El empresario argentino, vinculado al Gobierno y a la CPAC, acumula adjudicaciones en Economía mientras su avión protagoniza un escándalo por valijas sin declarar. Denuncias de espionaje y lobby en EE.UU.
El empresario Leonardo Scatturice, figura clave en los vínculos entre el Gobierno argentino y el foro ultraconservador estadounidense CPAC, no solo es el dueño del jet privado que transportó a la activista libertaria Laura Belén Arrieta con diez sospechosos bultos sin inspeccionar, sino que también ha obtenido millonarios contratos con el Ministerio de Economía bajo la gestión de Luis Caputo.
Scatturice, flamante propietario de la aerolínea lowcost Flybondi, ha logrado adjudicaciones por más de dos mil millones de pesos en servicios tecnológicos para el Estado. Sin embargo, estas no serían las únicas operaciones beneficiadas por su cercanía con el poder. El diputado Rodolfo Tailhade (UxP) reveló que otra de sus empresas, Tactic, fue contratada por la Secretaría de Inteligencia (SIDE) para realizar labores de lobby en Estados Unidos, un acuerdo que despierta interrogantes sobre el manejo de información sensible.
Contratos bajo la lupa
El empresario saltó a la fama hace menos de un mes al adquirir Flybondi, pero su relación con el Estado ya mostraba signos de privilegio. En lo que va del año, sus empresas han ganado cuatro licitaciones en el ámbito del Ministerio de Economía, sumando un total de 2.347 millones de pesos.
A fines de enero, OCP Tech SA —empresa controlada por Scatturice— se alzó con un contrato de 790 millones de pesos para la protección de correos electrónicos del ministerio y soporte técnico. Dos meses después, la misma firma obtuvo otro acuerdo por 414 millones destinados a la adquisición de servidores para el Data Center oficial. En mayo, sumó dos adjudicaciones más: una por 159 millones para mantenimiento de equipos de videoconferencia y otra por 851 millones para soluciones de enrutamiento.
Un quinto contrato, esta vez con Trenes Argentinos, estuvo a punto de concretarse: la empresa recibiría casi 15 millones de dólares para instalar WiFi, fibra óptica y sistemas de seguridad en talleres ferroviarios. No obstante, el acuerdo fue suspendido tras la creciente exposición mediática del empresario, vinculado al polémico vuelo privado.
Espionaje y sombras en el avión
El escándalo por las valijas no declaradas que llegaron en el jet de Scatturice, junto con los rápidos movimientos de sus compañías en las licitaciones estatales, motivaron la investigación del diputado Tailhade. El legislador descubrió que los nexos del empresario se extienden a otros sectores del Gobierno, incluyendo a la SIDE, que habría contratado a Tactic —otra de sus firmas— para realizar gestiones de lobby en Washington.
«¿Puede la SIDE contratar servicios de lobby cuando maneja información confidencial?», cuestionó Tailhade, quien anunció que llevará el caso a la Bicameral de Inteligencia. «Santiago Caputo administra los fondos reservados de la SIDE junto a Scatturice. ¿Qué más hay detrás de estos negocios?», agregó.
El misterio alrededor del avión privado se profundiza. La aeronave, que en febrero trasladó a Arrieta con las diez valijas bajo investigación judicial, volvió a aterrizar en abril —el mismo día que llegó el secretario del Tesoro estadounidense Scott Bessent—, pero ya con otra matrícula.
Tailhade no descartó hipótesis alarmantes: «O venía dinero, droga o equipamiento de inteligencia ilegal. No es una teoría descabellada: ese avión perteneció a Fred Machado, un narcotraficante que financió a José Luis Espert y usaba la aeronave para ingresar cocaína a EE.UU.» Machado, actualmente detenido en Argentina, enfrenta extradición por narcotráfico y lavado de dinero.
Mientras tanto, el presidente Javier Milei restó importancia al caso con un argumento insólito: «Ese equipaje venía de Estados Unidos, donde controlan todo». Sin embargo, las preguntas sobre los contratos de Scatturice y el contenido de las valijas siguen sin respuesta, en un escándalo que mezcla negocios, espionaje y oscuros intereses trasatlánticos.
