La interna libertaria estalla y el Gobierno concede en discapacidad mientras la economía entra en recesión

La interna libertaria estalla y el Gobierno concede en discapacidad mientras la economía entra en recesión

Karina Milei tomó el control de la negociación para desactivar un frente de conflicto, en medio de una guerra sorda con Santiago Caputo, la rebelión de Bullrich y aliados provinciales que ya no acatan la verticalidad

El oficialismo atraviesa la semana más convulsionada desde que asumió. Lo que comenzó como una disputa por la ley de discapacidad terminó revelando las fracturas profundas de un esquema de poder que se pensaba monolítico. La intransigencia del Presidente, lejos de disciplinar a propios y aliados, desató una guerra interna que amenaza con dispersar definitivamente la cohesión partidaria. Las distintas piezas de un gobierno acostumbrado al verticalismo extremo comienzan a autonomizarse, y nadie parece dispuesto a ceder.

El primer episodio visible fue la rebelión legislativa en torno a la ley de discapacidad. El Ejecutivo había enviado un proyecto sumamente restrictivo que habilitaba el recorte de pensiones y otorgaba al Poder Ejecutivo la potestad de fijar los requisitos por reglamentación, sin precisiones en el texto. La oposición y los aliados provinciales dieron vuelta por completo ese articulado. Lo que se aprobó finalmente enumera expresamente los requisitos para acceder al beneficio, elimina el margen discrecional del Gobierno, fija notificaciones y plazos de descargo de sesenta días antes de cualquier baja y establece que el ingreso por beneficiario no puede ser inferior en términos reales al del ejercicio anterior. Se incorporaron además los programas 69, 70 y 71 del Ministerio de Salud con partidas específicas, para evitar la reasignación sin identificación que proponía el dictamen original.

La decisión de avanzar con las modificaciones no fue del Presidente ni de su equipo económico. Fue de Karina Milei, que se puso al frente del tema y apareció por el Congreso a la hora de la votación para que no quedaran dudas sobre quién se llevaría el rédito interno de la jugada. La idea del Gobierno es quitar ese foco de conflicto de cara al año electoral y, sobre todo, ante la visita del Papa, que eligió el Cottolengo Don Orione para enviar un mensaje claro sobre el drama de quienes más sufren. «Había que clausurar el tema», sostiene un integrante de la mesa política, que de todos modos dejó abierta la posibilidad de un veto o veto parcial si el Senado incorpora modificaciones que impliquen un mayor costo fiscal.

El costo fiscal es, precisamente, el próximo campo de batalla. La Oficina de Presupuesto del Congreso había estimado para el dictamen anterior un desembolso de casi seiscientos mil millones de pesos en 2027 y de más de un billón doscientos mil millones en 2028. Con los cambios, la oposición calcula que se suma alrededor de un billón adicional. El segundo round se librará en el debate del Presupuesto, cuando Luis Caputo, que resistió las modificaciones hasta un día antes de la sesión, tenga que poner el dinero. La oposición se aseguró de que en el proyecto queden explicitadas las partidas necesarias para cumplir la ley. «La plata no está», fue lo último que dijo el ministro de Economía a la mesa política, pero se decidió avanzar igual. El Gobierno sostiene que el desembolso es menor al que implicaba la emergencia, aunque todo dependerá de las nuevas altas de pensiones que termine otorgando el oficialismo, el área que se lleva la mayor parte del presupuesto.

La negociación estuvo a cargo del misionero Oscar Herrera Ahuad y se cerró una hora antes de la sesión. Fue determinante la Iglesia: hasta las tres de la madrugada trabajó el padre Pablo Molero, presidente del Foro Permanente para la Promoción y la Defensa de los Derechos de las Personas con Discapacidad, junto a juristas que presentaron el primer amparo contra el incumplimiento de la norma. Del lado oficial actuó Laura Rodríguez Machado, delegada de Martín Menem, con la participación de Oscar Zago y las actrices Valentina Bassi y Lola Berthet como articuladoras centrales.

