de la Universidad de Harvard, planteó que el peso debería depreciarse más y que el Banco Central debería acelerar la acumulación de reservas antes de las elecciones presidenciales de 2027. «Considero que el peso argentino necesita ajustarse más y que se le debe permitir depreciarse en mayor medida de lo que lo está haciendo actualmente», afirmó Gopinath en una entrevista con el economista Tyler Cowen.
«Argentina tendrá que acumular reservas de divisas, aunque el objetivo sea, obviamente, contar con un tipo de cambio flotante», sostuvo. En su análisis, la economía argentina necesita llegar al próximo proceso electoral con una mayor disponibilidad de dólares para reducir su exposición frente a eventuales episodios de presión cambiaria. La advertencia aparece en un momento en que el Gobierno intenta mostrar una mejora de las condiciones financieras y una recuperación de la confianza externa, en contraste con los datos de la economía real.
El contraste entre ambas posiciones no supone un rechazo general al programa económico. Gopinath destacó el compromiso de Milei con el equilibrio fiscal y señaló que el Presidente mantiene una posición definida sobre ese objetivo. Su observación se concentra en el frente cambiario, la acumulación de reservas y la continuidad de las reformas. También introdujo otro elemento de incertidumbre: la posibilidad de que las elecciones de 2027 vuelvan a convertirse en un punto de referencia para los inversores. «Es muy razonable que todos hagan una pausa y se planteen si las reformas continuarán o si se producirá una recaída», afirmó de cara a los comicios.
La posición de JP Morgan resulta diferente en cuanto al diagnóstico general. Gómez Minujín sostuvo que Argentina podría alcanzar el grado de inversión durante un eventual segundo mandato de Milei. «Creo que si gana Milei, durante el siguiente mandato seguro que es investment grade», afirmó. El grado de inversión es una categoría que comienza en BBB- para S&P y Fitch y en Baa3 para Moody’s. Sin embargo, el mismo ejecutivo que planteó esa perspectiva reconoció que los inversores todavía muestran cautela. «No hay un gran apetito por Argentina», sostuvo al describir la situación de los fondos que mantienen deuda del país. Según explicó, muchos inversores todavía conservan posiciones y tienen presente el comportamiento de los activos argentinos durante episodios anteriores de crisis.
El diagnóstico coincide con la evolución reciente del riesgo país. El indicador había comenzado septiembre en torno de los 500 puntos y llegó a 578 al cierre del jueves, después de varias jornadas consecutivas de aumentos. La serie histórica muestra que el riesgo país había tocado 402 puntos en julio y que desde entonces volvió a aumentar hasta los niveles actuales. El mercado, por lo tanto, no está discutiendo solamente si el programa de Milei debe continuar, sino bajo qué condiciones financieras puede hacerlo. El acceso al crédito externo depende del costo que los inversores estén dispuestos a aceptar para financiar a la Argentina, y ese costo está relacionado tanto con el riesgo específico del país como con las tasas internacionales.
Los dólares no salen por las orejas
La discusión sobre el dólar también está vinculada con el financiamiento. El ministro de Economía, Luis Caputo, decidió postergar una nueva emisión internacional de deuda hasta que las condiciones de mercado permitan reducir el costo financiero. Gómez Minujín consideró que esa decisión no representa necesariamente un error y explicó que los equipos de JP Morgan no están preocupados por el plan financiero de corto plazo. «Cuando hablo con nuestra gente, por ejemplo, de mercados en el banco están cero preocupados por el plan financiero de este año y del año que viene», afirmó el titular del Palacio de Hacienda.
Pero en la misma entrevista reconoció que el mercado todavía no muestra un apetito suficiente por los bonos argentinos. La estrategia oficial consiste entonces en esperar una mejora de las condiciones financieras antes de volver a emitir deuda, mientras el Tesoro busca renovar sus vencimientos en el mercado local. La presión cambiaria agrega una dificultad adicional. El jueves, el dólar mayorista cerró en torno de los 1.519 pesos, mientras el MEP y el contado con liquidación se ubicaron por encima del tipo de cambio oficial. El Destape registró para esa jornada un dólar oficial de 1.535 pesos, un blue de 1.560 pesos y un CCL de 1.607,1 pesos.
La diferencia entre las cotizaciones no configura por sí sola una corrida cambiaria, pero muestra que la demanda de cobertura permanece activa. El debate cambiario se desarrolla además sobre una economía con comportamientos diferentes según la actividad. Moody’s proyectó un crecimiento del PBI de 3,4 por ciento para 2026 y de 3,5 por ciento para 2027, pero identificó al consumo como el componente más débil de la recuperación. La calificadora también señaló diferencias entre las empresas orientadas a la exportación y aquellas que dependen principalmente de la demanda interna.
Ese contraste aparece en el diagnóstico de Gómez Minujín. El ejecutivo destacó las oportunidades existentes en petróleo, gas y minería, pero reconoció las dificultades de las compañías que dependen del mercado interno. «No basta con que haya algunas empresas mineras y petroleras a las que les va muy bien», afirmó. Según explicó, la recuperación necesita alcanzar también al empleo, al consumo y a las empresas que producen para el mercado doméstico. Moody’s señaló precisamente que la apreciación real de la moneda aumenta la presión sobre segmentos que compiten con importaciones, mientras que energía, minería y agricultura orientada a las exportaciones aparecen entre los sectores con mejores perspectivas crediticias. La calificadora también destacó la reapertura de los mercados de deuda para empresas argentinas, pero describió una recuperación desigual.
