En el marco del Coloquio de IDEA en Mar del Plata, la senadora presentó una propuesta de reforma previsional basada en el ahorro individual y cuestionó la velocidad de los cambios, mientras recibía un respaldo explícito del sector empresario que ya explora escenarios post Milei.
La senadora Patricia Bullrich se erigió como una de las figuras más ovacionadas por el arco empresarial durante el Coloquio de IDEA desarrollado en Mar del Plata. Lejos de las complejidades que impone la gestión económica diaria, la legisladora se mostró como una posible continuidad del rumbo del modelo económico, pero sin el desgaste que comienza a acumular el presidente Javier Milei. La afinidad alcanzó tal nivel que los empresarios le organizaron un almuerzo privado en el hotel Costa Galana, mientras que en el escenario principal Bullrich desplegó un programa que incluyó una reforma previsional sustentada en un mayor componente de ahorro individual y una menor dependencia del empleo formal.
La irrupción de Bullrich en el cónclave empresarial adquiere particular relevancia en un contexto donde incluso los hombres de negocios empiezan a cuestionar algunos resultados del modelo económico. En un juego de palabras con el lema del encuentro, “Invirtiendo la historia: de promesa a potencia”, la senadora lanzó una crítica velada a la política basada en promesas, que pareció dirigida al propio Presidente: “La política siempre es una promesa hasta que se tiene que gobernar. Quizás habría que hacerlo al revés, te tendrían que votar después de cuatro años. Sería la manera en que te voten por tus acciones”, expresó, abriendo así la puerta para juzgar la gestión de su propio espacio político.
Ese es el activo con el que Bullrich alimenta su proyección hacia 2027 y que ya la ubica, en algunos sondeos, como una eventual continuidad del proyecto libertario. Es legisladora, no gestiona. Y esa condición también le permite exhibirse ante el empresariado sin cargar con los resultados concretos de la administración. Su creciente centralidad parece haber incomodado al Gobierno: a último momento se sumaron al programa las palabras de Milei, un día antes que las de la senadora, y las de Pablo Quirno, apenas unas horas antes. En un intento por reforzar la presencia oficialista, fuera de programa, este viernes también hablará el jefe de gabinete, Diego Santilli.
En una rueda de prensa con periodistas, antes de su exposición, Bullrich insistió con algunas de sus críticas habituales al Gobierno. Señaló que la velocidad de los cambios no se verifica de la misma manera en cada familia y planteó que el RIGI debería ampliar su horizonte a más empresas. También cuestionó a gobernadores e intendentes por la carga impositiva local, una demanda recurrente del empresariado. Coincidió con ellos en la necesidad de reducir Ingresos Brutos y las tasas municipales: “No vayan a un supermercado en Pilar porque les cobran impuestos muy caros”, bromeó desde el escenario.
Hubo, sin embargo, una distancia considerable entre la estimación de la senadora y los costos que calculan los empresarios de IDEA. Al comparar el modelo local con el alemán, Bullrich sostuvo que la carga tributaria representa entre el 20 y el 25 por ciento en Argentina, frente al 12-14 por ciento en Europa. Los empresarios, en cambio, ubican esa carga en torno al 40 por ciento. La comparación pone en evidencia la dificultad de trasladar experiencias internacionales al debate local sin considerar las diferencias históricas y estructurales que explican esos indicadores, la imprecisión que suelen manejar los dirigentes políticos y la tendencia del empresariado a exagerar su propia carga impositiva cuando reclama alivios fiscales.
Pero la sintonía con los empresarios es total y quedó también expuesta fuera del escenario: los empresarios le organizaron un almuerzo privado en el Costa Galana, y prepararon otro encuentro con CEOs que tendrá como invitado central a Hernán Lacunza. El mensaje parece claro: el empresariado no sólo mira la gestión actual, también explora alternativas que puedan garantizar la continuidad del rumbo económico más allá de Milei.
La reforma previsional
Bullrich planteó, con un discurso que presentó como modernización del sistema, una reforma previsional que dependería en mayor medida del ahorro de los trabajadores. La solución que propone desplaza parte de la responsabilidad hacia las familias, ya que “de manera un poquito más compulsiva” el sistema previsional debería descansar en el ahorro individual. Su argumento parte de que el modelo previsional construido sobre el esquema fordista perdió sustento porque el mercado laboral cambió: los hijos de los trabajadores formales ya no necesariamente acceden a empleos registrados y una parte creciente se incorpora al sector informal. Ante este problema que aqueja la vida cotidiana de miles de jóvenes, Bullrich no ofreció ninguna respuesta.
Ofreció números y sostuvo que el sistema es insostenible: seis millones de trabajadores formales y cuatro millones de monotributistas deben financiar las prestaciones para unas 20 millones de personas, en un contexto en el que el 45 por ciento del empleo es informal. En su planteo también debería redefinirse el monotributo y, de todos modos, resulta inevitable que los recursos provenientes de impuestos generales subsidien a una parte importante del sistema. Bullrich estimó que actualmente el financiamiento se distribuye en un 70 por ciento proveniente de impuestos generales y un 30 por ciento de aportes laborales.
Sobre los aportes laborales también hubo lugar para la ironía. Bullrich se refirió al aporte del 1 por ciento al Fondo de Asistencia Laboral (FAL) y lo calificó como “un poco violento”, en un comentario que buscó acompañar el reclamo empresario por reducir los costos laborales.
