El rompecabezas inmobiliario de Adorni: una adquisición por debajo del mercado, créditos filantrópicos de jubiladas y un enigma que interpela a la justicia

El rompecabezas inmobiliario de Adorni: una adquisición por debajo del mercado, créditos filantrópicos de jubiladas y un enigma que interpela a la justicia

Nuevos testimonios en Comodoro Py profundizan las sospechas sobre el jefe de Gabinete. Una martillera y su esposo, exfutbolista con vínculos al vendedor original, aportaron datos que contradicen la cifra escriturada del semipiso en el exclusivo barrio de Caballito. La diferencia entre el valor real y el declarado supera los cien mil dólares, mientras el círculo de amistades y los inusuales prestamos de dos ancianas de bajos recursos encienden todas las alarmas.

Cada vez que un testigo vinculado al universo de los bienes raíces declara en los tribunales de Comodoro Py, una sombra de inquietud recorre la oficina del jefe de Gabinete, Manuel Adorni. Este lunes no fue la excepción. Quienes se presentaron ante el fiscal Gerardo Pollicita fueron la martillera pública Natalia Rucci y su cónyuge, Marcelo Trimarchi, dueños de una conocida inmobiliaria. Su declaración sacudió los cimientos de una investigación que ya acumula capítulos espesos: ambos profesionales aseguraron que el semipiso ubicado en la calle Miró al quinientos, en la zona más cotizada y aristocrática del barrio de Caballito, posee un valor de mercado estimado que jamás bajaría de los trescientos cuarenta y cinco mil dólares. Más aún, reconocieron que la propiedad llegó a ofrecerse públicamente en trescientos setenta y cinco mil dólares. Los números, sin embargo, chocan de frente con la realidad documentada: Adorni escrituró ese mismo inmueble en noviembre de 2025 por apenas doscientos treinta mil dólares. La brecha resulta abismal. Y si a ese descalabro aritmético se le suma el dato de que el exvocero presidencial financió la operación mediante una hipoteca concedida por dos jubiladas de magros ingresos, quienes en un acto que roza la filantropía inexplicable le prestaron el capital sin siquiera conocerlo, entonces el relato oficial comienza a desmoronarse como un castillo de naipes.

Pero el combo de revelaciones incluyó un elemento que podría resultar determinante para destrabar el verdadero trasfondo de la maniobra. Trimarchi, tal como lo confesó ante la fiscalía, fue jugador de fútbol profesional en su juventud. Y he aquí la coincidencia que hace arquear las cejas de los investigadores: el propietario original del departamento en cuestión responde al nombre de Hugo “Huguito” Morales, y ambos —Trimarchi y Morales— compartieron el plantel del Club Atlético Lanús durante las temporadas mil novecientos noventa y siete y mil novecientos noventa y ocho. Ayer, el martillero admitió sin titubeos que desde aquella época mantienen una relación de “amistad”. Así, la hipótesis de una compraventa que en realidad se habría concretado por un monto muy superior al que figura en los documentos oficiales sigue adquiriendo cada vez mayor solidez. Los pesquisas no pierden de vista el resto de las propiedades ni los gastos suntuosos del funcionario —a quien en los pasillos llaman “el deslomado”—, como viajes a destinos de elite que parecen exceder con holgura todo lo declarado como ingreso legítimo.

Más testimonios, más interrogantes

El matrimonio conformado por Rucci y Trimarchi —titulares de la firma Rucci Propiedades— arribó a Comodoro Py con un perfil mucho más discreto que el de la escribana Natalia Nechevenko, cuya comparecencia anterior había dejado huellas. Pero su relato no por eso resultó menos comprometedor para el jefe de Gabinete. Rucci reveló con precisión que el departamento de la calle Miró llegó a estar publicado en trescientos setenta y cinco mil dólares, esto es, ciento cuarenta y cinco mil más de lo que Adorni asegura haber abonado. Luego, continuó la martillera, el precio fue rebajado a doscientos noventa y cinco mil. Hasta que irrumpió en escena un tal Pablo Martín Feijoo —hijo de una de las dos jubiladas que suscribieron la hipoteca— con un comprador que ofertaba exactamente doscientos treinta mil dólares, la cifra con la que finalmente se cerró la transacción. Ese comprador no era otro que Manuel Adorni.

Rucci ratificó ante el fiscal que el inmueble había sido adquirido en primera instancia por las dos mujeres mayores: Beatriz Viegas, de setenta y dos años, madre de Feijoo, y Claudia Sbabo, de sesenta y cuatro años, quien posee un “pase cultural” otorgado por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, beneficio destinado a personas que perciben haberes inferiores a los seiscientos mil pesos mensuales. “Huguito” Morales les vendió la propiedad en doscientos mil dólares. Posteriormente, ambas sufragaron la reforma integral del semipiso, que quedó remodelado “como nuevo”. Frente al fiscal, la martillera fue contundente: así refaccionado, el precio del inmueble no baja de los trescientos cuarenta y cinco mil dólares.

Como ya es de público conocimiento, Adorni compró por mucho menos e incluso accedió a un financiamiento singular: colocó treinta mil dólares en efectivo como entrada, y el resto —equivalente al ochenta y siete por ciento del total de la operación— fue cubierto mediante una hipoteca privada que el jefe de Gabinete firmó con las dos jubiladas, siempre con la intermediación de Pablo Feijoo, presentado como “amigo” del funcionario. Feijoo, vale precisar, está citado a declarar este miércoles.