El giro abrupto se explica por la crisis interna. La guerra se remonta al 17 de abril, cuando el Ejecutivo presentó un proyecto de discapacidad de corte restrictivo, similar al que apareció hace un mes en el Presupuesto. Entró por el Senado, lo presentó el Ministerio de Salud de Mario Lugones, que responde a Santiago Caputo, y nunca se trató. Mientras Karina habilitaba una negociación para cerrar el tema, hace apenas quince días el asesor presidencial tuiteaba que el sesenta por ciento de las pensiones por invalidez eran falsas y apuntaba contra Menem, que ya había puesto en marcha la negociación. Los Caputo quedaron señalados por el resto del gabinete. Según fuentes oficiales, Luis Caputo insistía en que no quería gastar dinero y por eso mandó el presupuesto de ajuste para el área. Salud depende de Santiago, junto con la Secretaría de Legal y Técnica, que no autorizó los avances hasta el último minuto. «Finalmente se pusieron de acuerdo y se encontró una diagonal», dice una fuente oficial sobre el devenir de una discusión que se tensó sobre el final. Cerca de Menem también observan con atención la relación de Santiago Caputo con los gremios, interesados, como las prepagas, en que las obras sociales no paguen más por los tratamientos, algo que habilitaba la eliminación del nomenclador. También se beneficiaba el PAMI, en manos de funcionarios cercanos al asesor presidencial.

A eso se suma el lento avance del proyecto de Defensa de la Soberanía, de autoría y defensa solitaria de Caputo, sobre todo tras la queja pública de Estados Unidos por las sanciones a empresas norteamericanas que sean parte o financien proyectos en las Malvinas. Lo dijo en público el subsecretario de Estado, Christopher Landau. Un día antes de su llegada, Karina Milei se reunió con el embajador Peter Lamelas, cuando ya era un secreto a voces la posición que empezaba a manifestar la administración de Donald Trump. El proyecto tendrá cambios: «Se están negociando, Estados Unidos pidió algo lógico», dicen desde el karinismo. Otro golpe sobre la cabeza del asesor presidencial, que esta semana desmintió que se hubiera congelado la iniciativa. El remate de la semana más activa de Karina terminó con el sobreseimiento en la causa Libra para todos los investigados, incluida ella y el Presidente, tras el cambio de mando que hizo la Secretaria General en el área de Justicia, al disolver el poder de su oponente interno y, vía el nuevo ministro Juan Bautista Mahiques, cortarle a Caputo todos los resortes de influencia en el área.

En paralelo, Patricia Bullrich lanzó su propio plan B electoral y esta vez se colocó en contraposición directa al Presidente. La senadora esperó dos semanas para que se produjera algún cambio después de la reunión que ambos tuvieron en Olivos. No pasó nada. A un conocido le dijo que no aparecen ideas en el equipo económico. Estuvo una semana y media callada, esperando, pero nada sucedió. Le había llevado a Milei sus propuestas, que el Presidente tomó pero no aplicó. Ahora a los videos les sumará la acción: avanzará en el Senado con un régimen de inversiones para medianas empresas, de entre doce y doscientos millones de pesos, de autoría del radical Eduardo Vischi, que propone mecanismos como devolución acelerada de Ganancias y recuperación anticipada del IVA para facilitar la amortización. La incógnita es si Caputo lo aprobará. El Super RIGI tampoco avanzó, trabado porque Bullrich apuntala la propuesta de los aliados de incorporar más beneficios para el compre nacional. Esas son algunas de las palancas que la senadora le dijo a Milei que debe mover para reactivar la economía. Otras no las quiere contar. También le habló de moderar sus formas, pero el Presidente no parece haber tomado el consejo: esta semana llamó dictador a Pedro Sánchez, maltrató a periodistas españoles solo por preguntar y prometió no tener piedad con quienes investigaron la causa Libra.

