El músico ítalo-argentino, autor de clásicos como “Mi viejo” y “Para el pueblo lo que es del pueblo”, murió el miércoles a los 81 años en Buenos Aires a causa de una afección respiratoria. Su legado trasciende fronteras y generaciones.
La tarde lluviosa del miércoles en Buenos Aires se tiñó de luto con la partida de Piero Antonio Franco De Benedictis, el cantautor que supo transformar la balada en un vehículo de reflexión social y que se erigió como una de las voces más emblemáticas de la canción protesta y la trova latinoamericana. Tenía 81 años y falleció en el Hospital Italiano de la capital argentina como consecuencia de un padecimiento respiratorio, según confirmaron fuentes cercanas a su entorno.
La noticia, que conmocionó a buena parte del mundo hispanohablante, generó inicialmente cierta confusión respecto al lugar del deceso, pues se especuló con que había ocurrido en Ecuador. Aquel equívoco remitió a un episodio ocurrido en abril de 2023, cuando el artista sufrió una severa afección respiratoria durante una visita a ese país y debió ser internado de urgencia en la ciudad de Portoviejo, en la provincia de Manabí, en medio de una gira. Sin embargo, su enorme fortaleza vital le permitió estabilizarse y retomar sus actividades habituales.
La trascendencia de Piero quedó retratada en las palabras que Rubén Blades le dedicó en una entrevista, donde el salsero panameño lo señaló como el primer artista que escuchó convertir la balada en un género de argumento social. Recordó que “Mi viejo” fue la primera canción con una reflexión honesta y rememoró el día en que, siendo un joven universitario, acudió al hotel donde se hospedaba Piero en Panamá con su guitarra al hombro para cantarle “Pablo Pueblo”. Al terminar, le preguntó si le interesaba grabarla, y la respuesta fue categórica: “Yo no la voy a grabar. Eso lo tienes que grabar tú, para que, en vez de que sea uno, seamos dos”. Ahora solo queda uno de aquellos dos músicos.
Nacido en la localidad italiana de Gallipoli, en el sur de la península, Piero tuvo en el sacerdocio su primer oficio, o al menos esa era su intención inicial. Durante su formación como seminarista, primero en Viedma y luego en Villa Devoto, descubrió su sensibilidad social influido por sacerdotes tercermundistas como Alejandro Mayol, Eliseo Morales y Carlos Mugica. Su educación musical, en tanto, provenía de su padre Lino, dedicado a la venta de radios y tocadiscos, mientras que su madre solía cantar en el hogar. Estudió música y perfeccionó su manejo de la guitarra en el seminario, pero al dejar los hábitos a los 18 años comenzó a grabar demos de manera casera y a presentarlos a productores.
Su irrupción en la escena musical argentina se produjo en la segunda mitad de la década del sesenta. Tras actuar en programas de televisión como “Remates musicales”, que conducía Roberto Galán, grabó sus primeros sencillos, entre los que sobresalieron “El cachivache” y “Rosa, Rosita”. Luego comenzó a recorrer el circuito de recitales de la noche porteña, alternando con figuras de la talla de Leo Dan, Neil Sedaka, Palito Ortega y Chico Novarro. En ese período no vivía de la música, sino de la venta de clergyman, los cuellos blancos que usan los sacerdotes.
El encuentro con el escritor José Tcherkaski en 1968, por entonces periodista de la revista Siete Días, marcó un antes y un después en su carrera. Al mejor estilo de Elton John y Bernie Taupin, conformaron una fórmula creativa sin igual que quedó plasmada en el primer álbum de Piero, lanzado en 1969, con “Mi viejo” como caballito de batalla. La canción, cuya melodía compuso Piero y cuya letra Tcherkaski inspiró en su propio padre —un inmigrante ruso que llegó a la Argentina a los 26 años y a quien nunca pudo decirle “viejo” en vida, pues murió cuando él tenía 14 años—, se convirtió en un himno. Antes de que viera la luz, el artista se la mostró a su progenitor, que entonces tenía 48 años, para que le diera su devolución. Después de escucharla, el hombre se largó a llorar. Su alcance fue universal, pero en Argentina alcanzó un arraigo tal que uno de sus pasajes, “Yo soy tu sangre, mi viejo”, llegó a leerse en la parte trasera de los camiones.
El tema trascendió géneros y generaciones. Fue versionado por el bolero a través de voces como las de Lucho Gatica, Danny Rivera, Leo Dan o Marcela Morelo, adaptado al italiano por Iva Zanicchi en 1970 —lo que significó su primer cover— y secundado por la versión de Nicola Di Bari, que sí la cantó en español. Incluso el productor y DJ estadounidense Nicolas Jaar la remixó y la estrenó en su debut en las bandejas locales en 2014, antes de que viera la luz en las plataformas digitales, mientras que el rapero colombiano C.R.A. beats la apropió a su flow en 2016. Curiosamente, el Papa Francisco confesó sentirse conmovido con la canción, al punto de que en 2017 reconoció que le sirvió para reconciliarse con la memoria de su padre.
