Mientras el Presidente se prepara para su decimonovena gira por Estados Unidos, las diferencias entre sus ministros y la senadora Patricia Bullrich vuelven a quedar al descubierto, con Caputo en el centro de la tormenta y un nuevo gesto de autonomía de la exministra de Seguridad.
A poco de emprender un nuevo viaje hacia Estados Unidos —el decimonoveno desde que asumió la presidencia—, Javier Milei enfrenta un panorama doméstico cuando menos convulsionado. Su equipo de gobierno atraviesa un período de marcada inestabilidad, con reuniones políticas que se suspendieron sin explicación y un clima interno que dista de ser armonioso. Las fricciones, lejos de disimularse, se hicieron evidentes en dos episodios recientes: la reunión de ministros ampliada del martes, a la que no concurrió el titular de Economía, Luis Caputo, y la sesión del Senado del miércoles, donde Patricia Bullrich volvió a tomar distancia de las decisiones del Ejecutivo.
El malestar con Caputo no es un dato menor. El ministro de Economía se ausentó de la cumbre de gabinete que Milei encabezó el lunes, y desde su círculo más cercano intentaron justificar la falta con un argumento poco convincente: que se encontraba indispuesto. No obstante, versiones periodísticas indican que el funcionario habría interpretado como una afrenta personal la presencia en Balcarce 50 del economista Alberto Ades, a quien el propio Presidente invitó a participar del encuentro. Ades, un abogado argentino radicado en Nueva York desde hace tres décadas, con estudios en la UBA y un doctorado en Economía por Harvard, acumula una vasta trayectoria en el sector financiero internacional, habiendo ocupado posiciones de relevancia en firmas como BofA Merrill Lynch, Citigroup y Goldman Sachs. Si bien en un principio respaldó la gestión de Milei, sus últimas declaraciones públicas se orientaron a cuestionar algunas directrices económicas del gobierno, e incluso sugirió que el Presidente debería evaluar la adopción de un tipo de cambio más elevado, una idea que tanto Milei como Caputo rechazan de plano.
La situación se tornó aún más llamativa cuando, ese mismo lunes por la noche, Caputo reapareció en el streaming oficialista “Carajo”, donde afirmó que la llegada del Papa León XIV está generando “ruido económico” y provocando “mucha volatilidad” en los mercados, además de “afectar las mediciones” sobre los resultados del plan económico. Al día siguiente, el ministro publicó en la red social X un mensaje cargado de elogios hacia Milei, que despertó suspicacias en diversos ámbitos libertarios. “Tengo un jefe que, de la nada, llegó a presidente de la Nación y, en dos años y medio, cambió la forma de votar de un continente entero. Todo muy normal. ¿Quién no podría haber hecho lo mismo, no?”, escribió. Sus críticos dentro del propio espacio violeta no tardaron en burlarse del posteo y comentaron con ironía que Caputo “se recalentó con lo de Ades y fue a último momento a Carajo a hacerse el mileísta. Todo raro”.
Pero la tensión con Caputo no constituye el único foco de conflicto en el seno del oficialismo. La senadora Patricia Bullrich continúa estirando la cuerda y este miércoles volvió a marcar diferencias con la Casa Rosada. En esta oportunidad, el motivo fue el pliego judicial de Susana Pernas, quien se presentó ante la Comisión de Acuerdos de la Cámara Alta para renovar su cargo como fiscal general ante los Tribunales de Menores de la Ciudad de Buenos Aires. Pernas cuenta con el respaldo del propio Milei, pero Bullrich se opone a su designación porque tuvo a su cargo la causa contra Luis Chocobar, el policía que en 2017 mató por la espalda a uno de los jóvenes que habían atacado y apuñalado al turista estadounidense Frank Wolek en el barrio de La Boca. Chocobar fue condenado en 2021 y Bullrich siempre lo defendió.
A través de su cuenta en X, la exministra de Seguridad anunció su postura con firmeza: “Voy a votar en contra del nuevo nombramiento de la fiscal Susana Pernas”. Y agregó: “Esta fiscal pidió cárcel para Chocobar, un policía que se jugó la vida para frenar a un delincuente que había apuñalado a un turista. Y, cuando anularon esa condena, salió a defenderla otra vez”. Enfrentándose una vez más a las decisiones del Poder Ejecutivo, la legisladora sentenció: “Ellos están para defender a la sociedad y perseguir el delito, no para defender delincuentes y perseguir a quienes nos cuidan. No puede seguir teniendo un lugar en la Justicia. Por eso, aunque logre tener dictamen de la Comisión de Acuerdos y llegue al recinto, va a tener mi voto negativo. Del lado de la gente, siempre”.
Este no es el primer choque público de Bullrich con la Casa Rosada. Además de haber enfrentado y pedido la renuncia del exjefe de Gabinete Manuel Adorni cuando los hermanos Milei lo respaldaban, la exministra también cuestionó el Presupuesto 2027 —llegó a calificar de mentiroso al jefe de Gabinete Diego Santilli por no brindar los detalles del texto—, rechazó la decisión de Milei de retirar el pliego de la candidata a jueza federal María Verónica Michelli y criticó el accionar del gobierno en relación con la Ley de Tierras. En las últimas semanas, la senadora elevó su perfil público. Fue una de las figuras centrales del coloquio de Idea y, al ser consultada en una entrevista sobre una posible reelección de Milei, subrayó que trabajará “para la continuidad del proyecto”.
Así, entre ausencias que se justifican con argumentos endebles, mensajes que generan desconcierto y posturas públicas que contradicen la línea oficial, el gobierno de Milei parece transitar un tramo de fuertes sacudidas internas justo antes de que el Presidente vuelva a subirse al avión rumbo a Estados Unidos.