Las redes de la amistad y el crédito simulado

Las relaciones personales parecen tejer un entramado clave en este pasamanos patrimonial. Trimarchi confesó ser también amigo de “Huguito” Morales, a quien conoce desde al menos mil novecientos noventa y siete, cuando ambos compartieron el plantel de fútbol profesional del club Lanús. Así, una hipótesis nada descabellada sostiene que los viejos camaradas decidieron concretar la operación por debajo del valor real del mercado. El mecanismo habría sido el del crédito simulado con las dos ancianas, una maniobra que le permitió a Adorni maquillar una compra que, de otro modo, resultaría injustificable a la luz de sus ingresos declarados. De paso, “Huguito” Morales lograba declarar un patrimonio menor y, por consiguiente, pagar menos impuestos. Un clásico ganar-ganar.

La hipótesis del crédito ficticio, por otra parte, se cae por su propio peso: según la versión de Adorni, las jubiladas le prestaron doscientos mil dólares sin exigirle ningún interés. Una operación que linda con lo absurdo y se asemeja peligrosamente a una donación encubierta, dado que colocar ese mismo capital en un plazo fijo generaría ganancias sustanciales.

Los números que no cierran

Más allá de la presunta adulteración en la compraventa del departamento de Miró, la lupa judicial está puesta también en el tren de vida de Adorni durante los últimos meses. El análisis de sus erogaciones revela un enriquecimiento que desborda con creces sus ingresos como funcionario y lo declarado en su juicio jurada ante la Oficina Anticorrupción. Solo si se suman los montos que Adorni y su pareja, Bettina Angeletti, admitieron haber pagado en efectivo en distintas entrevistas periodísticas o en los papeles presentados hasta ahora ante la OA, ante el organismo de recaudación fiscal (ARCA) y en sede judicial, se desprende que ya desembolsaron alrededor de ochenta y cinco mil dólares únicamente en propiedades. Una cifra que duplica los cuarenta y tres mil dólares que el funcionario dijo tener como ahorros al inicio de su gestión, en dos mil veinticuatro.

Ese total de ochenta y cinco mil dólares incluye los treinta mil que entregó como anticipo por el semipiso de Miró —aunque las jubiladas aseguraron que ya abonó varias cuotas, incluso por adelantado—, los veinticinco mil destinados al country Indio Cuá —que a su vez se desglosan en veinte mil dólares iniciales para adquirir el terreno y otros cinco mil adicionales por la tasa de ingreso al complejo— y los treinta mil empleados para saldar parte de la deuda hipotecaria que arrastraban por el departamento anterior, ubicado en Parque Chacabuco y adquirido en dos mil veinticuatro. Ninguna de esas tres propiedades fue declarada ante la Oficina Anticorrupción, según justificó Adorni, por una supuesta cuestión de plazos burocráticos.

Otra coincidencia que despierta suspicacias es la recurrencia de prestamistas jubiladas. Sucedió en el caso Miró, pero ya existía un antecedente en la operación del country Indio Cuá, donde también intervino la escribana Nechevenko. La diminuta funcionaria relató que facilitó a Adorni un préstamo de parte de dos mujeres: una comisaria retirada de la Policía Federal, Graciela Molina de Cancio, y su hija Victoria Cancio, contadora en la misma fuerza. Ambas declararon la semana pasada y confirmaron que le prestaron cien mil dólares al exvocero, aunque a diferencia del caso Miró, aquí sí se pactó un interés anual del once por ciento.

Viajes de lujo y gastos suntuarios

Al rompecabezas hay que agregar los desplazamientos internacionales. A Punta del Este, en Uruguay, Adorni viajó durante el carnaval de este año para alojarse en la casa de su amigo Marcelo Grandio. El traslado en jet privado para él y su familia tuvo un costo estimado de siete mil seiscientos dólares. Se investiga si ese viaje constituyó una dádiva de Grandio, en atención a los contratos que este último obtuvo en la televisión pública. A Nueva York, por su parte, solo el pasaje en primera clase de su esposa Bettina Angeletti costó cinco mil ciento cincuenta y cuatro dólares. Adorni afirmó que el dinero salió de su bolsillo, pese a que ella participó de la comitiva oficial sin tener cargo alguno. Aún resta determinar el valor final de los viáticos, incluida la estadía en el lujoso hotel The Langham, sobre la Quinta Avenida. Finalmente, a Aruba —en Venezuela— viajaron en diciembre de dos mil veinticuatro. El pago se hizo en efectivo y ascendió a cinco mil ochocientos dólares solo en pasajes, mientras el costo del alojamiento continúa siendo materia de pesquisa.

Todo ello sin contar otros rubros que también se hallan bajo la lupa, como los consumos mensuales en tarjetas de crédito —estimados en diecisiete millones de pesos según los registros de deudores del Banco Central—, las expensas del country Indio Cuá, que rondan los ochocientos mil pesos cada mes, y las refacciones del departamento de Miró, que podrían haber sido absorbidas en efectivo por el propio Adorni. Las malas lenguas, además, mencionan una camioneta Jeep Compass Sport dos punto cuatro AT6, adquirida en pleno ejercicio del funcionariado libertario. Sin olvidar, claro está, el peluquín y la dentadura nueva, que ya forman parte de la mitología de las redes sociales y del folclore político argentino. La justicia, mientras tanto, sigue tejiendo su trama.

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