Milei proyecta una Argentina potencia a cuatro décadas y redobla su apuesta electoral desde París

Milei proyecta una Argentina potencia a cuatro décadas y redobla su apuesta electoral desde París

En un discurso teletransportado desde una habitación parisina hasta el lujoso Hotel Sheraton de Mar del Plata, el presidente insistió en que la estabilización económica llevará entre treinta y cuarenta años, vinculó el crecimiento a las desregulaciones de su gestión y advirtió que el principal obstáculo no es económico sino político.

Desde un espacio diminuto y anónimo en algún rincón de Francia, con una ventana clausurada por tablones de madera y una computadora portátil sobre una mesa exigua, el presidente Javier Milei se dirigió a los empresarios congregados en el Coloquio de IDEA. Su atuendo deportivo, con una camiseta de manga larga superpuesta a otra de manga corta, contrastaba con la fastuosidad del recinto marplatense. Pero más allá de la escenografía, el contenido de su alocución dejó en claro que su preocupación más urgente continúa siendo el calendario electoral, incluso cuando resta un año para que los argentinos regresen a las urnas.

El mandatario apeló a la tolerancia de la ciudadanía y sostuvo que los ciclos de expansión económica no son inmediatos, sino que exigen plazos prolongados. En ese sentido, precisó que la estabilización demandaría entre tres y cuatro décadas, y subrayó que tales procesos requieren una disciplina férrea. Por un instante, pareció ensayar una autocrítica al admitir que esos tránsitos pueden resultar provechosos pese a la dureza de la coyuntura y la transición. Sin embargo, de inmediato retornó a su eje discursivo: la erradicación de la inflación como condición sine qua non para garantizar el desarrollo, simplificando así la complejidad de un proceso económico a una única variable.

La grandilocuencia no tardó en irrumpir. Según el jefe de Estado, el crecimiento también será posible merced a las aproximadamente dieciocho mil desregulaciones instrumentadas por su administración. En su lectura, el principal límite que enfrenta ese proceso no es de naturaleza económica sino política. El Gobierno, arguyó, tiene enfrente a individuos dispuestos a destruirlo todo, mientras que sufragar por Milei equivaldría a contribuir a la expansión de riqueza más colosal de la historia argentina. La épica, una vez más, se apropió del escenario.

La Argentina ideal y el obstáculo personificado

El presidente afirmó que, en condiciones normales, el país debería exhibir un riesgo país de entre cien y doscientos puntos básicos, muy distante de los casi seiscientos que registra en la actualidad. También se permitió proyectar tasas de crecimiento de entre siete y ocho por ciento per cápita en caso de ser reelecto. El escollo, otra vez, apareció encarnado en lo que denominó la máquina de impedir. A continuación, comparó las tasas de expansión promedio de sus antecesores en la Casa Rosada. Con Cristina Fernández de Kirchner, sostuvo, la nación creció un punto y medio promedio mientras la OCDE lo hacía al seis u ocho por ciento. Para su propio período, auguró que triplicaría el crecimiento del organismo internacional y se situaría cuatro puntos y medio por encima del promedio argentino de los últimos cien años.

La estabilidad y el porvenir electoral

Milei garantizó que no habrá pausa en las reformas estructurales. Si los argentinos lo reeligen en 2027, anticipó, la velocidad de las transformaciones será única e irrepetible en el mundo entero, porque un resultado electoral similar al de octubre de 2025 le permitiría alcanzar mayoría en Diputados y quedar a dos o tres bancas del quórum propio en el Senado. Con esa eventual correlación de fuerzas como punto de partida, aseveró que en seis meses nadie podrá reconocer a la Argentina. La llave, insistió, está en manos de los ciudadanos, quienes deberán optar entre ser un país grande o uno miserable.

Reforma previsional y tributaria

Respecto de dos temas que el establishment local e internacional coloca recurrentemente sobre la mesa, el Presidente trasladó buena parte de la responsabilidad hacia los gobernadores. Desde la Presidencia solo puedo hacerme cargo de la carga impositiva a nivel nacional, y nosotros bajamos tres puntos de impuestos en el PBI, manifestó. La reducción de Ingresos Brutos y de las tasas municipales, planteó, debería discutirse con gobernadores e intendentes. Aprovechó ese capítulo para reivindicar el superávit fiscal y, otra vez, llevó el argumento hasta la hipérbole: entre 1901 y 2023 Argentina tuvo veintidós crisis, de las cuales veintiuna fueron de origen fiscal, afirmó. En materia previsional, en cambio, la realidad introdujo un matiz en su discurso. Milei reconoció que para avanzar con una reforma hay que hacerla con un mercado laboral en donde avance la formalización. Lograr esto y crecimiento es muy importante, admitió, aunque inmediatamente reconoció que ese escenario aparece hoy borroso en el país. Aun así, evitó vincular directamente el aumento de la informalidad con las características del mercado laboral generado durante su gestión. Sostuvo que la informalidad tiene que ver con que cambió la modalidad del trabajo desde 2020 y afirmó que, como consecuencia de los cambios estructurales impulsados por su Gobierno, se produjo una expansión del sector informal donde los salarios crecieron sesenta por ciento.

Salir de la inflación y el horizonte de largo plazo

La apuesta del Coloquio de IDEA apunta a un horizonte de largo aliento. Para Milei, ese horizonte exige paciencia. Si miramos todos los casos de estabilización exitosa, todos tardaron más de diez años en bajar la inflación, sostuvo. La explicación sobre por qué la Argentina todavía no alcanzó ese objetivo llegó inmediatamente después: nosotros hubiéramos podido bajarla más rápido si no hubieran habido siete golpes de Estado, cuarenta intentos de socavar el equilibrio fiscal, cuarenta manifestaciones sociales para romper el orden público, además del shock externo. En materia cambiaria, le preguntaron qué condiciones deberían cumplirse para eliminar por completo el cepo para las empresas. Pero el Presidente señaló, como argumento para sostener que no existe tal cepo, que en el segundo trimestre las empresas giraron al extranjero dividendos por cuatro mil quinientos millones de dólares. Por último, consultado sobre la decisión de la Corte Suprema de habilitar la derogación de la Ley de Tierras, sostuvo: estamos en una república donde la división de poderes ocurre, es decisión de ellos y no tengo por qué yo meterme, pero me parece fantástico que falle lo que considere correcto acorde a la Constitución Nacional. Esta vez recibió aplausos de un público que, hacia el final de la exposición, pareció especialmente animado.

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