Milei no va a cambiar y Bullrich lo sabe. Hasta marzo jugará este juego. En las últimas horas dijo a sus allegados que mantendrá esta tensión para sacudir el avispero. Tiene muy presente el devenir del último año del gobierno de Mauricio Macri: todas las encuestas indicaban una diferencia de dos puntos y perdieron por catorce en las primarias. «Cuando reaccionó ya era tarde», suele reflexionar. Macri puso IVA cero para los alimentos, congeló el precio de los combustibles, estableció un plan de facilidades de pago para deudas impositivas y de la seguridad social, otorgó dos pagos extras para la Asignación Universal por Hijo y aumentó un cuarenta por ciento las Becas Progresar, entre otras medidas. Nada de eso entra en la cabeza de Milei. Tampoco es lo que le pide Bullrich, pero sí le dice que tiene un año para maniobrar. El Presidente la escucha y la abraza, no la soltará, pero no tomará ninguna medida. «Esto se resuelve con tiempo», suele contestar. No hay ninguna intención de cambiar el programa.

Los números económicos complican aún más el panorama. La economía volvió a arrojar malos registros esta semana y ya se encuentra en recesión técnica: solo resta esperar un mes para que el dato se confirme. En agosto la actividad registró una mínima suba mensual del cero coma uno por ciento desestacionalizada, cuando venía de una caída del dos coma ocho por ciento en julio, y quedó uno coma siete por ciento abajo respecto de igual mes del año anterior. La consultora Equilibra publicó su anticipo para septiembre con una caída del uno por ciento interanual y un crecimiento del cero coma cinco por ciento sin estacionalidad. De confirmarse, el tercer trimestre caería más del dos por ciento frente al segundo y la Argentina acumularía dos trimestres consecutivos de contracción, con una proyección de crecimiento anual de apenas el uno por ciento. La consultora Sudamericana puntualiza un dato preocupante: los sectores que en agosto crecieron fueron apenas cinco de un total de quince, la menor cantidad desde septiembre de 2024, y se profundizó la tendencia de que aquellos que venían creciendo desaceleraron su ritmo mientras los que mostraban caídas siguen sin poder recuperarse.

El consumo masivo tampoco repunta. Según el Indec, las ventas en supermercados cayeron tres coma siete por ciento interanual y cero coma ocho respecto de julio, y los autoservicios mayoristas bajaron tres coma seis interanual y uno coma dos mensual. Solo los centros de compras registraron un alza del tres coma siete interanual y tres coma tres mensual. El acumulado es malo: en siete meses de 2026 se mantiene la caída de las ventas en todos los canales y no se ven perspectivas de mejora. La encuesta de tendencia de negocios del sector anticipó que en el próximo trimestre la situación comercial se mantendrá igual o empeorará. El otro dato negativo fue el crecimiento del riesgo país, que Milei atribuyó al contexto externo pero que todas las consultoras ratifican como un problema interno: en octubre el riesgo país argentino acumula un alza de noventa y siete puntos básicos y en el acumulado del año llega a ciento cuarenta y tres. «Parece confirmarse la hipótesis de un cambio de percepción de los inversores respecto a la capacidad del Gobierno de ejecutar su programa financiero y las dudas sobre las fuentes alternativas de financiamiento», marcó el informe de Sudamericana. La consultora 1816 planteó que en la Argentina «hay algo más» y apuntó a que el mercado tiene dudas sobre la elección y que el dato de actividad que confirma la recesión técnica difícilmente ayude. En la región, el riesgo país subió en Bolivia y Ecuador, bajó levemente en Uruguay y descendió en Brasil.

El Gobierno intentó cerrar el conflicto de discapacidad, pero le queda abierto el financiamiento universitario, que será la otra gran batalla del debate presupuestario. En la Casa Rosada creen haber salido victoriosos de la última manifestación, opacada por los incidentes, y juegan con fuego. Hasta ahora lograron que mermara la participación ciudadana, pero el tema volverá a la agenda opositora con el Presupuesto. El oficialismo tropezó además con el proyecto de morosidad, que debió postergarse por falta de votos y fue salvado dos veces por los diputados por Córdoba. Casi cae el proyecto de Inviolabilidad de la Propiedad Privada y lograron con lo justo retirar el de endeudamiento, aunque el caso seguirá en agenda. Si bien la morosidad en bancos bajó marginalmente, de doce coma nueve en julio a doce coma ocho en agosto, muchos deudores ya pasan a la categoría de irrecuperables y salen de los balances. El dato preocupante es el récord de morosidad en billeteras virtuales y fintech, que alcanzó el treinta y tres coma nueve por ciento en agosto.

