La economía argentina se estanca y el propio Milei lo reconoce: los números que confirman el deterioro

La economía argentina se estanca y el propio Milei lo reconoce: los números que confirman el deterioro

El mandatario admitió que los indicadores no evolucionan como esperaba, mientras la probabilidad de recesión trepa al 82 por ciento y la destrucción de empleo formal se consolida como uno de los flancos más débiles del modelo

El reconocimiento del presidente Javier Milei respecto de que la economía no marcha al ritmo prometido dejó de ser una especulación opositora para convertirse en una confesión desde el propio corazón del poder. El jefe de Estado sostuvo que «los indicadores no están evolucionando tan positivamente como esperábamos», una frase que confirma el estancamiento que atraviesa la actividad económica y que contrasta con el optimismo oficial que se sostenía hasta hace pocos meses. La desilusión, según trascendió, no solo crece entre la ciudadanía sino también puertas adentro del propio Gobierno, donde las perspectivas de una mejora inmediata se diluyen día tras día.

El diagnóstico oficial insiste en atribuir la falta de dinamismo al complicado contexto externo, sin embargo, los especialistas advierten que el verdadero problema radica en los motores internos de la economía, que permanecen apagados o funcionando a media máquina. La estructura productiva no logra encontrar tracción y las señales de alerta se multiplican en los distintos indicadores de actividad, consumo e inversión.

Uno de los puntos más críticos del actual esquema económico es la sistemática destrucción de empleo formal, fenómeno que se ha convertido en uno de los grandes problemas del modelo y que impacta directamente sobre el poder adquisitivo de los hogares y sobre la recaudación fiscal. La caída de puestos de trabajo registrados constituye una señal de alarma que no puede ser minimizada y que explica, en buena medida, el creciente descontento social que se percibe en las encuestas y en la vida cotidiana de los argentinos.

En ese contexto, la probabilidad de que la economía argentina abandone la fase expansiva e ingrese en un período recesivo alcanzó en septiembre el 82 por ciento, de acuerdo con el Índice Líder (IL) elaborado por la Universidad Torcuato Di Tella. Este indicador, que busca anticipar los cambios de tendencia en el ciclo económico que mide el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE), interrumpió en agosto la trayectoria descendente que venía mostrando en los meses previos al registrar un incremento superior a un punto porcentual, para luego estabilizarse en septiembre. Pese a esa pausa, el dato se mantiene en niveles elevados dentro de la serie reciente, lo que refleja una persistente fragilidad.

La escalada de esta probabilidad había cobrado fuerza desde agosto del año pasado, cuando saltó de 56,16 a 98,61 por ciento, para posteriormente iniciar un sendero de descenso gradual. Cabe señalar que el Índice Líder se construye a partir de las probabilidades del mes anterior, razón por la cual tiende a exhibir cierta inercia en su comportamiento. Aun así, el nivel actual continúa siendo lo suficientemente alto como para encender las alarmas en despachos oficiales y en los mercados, que observan con atención cada nueva señal de deterioro.

El cuadro de situación se completa con un dato adicional: el Gobierno ya no puede escudarse exclusivamente en las turbulencias internacionales para justificar la falta de crecimiento. Los motores internos, aquellos que dependen de las decisiones de política económica local, son precisamente los que no funcionan. La inversión no despega, el consumo se contrae y el mercado laboral formal pierde vitalidad, tres variables que, en conjunto, explican por qué la economía se encuentra estancada y sin perspectivas claras de mejora en el corto plazo.

La admisión presidencial, lejos de ser un gesto aislado, se inscribe en un contexto donde las cifras oficiales y los relevamientos privados coinciden en señalar un freno generalizado. La probabilidad de recesión del 82 por ciento, la destrucción de empleo registrado y la ausencia de señales de reactivación configuran un escenario que el propio Milei ya reconoce y que, según los analistas, difícilmente pueda revertirse sin un cambio de rumbo en las políticas que afectan directamente a los motores internos de la actividad.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *