El adiós de un mago: Messi jugó su último partido con la Selección Argentina y desató una ola de emoción mundial

El adiós de un mago: Messi jugó su último partido con la Selección Argentina y desató una ola de emoción mundial

En una noche cargada de sentimiento y significado, Lionel Messi disputó su encuentro final con la camiseta de la Selección Argentina, dejando tras de sí una estela de lágrimas, aplausos y recuerdos imborrables. El estadio Monumental fue testigo de una despedida que, aunque anunciada, golpeó con fuerza a propios y extraños. El astro rosarino, visiblemente conmovido, expresó tras el partido: “Hay muchas emociones, se me ocurren un montón de cosas. Lo primero que pienso es en mi viejo… No queda más que agradecer. Defender esta camiseta por más de 20 años, hasta en los peores momentos. El no venir más es un dolor muy grande. Jugar en la Selección Argentina es lo más lindo que me pudo pasar”.

Sus palabras, pronunciadas con la voz quebrada, resonaron como un eco colectivo. No solo él lagrimeó; sus compañeros, su familia, los hinchas presentes en el coliseo porteño y millones de televidentes alrededor del globo se vieron envueltos en una misma emoción. La despedida era algo previsible desde antes del Mundial e incluso después de la final, pero eso no impidió que el impacto fuera mayúsculo. Como si existiera un pacto silencioso entre el crack y el pueblo argentino, un acuerdo no escrito en el que él se comprometió a ofrecer una clase de magia inédita durante más de dos décadas y su público, sabedor de que tal prodigio resulta casi imposible, aceptara suspender la incredulidad cada vez que vestía la celeste y blanca.

Desde sus inicios, con la melena suelta y el rostro lampiño, apostado sobre el sector derecho, sus hechizos consistían en enganches hacia el centro y latigazos con la zurda. Eran movimientos evidentes para los analistas, imposibles de detener para los defensores y fascinantes para todos. Los títulos fueron acumulándose, los seguidores multiplicándose y el ídolo reinventándose. Pasó de genio asistidor a jugador cerebral, dominó el arte del tiro libre y terminó transformándose en líder, algo que pocos vaticinaban. Lo que nunca cambió fue la devoción de sus fanáticos, quienes cumplieron el trato al pie de la letra.

Llamado por el destino a recoger la herencia de Diego Armando Maradona, Messi asumió desde el comienzo el compromiso de llevar a la Selección a lo más alto y, más tarde que temprano, lo cumplió. Desde que firmó para defender la albiceleste hasta este amistoso casi homenaje contra los voluntariosos muchachos de Benín, muy aplaudidos por cierto, los únicos que faltaron a su palabra fueron los rivales, si se toma en cuenta lo dicho por el central Tijani mientras compraba mates en el centro días atrás: “a Messi no hay que marcarlo”. Al crack le complicaron las cosas, sobre todo el arquero Dandjinou, quien le sacó dos hermosos tiros libres y varias más, hasta que nada pudo hacer con el penalazo del 3-0 final: gol número 126 para cerrar la noche con su mejor sonrisa. De todos modos, el capitán ya se las había ingeniado para anotarse dos asistencias, es decir, lo que mejor sabe hacer: regalar alegrías. La primera fue a Otamendi, la segunda a Nico Paz. Uno que se va y otro que viene con fuerza.

Pocas veces se rompió ese contrato. Acaso una de esas haya sido la trágica noche de renuncia post Copa América. Otra, mucho más feliz, podría considerarse su transición a salvador. La opinión se divide en cuanto a cuándo fue, si con México en fase de grupos de Qatar 2022 o contra Australia en octavos de final, cuando convirtió su primer gol en una segunda fase mundialista y cruzó un umbral que parecía maldito para no pegar la vuelta hasta levantar la tercera estrella. Sea cual fuere, ahí pasó de figura a héroe legendario y protagonista de épicas, las más disparatadas en el último Mundial. El triplete contra Argelia, la remontada contra Egipto y la patriada inmortal sobre Inglaterra, acompañado de un festejo de rodillas que emocionó hasta al menos creyente. A partir de ahí, la admiración fue genuina, inevitable, hasta brotó de los más incrédulos sin depender de ningún contrato.

La cuestión ahora será: sin nuestro salvador, ¿qué chapulín podrá ayudarnos en lo que venga? Pocas veces un plantel quedó tan bien parado después de una salida así de refundacional. Un grupo de referentes de nivel mundial de un lado y del otro, uno de jóvenes que prometen y mucho, ya despuntando en el fútbol extranjero. Y los que seguramente vendrán… Messi levantó la vara como nunca, pero para bien. Los futuros cracks de la Selección aspirarán a un techo quizá inalcanzable, pero con rozarlo por un rato, acaso sea suficiente para repetir la gloria de estos años.

Por lo pronto, quienes la tendrán un poco más difícil serán sus contemporáneos, los hinchas de a pie. Sean niños y niñas que ya se hicieron virales en las redes sociales por sus gestos de amor hacia el ídolo, o grandulones y grandulonas de cuarentilargos que crecieron junto a él. Si como suele decirse, la vida se ordena por Mundiales, la de muchos y muchas se rigió por un calendario messista. Y si volverse viejo es ir perdiendo la capacidad de asombro, la despedida de Leo se llevará una gran parte de esa virtud para que el contrato finalmente pueda considerarse cumplido. Pero ojo, no sea cosa que todavía haya un capítulo más en la carrera del crack y nuestro fútbol. Total, si algo nos enseñó Messi es que siempre puede sorprendernos.

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