Tsunami demócrata: el Partido Republicano sufre una derrota histórica y Trump queda acorralado por un Congreso opositor

Tsunami demócrata: el Partido Republicano sufre una derrota histórica y Trump queda acorralado por un Congreso opositor

Los comicios de medio mandato dejan un panorama devastador para la administración trumpista: los demócratas recuperan la mayoría en la Cámara de Representantes, arrebatan escaños clave en el Senado y ponen en jaque el resto del mandato presidencial. La impopularidad récord del mandatario, el malestar económico y el desgaste por los conflictos bélicos explican una debacle que reconfigura el tablero político estadounidense.

La jornada electoral del martes dejó un veredicto contundente que sacudió los cimientos del poder en Washington. Las proyecciones de los principales medios estadounidenses confirmaron que la oposición demócrata se hizo con el control de ambas cámaras del Congreso, infligiendo una derrota de proporciones mayúsculas al Partido Republicano y, por extensión, al presidente Donald Trump. Tras asegurar la mayoría en la Cámara de Representantes, las fuerzas opositoras avanzaron sobre bastiones históricamente conservadores como Kansas, Texas, Carolina del Norte, Carolina del Sur e Iowa, lo que les permitirá limitar de manera sustancial las atribuciones del mandatario durante el tramo final de su gestión.

El revés legislativo constituye el golpe más severo que haya enfrentado el magnate neoyorquino en su carrera política y abre un escenario inédito de confrontación institucional. La debacle republicana estuvo marcada por la creciente animadversión que despierta el inquilino de la Casa Blanca, el descontento generalizado con el rumbo de sus políticas públicas y el desgaste provocado por la ofensiva militar que Estados Unidos e Israel lanzaron contra Irán hace más de ocho meses. En su primera reacción, pasada la medianoche, Trump intentó minimizar la magnitud del fracaso y sostuvo que su partido habría triunfado por un margen arrollador si él hubiera encabezado la boleta.

Un Senado que cambia de color y abre la puerta al juicio político

Los festejos demócratas se multiplicaron en Virginia, Massachusetts, Delaware, Nueva Jersey, Rhode Island e Illinois, territorios que se perfilaban como triunfos seguros en la carrera por la Cámara Alta. Los republicanos, por su parte, lograron retener varios escaños senatoriles de tradición conservadora, entre ellos los de Florida, Virginia Occidental, Wyoming y Tennessee. Estos comicios pusieron en disputa treinta y cinco bancas de la Cámara Alta, la totalidad de los cuatrocientos treinta y cinco escaños de la Cámara de Representantes y más de una treintena de gobernaciones estatales.

La pérdida del Senado representa una amenaza concreta para Trump: habilita la posibilidad de un nuevo intento de destitución, luego de las dos votaciones de censura que enfrentó durante su primer mandato entre 2017 y 2021. El presidente anticipó que está dispuesto a convertirse en «Mr. Veto» y a bloquear sistemáticamente las iniciativas legislativas de un Congreso dominado por la oposición, una actitud que elevaría aún más la temperatura política del país y sumiría a Washington en una parálisis institucional de consecuencias impredecibles.

El analista Gabriel Puricelli, coordinador del Programa de Política Internacional del Laboratorio de Políticas Públicas, explicó en diálogo con Página/12 que el mandatario le hace pagar a su propio partido el alto costo de sus dos promesas incumplidas más repudiadas por el electorado: el encarecimiento de los precios con fuerte impacto en el consumo de los hogares y la multiplicación de guerras y agresiones contra otras naciones.

Resultados que reescriben la historia política

Los primeros datos oficiales llegaron desde el sureño estado de Virginia, donde el senador demócrata Mark Warner, que buscaba la reelección, se impuso al republicano Bert Mizusawa con el cincuenta y nueve por ciento de los sufragios. La cadena CNN recordó que el triunfo de Warner se produce en un territorio con una de las mayores concentraciones de empleados federales, quienes padecieron en carne propia las consecuencias de los recortes presupuestarios impulsados por Trump al inicio de su segundo mandato.

El senador demócrata Jon Ossoff retuvo su banca en Georgia, un estado que el magnate había ganado en los comicios de 2024 y que llegó a las urnas tras un récord de participación anticipada. Ossoff, el legislador más joven del país y una de las figuras demócratas señaladas como posible aspirante a la candidatura presidencial de 2028, derrotó al republicano Mike Collins al sumar más del sesenta y cinco por ciento de los votos, según el recuento parcial.

En un resultado que quedará inscrito en los anales, James Talarico se convirtió en el primer senador demócrata electo por Texas en treinta y ocho años. La demócrata Annie Andrews sorprendió al ganar la elección senatorial por Carolina del Sur frente a la republicana Darline Graham, de acuerdo con las proyecciones de CNN y NBC News; el último demócrata que había triunfado en esa jurisdicción del sudeste fue Fritz Hollings en 1998.