El compromiso social de Piero nunca se desentendió de su obra. En 1969 obtuvo el primer premio del Tercer Festival de la Canción de Buenos Aires gracias a “Cómo somos”, y en 1970 se alzó con el trofeo del Festival Internacional da Canção de Río de Janeiro con su polémico tema “Pedro Nadie”, que abordaba el abandono, la soledad y la dureza de la vida de los sectores populares y campesinos en un contexto de tensiones políticas y convulsión social. Aquel éxito innovó al mezclar la trova y la canción de autor con arreglos orquestales, incomodando a los sectores más conservadores y al poder de turno.
Su popularidad se consolidó tras ser convocado para interpretar su experiencia en el sacerdocio en la película “El profesor patagónico”, donde cantó temas como “Mi viejo”, “Juan Boliche” y “De vez en cuando viene bien dormir”. Lejos de moderarse, redobló su apuesta social. En 1974 puso a circular “Los americanos”, adoptada por las protestas sociales latinoamericanas de ese período, y “Para el pueblo lo que es del pueblo”, homenaje a Víctor Jara que dio nombre al álbum homónimo y que aludía a la violencia de Estado, la persecución política y las dictaduras militares. Canciones de ese tenor convirtieron al juglar ítalo-argentino en la banda de sonido de la resistencia social de los años setenta.
Justo cuando hizo un parate en su canción comprometida para promocionar su disco infantil “Sinfonía inconclusa en LA mayor” en 1975, al año siguiente la Junta Militar tomó el poder y Piero decidió abandonar la Argentina al verse perseguido por sus canciones. “Mi hermana salía con el hijo del comisario de la Policía Federal. Un día, mi cuñado encuentra mi nombre en una lista que estaba en la comisaría y le dice a mi hermana que me tengo que ir esa misma noche antes de que me chupe la policía”, evocó en 2017. “A los diez minutos, desde el piso 14 donde vivían, vi un Ford Falcon sin placa al frente de mi edificio. Entraron, rompieron, robaron, saquearon mi casa. Se llevaron todo, hasta mi colección de guitarras”.
Dejó el país, se refugió en Europa y luego en Colombia, bajo el cobijo del escritor Daniel Samper, hermano del expresidente Ernesto Samper. Este último fue quien en 1994 le concedió la nacionalidad colombiana por su rico y extenso cancionero y por su vínculo con la escena cultural del país, convirtiéndolo además en uno de sus Embajadores por la Paz, título que le dio las Naciones Unidas. Ese periplo lo obligó a colgar la guitarra por dos años, según él mismo confesó. Su disco “Y mi gente dónde va”, de 1976, recién fue conocido en la Argentina en 1982, un año después de su regreso. Será por la rabia que lo embargaba o por la energía aprehendida, pero Piero regresó sorprendiendo con una impronta más rockera.
Aunque el enemigo fuera el mismo y coincidieran en usar la canción para atacarlo, el rock argentino tomó distancia de Piero. Pero este se le plantó al formar la banda Prema, cuyo repertorio dejó de lado la protesta frontal para hablar de la paz interior, la solidaridad, el amor y la ecuanimidad, algo testimoniado en el disco en vivo “Calor humano” de 1981. En ese tiempo fueron populares sus “Carpas de las Buenas Ondas” y su actuación en el BA Rock 1982, donde debió vencer la resistencia de los rockeros más recalcitrantes. Además, llenó en dos ocasiones el estadio Obras Sanitarias, y en 1982 el álbum “Piero con Prema” fue el disco del verano.
Entre 1988 y 1993 lanzó los discos “Tríptico 1” y “Tríptico 2”, “A pesar de los pesares” y un nuevo disco infantil en lenguaje lunfardo, “Cachuso Rantifuso”. En 1995 se abocó a la edición de un disco doble dedicado a los derechos de los niños, y en 1997 lanzó “Piero & Pablo Milanés”, grabación de un concierto en vivo. En 2001 publicó un nuevo trabajo que incluyó algunos viejos clásicos y temas inéditos. En 2016 fue distinguido con un Latin Grammy a la Excelencia Musical como reconocimiento a su trayectoria. Hasta sus últimos meses mantuvo actividad pública y musical. Días antes de su muerte celebró que su voz en italiano apareciera en un desfile de Saint Laurent para la colección de verano 2027. Sus últimas palabras las dejó en las redes sociales: “Gracias por hacerme partícipe”.
