La nave de Elon Musk despegó desde Starbase con 33 motores Raptor y una misión de casi diez horas que podría marcar un antes y un después en la exploración espacial. El objetivo: alcanzar una órbita estable, desplegar satélites Starlink y validar tecnología clave para el regreso a la Luna.
Con una imponente estructura de 123 metros de altura y una primera etapa equipada con 33 motores, el sistema Starship, el megacohete desarrollado por SpaceX, inició su decimocuarto vuelo de prueba con una meta que hasta ahora parecía esquiva: ingresar por primera vez en la órbita terrestre. El lanzamiento se produjo a las 7.46 hora de Texas, desde las instalaciones de Starbase, ubicadas en las cercanías de Brownsville, sobre la costa del Golfo de México.
La misión, no tripulada, está compuesta por el propulsor Super Heavy y la nave superior conocida como Ship. Durante los primeros minutos del ascenso, ambos vehículos atravesaron el Max Q, el instante crítico en que la velocidad alcanzada se combina con una atmósfera aún densa, generando la máxima presión aerodinámica sobre la estructura. Superar esa fase sin contratiempos constituye siempre un primer hito en cualquier lanzamiento de gran envergadura.
Un salto cualitativo respecto a los vuelos anteriores
Hasta ahora, los trece ensayos previos de Starship habían seguido trayectorias suborbitales, es decir, vuelos que llevaron a la nave fuera de las capas más densas de la atmósfera, pero sin la velocidad suficiente para mantenerse girando alrededor del planeta. Ese diseño permitió reducir los riesgos sobre zonas pobladas y recopilar datos valiosos en cada etapa del ascenso, la separación de las etapas, el reingreso y los amerizajes.
El vuelo número 14, en cambio, propone un desafío mucho más ambicioso. La etapa superior debe elevarse hasta aproximadamente 275 kilómetros de altitud, completar cerca de seis órbitas y finalizar su travesía con un amerizaje controlado en el océano Pacífico, frente a las costas de Chile. El vuelo completo insumirá cerca de diez horas, una duración que contrasta notablemente con la hora aproximada que demandaron las misiones anteriores.
La relevancia de esta prueba no radica únicamente en la altura alcanzada o en la extensión del vuelo. Alcanzar una órbita estable exige acelerar la nave hasta unos 28.000 kilómetros por hora. A esa velocidad, la gravedad continúa ejerciendo su influencia: la nave cae constantemente hacia la Tierra, pero la curvatura del planeta se aleja bajo su trayectoria. Ese delicado equilibrio entre velocidad y gravedad es lo que sostiene la órbita baja, la región donde operan gran parte de los satélites, las estaciones espaciales y diversas misiones de observación científica.
La potencia del despegue y una anomalía en el camino
El propulsor Super Heavy encendió sus 33 motores Raptor para impulsar el ascenso de Starship desde la plataforma. Justin Styer, director sénior de lanzamientos de Starship en SpaceX, comparó la potencia del despegue con la de una ametralladora capaz de disparar once camionetas por segundo en lugar de proyectiles, una imagen que da cuenta de la magnitud de la fuerza involucrada.
Sin embargo, el desarrollo del vuelo no estuvo exento de sobresaltos. Los controladores de la misión autorizaron el encendido necesario para que Starship intentara ingresar en órbita pese a una anomalía detectada durante el ascenso. Uno de los tres motores Raptor optimizados para operar en el vacío se apagó de forma imprevista durante el primer encendido de la etapa superior. No obstante, los tres motores Raptor de nivel del mar permanecieron operativos, según informó Dan Huot, portavoz de la compañía.
Esos motores son precisamente los que SpaceX prevé utilizar para la maniobra de inserción orbital y, al final de la misión, para el encendido de desorbitación que permitirá el regreso controlado de la nave a la atmósfera. La empresa evaluó inicialmente descartar el intento de inserción orbital a raíz de la falla, pero luego los controladores resolvieron continuar. SpaceX indicó que no necesita volver a utilizar los motores de vacío durante el resto del vuelo.
La inserción orbital, una condición indispensable
Tras separarse del propulsor Super Heavy, la nave Ship asciende en una trayectoria similar a la de los vuelos anteriores. Si los equipos detectan el margen de seguridad necesario, uno o más de sus motores Raptor optimizados para el vacío ejecutarán un encendido breve para convertir esa trayectoria en una órbita. SpaceX fijó una condición expresa antes de autorizar esa maniobra: la nave solo realizará el encendido para entrar en órbita después de que el equipo de control de vuelo haya garantizado que existe suficiente redundancia en el hardware crítico para llevar a cabo la maniobra de desorbitación posterior al final de la misión.
