Los tres ministros del máximo tribunal protagonizan una pugna por la comunicación institucional, con dos portales enfrentados y acusaciones cruzadas sobre ambiciones de poder.
En la cúspide del Poder Judicial argentino, las rivalidades entre los tres jueces de la Corte Suprema han escalado a un nuevo frente: la disputa por el control de la información pública. Desde hace semanas, coexisten dos sitios web oficiales que reflejan las fracturas internas del tribunal. Uno, Justicia.ar, respaldado por Horacio Rosatti y Carlos Rosenkrantz; el otro, el Centro de Información Judicial (CIJ), heredad de Ricardo Lorenzetti, quien no dudó en acusar a sus pares de perseguir un «ilusorio deseo de ocupar espacios de poder interno».
El conflicto, que ya consume valiosos recursos, expone una vez más las divisiones en el seno del máximo órgano judicial, sumido en una lucha de influencias y resentimientos que trascienden lo institucional.
Dos portales, dos visiones enfrentadas
El 24 de abril, la Corte anunció el lanzamiento de Justicia.ar, presentado como «el portal unificado de la justicia argentina». Según el comunicado oficial, el sitio centralizaría datos sobre el funcionamiento del Poder Judicial en todo el país. Sin embargo, la iniciativa no fue unánime: Lorenzetti rechazó de plano la medida, argumentando que el CIJ —creado bajo su presidencia en 2008— ya cumplía ese rol.
La pulseada no es nueva. Se remonta al «golpe palaciego» de 2018, cuando Rosenkrantz, Rosatti y Elena Highton de Nolasco desplazaron a Lorenzetti de la presidencia del tribunal. Desde entonces, la puja por el manejo comunicacional ha sido constante, con episodios tan virulentos como intercambios de cartas públicas y acusaciones de intentos de «privatizar» el CIJ.
Críticas y reproches en voz alta
Horas después del anuncio de Justicia.ar, Lorenzetti contraatacó publicando su disidencia en la resolución que aprobó el nuevo portal. En el texto, cuestionó la «improvisación» de sus colegas y los acusó de «desnaturalizar la función de la Corte» al priorizar «luchas internas» sobre su misión constitucional.
El juez también recordó que un proyecto similar había fracasado dos décadas atrás por desacuerdos con las justicias provinciales, y defendió la trayectoria del CIJ, que hoy alberga desde sentencias hasta denuncias federales. «Se reemplazó un sistema institucional de comunicación por uno basado en rumores», lanzó, en una clara alusión a las filtraciones mediáticas que suelen rodear al tribunal.
Silencio incómodo: los derechos humanos, ausentes
La presentación del portal coincidió con un olvido llamativo: el 40.º aniversario del Juicio a las Juntas, hito de la justicia argentina, pasó sin conmemoración oficial. Más aún, Justicia.ar no incluyó un apartado específico para causas de lesa humanidad, pese a que organismos como el CELS reclaman agilizar su seguimiento.
La omisión generó escozor, sobre todo porque el portal depende de la Secretaría de Desarrollo Institucional, a cargo de Juan Pablo Lahitou, cercano a Rosenkrantz y exfuncionario de la Procuración del Tesoro durante el gobierno de Mauricio Macri.
Un tribunal en guerra fría
Mientras tanto, en el cuarto piso del Palacio de Tribunales, la tensión persiste. La reciente salida del juez Manuel García-Mansilla —quien en una carta denunció el retraso en 90.000 expedientes— y las designaciones fallidas de Ariel Lijo y García-Mansilla por parte de Javier Milei añadieron leña al fuego.
Hoy, la Corte navega entre cinco portales superpuestos (Justicia.ar, CIJ, la web oficial del tribunal, la del Consejo de la Magistratura y la del Poder Judicial), pero sigue sin resolver su batalla más profunda: la de sus propios egos.
¿Podrá el máximo tribunal recuperar la unidad? Por ahora, cada clic parece ahondar la grieta.
