La caída de los bonos y acciones, el encarecimiento del dólar financiero y el desplome del precio del petróleo exponen las grietas de un programa que había apostado todas sus fichas al apoyo del expresidente republicano.
La primera reacción pública de Luis Caputo tras la derrota de Donald Trump en las elecciones de medio término estadounidenses fue tan breve como elocuente: “Para la Argentina no cambia nada, era lo esperado”. Sin embargo, la realidad de los mercados pareció desmentir de inmediato esa afirmación. El ministro de Economía convirtió la negación de los hechos en una costumbre para referirse a una crisis económica cuya profundidad se vuelve cada vez más evidente. Los inversores que habitualmente operan con títulos de deuda argentina no comparten ese diagnóstico y, por el contrario, profundizaron este miércoles una tendencia que ya lleva tres semanas: se desprenden de los bonos soberanos como si temieran un default inminente. El movimiento, aunque paulatino, no se detiene.
Algo similar ocurre con las acciones, que con la caída de esta jornada borraron toda la ganancia acumulada desde octubre de 2025, cuando el respaldo de Washington no solo le garantizó al oficialismo un triunfo en las legislativas, sino que también le dio oxígeno a un sistema financiero que perdía estabilidad. El llamado “riesgo Milei” y la fuga de divisas se conjugan en un escenario que complica las previsiones oficiales.
Tomar deuda en el exterior con una sobretasa del 8,5% anual sobre las tasas en dólares de los bonos de la Reserva Federal resulta directamente prohibitivo, tanto para el Estado como para las empresas privadas. Ese es el significado concreto de un riesgo país de 850 puntos: una prima anual de 8,5 puntos sobre la tasa de referencia. En una sola jornada, ese indicador subió un cuarto de punto, el mismo movimiento que la FED aplicaba cada seis meses y que en su momento constituía una señal de alarma para el mundo entero. Bajo esa perspectiva, no habrá nuevas emisiones de títulos de deuda soberana ni obligaciones negociables de empresas por varios meses. La Argentina queda al margen de ese circuito financiero internacional.
Una de las principales fuentes de financiamiento e ingreso de divisas previstas por Caputo en su programa financiero 2026/27, publicado hace menos de cuatro meses, acaba de cerrarse. El proceso de canje de activos de deuda de emisores locales —bonos y acciones— por dólares, que es lo que está ocurriendo, recibe el tibio nombre de “dolarización de cartera”, aunque con sentido de advertencia debería llamarse “fuga de divisas”. Otro indicador de esa fuga es la brecha entre el dólar MEP y el contado con liqui, también conocido como “dólar cable”. Más allá de que al gobierno le cueste reconocerlo, persisten restricciones para que las empresas giren divisas al exterior y es habitual que, al no poder acceder al mercado libre de cambios, recurran a los dólares financieros: los compran en el contado con liqui y los transfieren “por cable” a una cuenta en el exterior. La diferencia entre ambos tipos de cambio refleja el sobreprecio que las compañías están dispuestas a pagar para transferir esos fondos. Cuanto mayor es la demanda de dólares de fuga, más sube el contado con liqui. Este miércoles alcanzó uno de sus máximos históricos, 1680 pesos, con un diferencial también récord del 6,33% sobre el MEP, que cerró en 1581 pesos.
El otro fenómeno que impactará de lleno sobre el “modelo Milei” es la caída del precio del petróleo, impulsada por la certeza de que el peligro de una guerra entre Estados Unidos e Irán se va disipando. “Trump comenzó la guerra con la promesa de destruir el régimen. Lo que no entendimos entonces es que el régimen que iba a destruir no era el iraní, sino el propio”, bromeaban algunos analistas en la red social X. La chanza describe una nueva realidad que golpea cerca del gobierno libertario. El conflicto desatado contra Irán provocó de manera deliberada un alza extraordinaria del precio del crudo, fenómeno del que se aprovechó el esquema económico de Caputo y Milei al definir a los hidrocarburos como segundo complejo exportador del país, con proyecciones de convertirse en el primero, como complemento del complejo maíz-soja. La nación exportadora de materias primas —que sueña con incorporar pronto a la megaminería— es, en definitiva, el anhelo del trío Milei-Caputo-Sturzenegger. Pero el cambio de tendencia del precio, provocado por la debacle electoral de Trump, amenaza con frustrar esos planes.
En tan solo una jornada, tras los comicios estadounidenses, el precio del barril de brent a entrega futura se desplomó un 8,7%. Si se suma el impacto de los días previos, cuando ya se vislumbraba el triunfo demócrata, la caída acumulada en la última semana supera el 17,5%. Tan brutal es el descenso que varios proyectos de inversión en infraestructura para exportar petróleo y gas desde Vaca Muerta podrían entrar en revisión en los próximos días.
En definitiva, el modelo Milei empieza a mostrar fisuras en varios frentes, siendo la deuda y el comercio exterior de materias primas los principales. En lo político, el error más grave consiste en haber atado la suerte del país a una política como la de Donald Trump, que solo benefició al gobierno libertario con mayores cuotas de financiamiento durante su ascenso, pero que ahora podría imponerle un costo altísimo en su caída. Resta ver cómo reaccionará el frente interno, especialmente un sector económico dominante que ya empieza a dar señales de soltarle la mano al gobierno. Quienes son aliados por interés nunca son generosos en la derrota.
