El Presidente niega la realidad mientras los hogares argentinos se hunden en la deuda

El Presidente niega la realidad mientras los hogares argentinos se hunden en la deuda

Javier Milei desestimó los datos que revelan que dos de cada tres familias no llegan a fin de mes y atribuyó la mora crediticia a un supuesto desconocimiento de la lógica financiera, en un contexto de caída salarial, tarifazos y un Riesgo País que supera los 700 puntos.

La distancia entre el discurso presidencial y la vida cotidiana de los argentinos parece haberse convertido en un abismo difícil de salvar. Javier Milei volvió a sembrar dudas sobre su conexión con la realidad de las familias trabajadoras al rechazar de plano los resultados de una encuesta difundida por Página I12, que indica que dos de cada tres hogares se quedan sin ingresos antes del día 20 de cada mes, con una situación particularmente crítica entre los más jóvenes. Lejos de asumir el diagnóstico, el mandatario optó por desacreditar el informe ante un auditorio de empresarios y luego redobló la apuesta en su cuenta de X, donde ensayó una defensa que muchos interpretaron como una provocación hacia quienes padecen las consecuencias del ajuste.

En su publicación, el Presidente no solo negó la gravedad del escenario, sino que puso en duda que las personas recurran a mecanismos de financiamiento como las tarjetas de crédito cuando se quedan sin dinero, un planteo que resulta llamativo en alguien que se presenta como economista. La realidad que el mandatario parece no querer ver es contundente: durante casi tres años de gestión libertaria, los salarios y las jubilaciones perdieron poder adquisitivo frente a la inflación por un margen considerable, y su gobierno registra el mayor incremento de morosidad en los créditos familiares de las últimas dos décadas. A ello se suma un récord de aumentos tarifarios que llegaron a duplicar la inflación, golpeando de lleno el bolsillo de los hogares.

Ese cúmulo de desaciertos, sumado al ajuste permanente, explica por qué el Riesgo País trepó por encima de los 700 puntos básicos en las últimas horas. La primera muestra de negación se había producido el lunes en la feria Argentina Oil and Gas, donde empresarios nacionales e internacionales observaron a un Presidente agobiado, nervioso y acalorado, enfrentado a la evidencia de una población que no llega a fin de mes. Un financista que participó del evento lo resumió con una ironía canina: el problema del Gobierno no es el Riesgo «Kuka» sino el Riesgo «Cucha», una humorada que grafica la gravedad de una situación que se parece demasiado a la cubierta del Titanic.

El texto publicado por Milei en X comienza arremetiendo contra el periodismo, al que acusa de repetir «como loros una frase sin sentido» y de sentirse incómodo por su contrargumento a la idea de que la gente no llega a fin de mes. A renglón seguido, el mandatario desestima lo que considera falacias como el argumento de autoridad o el ataque personal, y propone a sus críticos que demuestren no ser precarios respondiendo cómo vive una persona diez días sin comer ni beber. La literalidad de la pregunta ya resulta difícil de encuadrar en parámetros de normalidad, pero lo más preocupante llega con la segunda parte del mensaje, cuando sugiere que quienes usan la tarjeta de crédito se pregunten qué ocurre al mes siguiente y repitan el ejercicio hasta comprender la lógica intertemporal del crédito.

Lo que ocurre al mes siguiente es sencillo de entender para cualquier familia: se vuelve a recurrir al crédito porque el dinero no alcanza, y cuando esa operatoria se repite una y otra vez, el pago de la tarjeta se vuelve imposible y sobreviene la mora. Para el Presidente, en cambio, el argumento sobre la mora fue refutado en varias oportunidades y quienes no lo entienden deberían escucharlo hasta comprenderlo, además de entender cómo cambiaron el crédito, los préstamos de altas tasas y bajo monto y la dinámica posterior a un shock político con freno en el financiamiento. Frente a tales afirmaciones, los números resultan elocuentes: la morosidad de las familias pasó de 4,2 por ciento cuando Milei asumió a 17,5 por ciento en junio de este año, cuadruplicándose y alcanzando el nivel más alto de los últimos cuatro gobiernos, muy por encima del 2,5 por ciento registrado al final del mandato de Cristina Fernández de Kirchner, del 5 por ciento con Mauricio Macri y del 2,8 por ciento con Alberto Fernández.

La caída de los ingresos explica ese deterioro. Según el Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas, los salarios privados registrados cayeron un 5 por ciento en términos reales y los del sector público un 19 por ciento, mientras que las jubilaciones perdieron entre 20 y 30 por ciento de su poder de compra. La tercera pata del problema, y quizás la central, es el tarifazo: solo en el Área Metropolitana de Buenos Aires, los aumentos tarifarios acumulados desde diciembre de 2023 llegaron al 966 por ciento, cuando la inflación acumulada es del 319 por ciento. La cuenta que el Presidente no logra comprender es que el ajuste y el tarifazo destruyen salarios y consumo, empujan a la población al endeudamiento forzado y, repetidos en el tiempo, vuelven imposible el pago de los créditos. No hay misterios ni especulaciones: simplemente no hay plata.

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