La Casa Rosada espera cerrar el mes con anuncios de acuerdos electorales que le permitan llevar al recinto la eliminación de las primarias. Los votos no están, pero no faltan tantos: en el bloque del Senado cuentan treinta y cinco apoyos con optimismo y les faltarían dos. Suman los veintiuno de La Libertad Avanza, entre siete u ocho de la UCR, uno por Neuquén y otro por Chubut, además del voto de Carlos Camau Espínola y Alejandra Vigo, después de que Martín Llaryora ratificara su respaldo a eliminar las PASO. Están en la lista los dos senadores por Santa Cruz. El gobernador de Tucumán, Osvaldo Jaldo, podría aportar uno más. A los senadores por Catamarca y Misiones, con realineamientos internos del peronismo, ya no los cuentan, y tampoco por ahora a los tres del PRO. Bullrich insiste en que hay que darle una alternativa a los aliados para que estén representados: si se eliminan las primarias y la lapicera la tiene Karina, es poco probable que les den lugares en las listas, y de tenerlos serán marginales, como le pasó al PRO en la Ciudad y en la Provincia. El plan colectoras todavía no se redactó, pero serviría como alternativa de contención.

El espacio del medio sumará otro candidato propio: Carlos Melconian saldrá a la cancha a más tardar en noviembre, otro presidenciable que ya trabaja en una candidatura que junte las partes de los desencantados. Habla habitualmente con Bullrich y fue su candidato a ministro de Economía en la campaña de 2023. El lanzamiento coincide con la mayor exposición de la senadora. Para el economista, los parches que propone el ala política tampoco funcionarán, más allá de que es poco probable que Milei los acepte. Se califica como un «outsider no virgen», que habla con Cristina Kirchner y con Sergio Massa, no para juntarse electoralmente con ellos sino para mostrarse con roce y coquetear con el peronismo.

La preocupación de Bullrich tiene su correlato en los movimientos del principal espacio opositor, que volvió a mostrar unidad esta semana con su nueva cumbre en la casa de La Pampa. Cada espacio se llevó lo suyo: Axel Kicillof consiguió que en el pronunciamiento final se ratificara la decisión de sostener las primarias, y Sergio Massa y Máximo Kirchner la idea de mantener la unidad. Cada uno atiende su juego mientras Cristina Kirchner espera que la ONU tome su caso: desde el 19 de octubre y hasta el 6 de noviembre delibera el comité de derechos humanos donde llevó su reclamo. Si no lo toma, pasa a marzo y se diluyen sus chances de intentar volver a la cancha. En la Casa Rosada preferirían tener a un Kirchner en la boleta y jugarán su campaña al temor de la vuelta al pasado.

La encuesta que tanto enojó a Milei, de la consultora Zentrix, determinó que dos tercios de los argentinos no llega a fin de mes. El Presidente ya se había expresado sobre el tema, pero esta semana estalló con el dato. A su regreso de España hizo un intento por acomodar el discurso tras el fuerte rechazo que generó su literalidad, incluso en funcionarios de su propio equipo, pero nadie se lo dice. Más allá de las rebeldías, sigue siendo un esquema hiperverticalista. Hay datos que desmienten incluso la segunda explicación que dio Milei, cuando habló de que les devolvió a los sectores más pobres ingresos que les quitaba la inflación: el ochenta y tres coma tres por ciento de la clase baja no llega al día veinte, mientras en la clase media es el cincuenta y uno coma cuatro. El desencanto también se ve en el votante libertario: el cincuenta y nueve coma uno por ciento no cree que su salario le esté ganando a la inflación, contra el treinta y uno coma ocho que cree que sí. El problema para el Gobierno está adentro, entre sus votantes y sus aliados.

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