Ese criterio ilustra una diferencia central entre una prueba suborbital y un vuelo orbital. En un perfil suborbital, la trayectoria conduce por sí misma al reingreso. En cambio, una nave que entra en órbita necesita una maniobra específica para reducir su velocidad y volver a la atmósfera en una zona prevista. Para este vuelo, la desorbitación dependerá de un único motor Raptor de nivel del mar, que deberá encenderse al final de la fase orbital.
Satélites Starlink y el desafío del escudo térmico
El interés técnico de la misión también reside en la carga útil. La nave transporta 26 satélites Starlink V3, una versión de mayor capacidad dentro de la red de internet satelital de la empresa. En lanzamientos previos, SpaceX expulsó simuladores o equipos de prueba de esta generación, aunque todos regresaron pronto debido a las trayectorias suborbitales. Esta vez, los satélites deberán permanecer en órbita y sumarse a la constelación.
Tres de esos aparatos llevan cámaras destinadas a observar el exterior de Ship después del despliegue. Las imágenes pueden aportar información valiosa sobre el estado de las losetas térmicas, piezas que protegen a la nave frente al calor extremo del reingreso. Durante esa fase, el aire frente al vehículo se comprime a gran velocidad y forma plasma, un gas ionizado que puede alcanzar temperaturas muy elevadas.
El escudo térmico figura entre los principales desafíos del programa. La empresa incorporó refuerzos en los sistemas de sujeción de las losetas situadas en áreas con mayor riesgo de desprendimiento durante el ascenso. También aplicó correcciones en sectores donde detectó posibles rutas de plasma detrás de las piezas protectoras y sumó zonas con losetas de diseño curvo, destinadas a reducir el calentamiento en los espacios entre ellas.
Super Heavy y las lecciones del vuelo anterior
La primera etapa del sistema, el propulsor Super Heavy, afronta una misión separada de la nave orbital. Después de impulsar a Ship y completar la separación de etapas, debe efectuar una maniobra de retorno, frenar su descenso y dirigirse hacia una zona de amerizaje en alta mar en el Golfo de México. SpaceX no prevé en este vuelo una captura del propulsor en la torre de lanzamiento.
La empresa ya logró tres recuperaciones de Super Heavy en Starbase mediante los brazos mecánicos de la torre, apodada Mechazilla. Sin embargo, el modelo actual de Starship, denominado versión 3, siguió un enfoque más conservador en las pruebas recientes. Tanto la primera etapa como la nave superior ensayaron descensos sobre el mar, sin exponer la infraestructura terrestre a un posible fallo.
El vuelo 13 aportó información clave para el diseño del siguiente propulsor. Tras la separación y el giro, Super Heavy usó por primera vez sus 33 motores en la maniobra de retroceso. Más tarde, los tres motores centrales mostraron señales de obstrucción por hielo durante la fase final del descenso. La maniobra concluyó antes de lo previsto y ocho de los 13 motores planificados volvieron a encenderse antes del amerizaje.
Para el vuelo 14, SpaceX modificó componentes del propulsor con el objetivo de mejorar el filtrado de los motores. También actualizó el software para elevar la fiabilidad de los reencendidos. La secuencia importa porque un sistema reutilizable depende de la capacidad de encender motores con precisión después de atravesar condiciones muy distintas: el despegue, el vacío parcial, la desaceleración y la aproximación final.
Un paso clave hacia la Luna
La prioridad del vuelo, aun así, corresponde a Ship. Su entrada en órbita permitiría a SpaceX validar el tramo inicial de una arquitectura pensada para transportar grandes cargas. El sistema puede colocar hasta 100 toneladas en órbita según las proyecciones de la compañía. Versiones posteriores apuntan a ampliar esa cifra hasta 200 toneladas, aunque ese rendimiento todavía depende de nuevas pruebas y mejoras de diseño.
El programa también tiene una relación directa con Artemis, la iniciativa de la NASA para enviar astronautas a la Luna. La agencia eligió una versión de Starship como módulo de alunizaje para misiones futuras. Antes de ese objetivo, SpaceX debe demostrar operaciones que aún no forman parte de este vuelo: transferencia de combustible entre naves en órbita y almacenamiento prolongado de propelentes criogénicos en el espacio.
Esas capacidades serán necesarias para viajes más allá de la órbita baja. Una nave lunar no puede despegar desde la Tierra con todo el combustible requerido para una misión de descenso y regreso; por eso, el plan contempla lanzamientos de reabastecimiento. La NASA estima que una misión lunar de Starship puede requerir hasta una docena de vuelos cisterna para llenar los tanques antes de la partida hacia la Luna.
El vuelo 14, en definitiva, representa mucho más que una prueba técnica. Es el intento de SpaceX por demostrar que su megacohete puede operar en el entorno orbital, un requisito indispensable para las ambiciones de la compañía y para el programa lunar de la NASA. Si la misión culmina con éxito, Starship habrá dado el paso más importante desde su primera prueba y habrá abierto la puerta a una nueva era en el transporte espacial de gran capacidad.