El candidato demócrata por New Hampshire, Chris Pappas, venció a su rival republicano y se convertirá en el primer hombre abiertamente homosexual en ocupar una banca en el Senado estadounidense. La republicana Ashley Moody ganó el escaño que dejó Marco Rubio tras asumir como secretario de Estado, en una reñida contienda contra la demócrata Angie Nixon. El otro triunfo republicano, al cierre de esta edición, se registraba en Virginia Occidental.

Cabe destacar también el triunfo de la demócrata Gina Hinojosa, quien se convertirá en la primera gobernadora latina de Texas y pondrá fin a más de tres décadas de hegemonía republicana en ese cargo. Por su parte, el republicano Byron Donalds fue elegido gobernador de Florida tras imponerse al demócrata David Jolly, y se convertirá en el primer mandatario negro en la historia de ese estado.

Los datos preliminares de boca de urna y de voto anticipado auguraban una participación superior a la de 2022 en los estados considerados clave para el control de la Cámara Alta. Más de sesenta millones de estadounidenses ya habían sufragado por anticipado, casi quince millones más que en los comicios de medio mandato de hace cuatro años.

Un partido republicano en crisis y un liderazgo cuestionado

Gonzalo Fiore Viani, doctor en Relaciones Internacionales del CONICET, aseguró a este diario que los primeros resultados arrojan una clara debacle en el ala trumpista del Partido Republicano. «Los demócratas están logrando un verdadero tsunami azul. Todo indica que serán dos años complejos para lo que queda de la administración Trump», afirmó el especialista, quien anticipó una reorganización interna dentro de la propia fuerza conservadora, mientras los posicionamientos internacionales de Estados Unidos también se encuentran en crisis.

A medida que se cerraban las urnas y el optimismo republicano se desvanecía, los funcionarios de la Casa Blanca insistían en que el presidente no interferirá en los comicios declarando la ley marcial ni instando a los responsables de las juntas electorales a no certificar los resultados. Trump intentó movilizar a su base con más de dos docenas de actos de campaña desde principios de octubre, la gran mayoría en estados donde había ganado con holgura en 2024, lo que evidencia hasta qué punto los republicanos estaban a la defensiva.

Los sondeos de opinión revelan que la principal preocupación de los votantes es la economía doméstica y que desaprueban la gestión presidencial en esa materia, después de que su política arancelaria y su decisión de atacar Irán en febrero incrementaran los costos internos. Los candidatos republicanos, por su parte, tuvieron serias dificultades para tomar distancia de un mandatario que exige lealtad absoluta y rara vez reconoce sus errores.

Trump enfrenta el peor índice de popularidad registrado por un presidente a mitad de mandato, con cerca del setenta por ciento de desaprobación. El cincuenta y tres por ciento de los votantes latinos se declaró «extremadamente motivado» para acudir a las urnas, una suba considerable frente al cuarenta y uno por ciento de hace cuatro años, según el centro de estudios Pew. El magnate había conquistado casi la mitad de esos sufragios en 2024; ahora solo el veinticuatro por ciento de los votantes de esa importante minoría aprueba su gestión. «Va camino de perder todo lo ganado entre los latinos en 2022 como consecuencia de las deportaciones masivas indiscriminadas», remarcó Puricelli.

El fantasma del fraude y un mandatario sin margen

Una Cámara de Representantes o un Senado en manos demócratas podrán iniciar investigaciones sobre los «negocios en beneficio propio» —según la caracterización opositora— en el gobierno de Trump y exigir concesiones para aprobar leyes. Un Senado demócrata también tendrá la potestad de bloquear los nombramientos presidenciales, incluidas las candidaturas a la Corte Suprema de Estados Unidos si surgieran vacantes.

Según una encuesta del Instituto de Estudios Gubernamentales de la Universidad de California en Berkeley, el sesenta y tres por ciento de los votantes de ese estado, bastión demócrata, teme que el gobierno de Trump intente frenar el recuento de votos tras los comicios del martes. La interrogante que sobrevuela el ambiente político es si el republicano conserva algún margen para volver a agitar el fantasma del fraude o las irregularidades si se confirma una derrota contundente.

«No tiene margen en los hechos», aseguró Puricelli, aunque agregó que alguien que aún no aceptó haber perdido la presidencial de 2020 es probable que cuestione todo. «No hay que olvidar que el movimiento MAGA pasó los últimos seis años ubicando leales en juntas electorales, secretarías de estado y otros organismos estaduales encargados de certificar resultados. Ningún grupo político invierte tanto tiempo y esfuerzo en acumular semejante poder de fuego si no está dispuesto a usarlo», advirtió el analista.

Trump recibió el martes por la noche a miembros de su gabinete y asesores políticos en el Salón Este de la Casa Blanca para seguir de cerca los resultados. Su humor no parecía ser el mejor: arremetió contra Fox News por una encuesta sobre los comicios de medio mandato en la que percibió «un ataque premeditado» contra sus políticas. El sondeo de la cadena, habitualmente cercana al mandatario, mostraba que el ochenta y siete por ciento de los ciudadanos consultados estaba preocupado por el precio de los combustibles y un sesenta y ocho por ciento desaprobaba la gestión presidencial.

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