El diputado nacional aseguró que la ex presidenta está dispuesta a competir en 2027 si el organismo internacional reconoce la vulneración de sus derechos políticos, al tiempo que cuestionó la estrategia de los gobernadores peronistas y reveló que el expresidente Javier Milei fue subestimado por amplios sectores del arco político.
En una entrevista concedida al ciclo de streaming de Infobae, el legislador Máximo Kirchner sostuvo que su madre, la ex mandataria Cristina Fernández de Kirchner, posee la determinación de postularse nuevamente a la primera magistratura en los comicios de 2027, siempre y cuando el Sistema de Naciones Unidas se expida a favor de sus reclamos y fuerce al Estado argentino a revertir la inhabilitación perpetua que pesa sobre ella para ocupar cargos públicos. Según sus declaraciones, el equipo jurídico que asiste a la ex presidenta concentra sus esfuerzos en obtener una resolución favorable del organismo multilateral, aun cuando ya se han aportado elementos que podrían motivar una revisión judicial en el fuero local, tales como el exiguo porcentaje de obra pública adjudicado al empresario Lázaro Báez durante los años que fueron objeto de investigación. El dirigente fue categórico al afirmar que el nivel de confianza depositado en los magistrados argentinos es prácticamente nulo, razón por la cual la vía internacional constituye el camino central de la estrategia defensiva.
El diputado explicó que la meta primordial consiste en que la ONU disponga la restitución de los derechos políticos y civiles de la ex jefa de Estado, lo que implicaría, en los hechos, habilitar también el derecho de la ciudadanía a votarla si así lo decide en las urnas. En ese sentido, calificó la condena accesoria de inhabilitación vitalicia como más gravosa que la propia pena principal, y advirtió que la ausencia de Cristina Fernández en la boleta electoral provocaría una pérdida significativa de competitividad para el peronismo. A su juicio, la privación de derechos no afecta únicamente a la ex presidenta, sino que menoscaba la calidad democrática del país, dado que millones de argentinos y argentinas ven obstaculizada su voluntad de sufragar por una opción política determinada, lo que a su entender introduce un factor de falseamiento en el sistema representativo. Incluso comparó la situación con el discurso presidencial sobre la casta, señalando que la única dirigente encarcelada es precisamente ella, mientras que los sectores cuestionados continúan ocupando espacios de poder.
El legislador también se refirió a la posibilidad de incluir el nombre de la ex mandataria en la boleta y dejar que sea la Justicia electoral la que eventualmente la excluya, aunque aclaró que se trata de especulaciones que circulan sin definición concreta y supeditadas a pronunciamientos internacionales. Respecto del estado interno del peronismo, reconoció que la fuerza atraviesa un momento de fragmentación considerable, y cuestionó con dureza la actitud de los gobernadores de extracción justicialista que facilitan el quórum para la reforma laboral impulsada por el oficialismo. Sostuvo que si un sector de la fuerza política colabora con iniciativas de esa naturaleza, resulta inevitable abrir un debate interno, y rechazó la pretensión de presentar como divisionista cualquier intento de discusión. En esa línea, fustigó lo que describió como una postura provincialista de algunos mandatarios que priorizan sus intereses locales por encima de la posición partidaria nacional.
Máximo Kirchner recordó que en el pasado su espacio propició elecciones internas abiertas y manifestó vocación de competir, mientras que otros sectores del peronismo optaron por evitar la contienda. Sin mencionarlo explícitamente, aludió a los cruces del año anterior con el gobernador bonaerense Axel Kicillof a raíz de la suspensión de las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias en la provincia de Buenos Aires y del desdoblamiento de los comicios locales, que finalmente se concretó. Sobre el mandatario provincial admitió la existencia de diferencias, aunque prefirió no profundizar, y se limitó a señalar que la conducción nacional del Partido Justicialista debe recaer en Cristina Fernández y no en él. Frente a las preguntas sobre divergencias de índole personal, evitó explayarse y subrayó que, si la interna se agrava, la responsabilidad no recae sobre La Cámpora, organización que, según su versión, no modificó su posición, lo que sugeriría que fue el otro sector el que profundizó la distancia.
En cuanto a la victoria electoral de Javier Milei, el diputado reconoció que el entonces candidato fue subestimado por una parte importante del espectro político, incluido él mismo, aunque aclaró que su madre ya venía alertando sobre el peligro que representaba esa opción. Finalmente, consultado sobre la posibilidad de ser encarcelado, respondió que si tuviera temor habría votado a favor del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. Confesó que sintió miedo la noche del 1 de septiembre, cuando se atentó contra la vida de Cristina Fernández, no solo por ella y por sus hijos pequeños, sino también por las reacciones posteriores que fue necesario contener con un enorme esfuerzo para preservar la paz social.
