Con menos de cien dólares, piezas accesibles y un aprendizaje autodidacta, Vivien He desarrolló un detector sísmico compacto capaz de compararse con estaciones profesionales y de acercar la observación de los movimientos de la tierra a cualquier hogar.
Durante los largos meses de confinamiento impuestos por la pandemia, mientras millones de personas buscaban la manera de ocupar el tiempo en sus casas, una joven californiana decidió emprender un desafío poco habitual para su edad. Vivien He, estudiante de secundaria, se propuso fabricar un sismógrafo desde cero y lo consiguió con un presupuesto que no superaba los cien dólares. Sin formación previa en electrónica ni en programación, aprendió por su cuenta los fundamentos de ambas disciplinas, soldó cada componente con paciencia y diseñó el dispositivo que, con el correr de las semanas, terminó convertido en un pequeño detector de terremotos de tamaño similar al de un cubo de Rubik, resguardado por una carcasa transparente de acrílico.
La prueba de fuego llegó casi de inmediato. Apenas un día después de que la joven concluyera el montaje, un sismo sacudió la zona de Los Ángeles y su aparato registró la señal. Según el relato difundido sobre el proyecto, la onda captada por el equipo casero coincidió con la registrada por una estación del Servicio Geológico de Estados Unidos, un dato que confirmó la validez del trabajo y que sorprendió incluso a quienes siguieron de cerca la experiencia. El sismógrafo emplea un geófono para percibir el movimiento del suelo y, a través de componentes electrónicos y software desarrollado por la propia estudiante, transforma esa señal en una onda digital. Cuando el desplazamiento supera un umbral previamente definido, el sistema puede activar una alarma y enviar un mensaje de texto, además de permitir su control remoto desde un teléfono móvil y de almacenar hasta cuatro años de registros.
El objetivo que guio a He fue claro desde el principio: acercar la detección sísmica a la gente común mediante un dispositivo de bajo costo. Los sistemas profesionales, como ShakeAlert, dependen de una extensa red de sensores y de una infraestructura especializada que no está al alcance de cualquier persona. El aparato de la joven, en cambio, fue pensado para funcionar dentro de una vivienda y ofrecer una alternativa accesible a quienes desean conocer la actividad del suelo en su entorno inmediato. Cabe aclarar que el instrumento no predice los terremotos, del mismo modo que los sistemas de alerta temprana tampoco pueden anticiparlos: lo que hacen es detectar el sismo una vez iniciado y emitir avisos antes de que las ondas más destructivas alcancen determinados lugares. Un terremoto genera, entre otras, ondas P y ondas S; las primeras viajan a mayor velocidad y pueden detectarse antes, mientras que las segundas llegan después y suelen provocar más daños. Esa diferencia permite ganar tiempo para tomar medidas, aunque el margen disponible depende de la distancia al epicentro y de las características del movimiento. De acuerdo con el Servicio Geológico de Estados Unidos, ShakeAlert puede brindar desde unos pocos segundos hasta decenas de segundos de aviso en la costa oeste del país, mientras que cerca del epicentro el tiempo disponible puede ser mínimo.
La historia de cómo aprendió a construirlo también resulta reveladora. En declaraciones a la publicación EOS, de la Unión Geofísica Estadounidense, He contó que no tenía conocimientos previos ni en electrónica ni en programación, que estudió Python de manera autodidacta, que consultó investigaciones sobre detección de terremotos y que fue resolviendo las dificultades a medida que avanzaba. En sus propias palabras, “googleaba todo”. La idea inicial surgió al observar cómo cambió el ruido sísmico durante los confinamientos: la actividad cotidiana, como el transporte, las fábricas y el desplazamiento de las personas, genera vibraciones que los instrumentos sensibles pueden registrar, y en 2020, cuando gran parte de esa actividad se detuvo, el ruido disminuyó y quedaron al descubierto señales débiles que normalmente permanecían ocultas. Ese contexto llevó a la joven a preguntarse si podía medir las vibraciones desde su propia casa, y el proyecto fue evolucionando hasta incorporar funciones de alerta. En 2021 presentó el dispositivo en una reunión de la Sociedad Sismológica de América.
Entre septiembre de 2020 y abril de 2021, el instrumento registró los terremotos de magnitud superior a 3,0 ocurridos en los alrededores de Los Ángeles, de acuerdo con la información divulgada sobre la iniciativa. Esa capacidad demostró que un equipo construido con piezas accesibles podía captar actividad sísmica real y almacenar datos de utilidad. El detector de Vivien He no reemplaza las redes científicas ni ofrece garantías para anticipar cada movimiento, pero su experiencia sí evidencia cómo un dispositivo económico puede acercar la observación sísmica a los hogares y contribuir a comprender la actividad del suelo. Para los residentes de Los Ángeles, donde los terremotos forman parte del riesgo cotidiano, unos segundos de alerta pueden marcar la diferencia: alejarse de las ventanas, buscar un lugar seguro y prepararse para el movimiento.
