Con Carlos Tevez en el banquillo, el equipo cordobés igualó sin goles ante San Martín de San Juan en el Kempes. La falta de acierto ofensiva hunde al club en la peor crisis de su temporada, empatado en puntos con el último de la tabla anual y bajo la furia de su propia hinchada.
En una noche de frustración y silbidos en el estadio Mario Alberto Kempes, Talleres de Córdoba vivió una de sus jornadas más amargas. El empate sin goles frente a San Martín de San Juan no fue un punto, sino un pesado lastre que sumerge al club cordobés en las profundidades de la tabla de promedios, dejándolo al borde de un abismo del que parece cada vez más difícil escapar.
Bajo la dirección técnica de Carlos Tevez, el equipo mostró una vez más su herida más profunda: una letal ineptitud en el área rival. El “Apache”, aunque sereno en conferencia de prensa, no pudo ocultar la evidencia. “No pudimos abrir el partido. Tuvimos cinco o seis situaciones de gol, fallamos abajo del arco directamente”, admitió con crudeza, delineando el relato de un partido que se escapó por entre los pies de sus delanteros. Esta falta de puntería, un mal endémico que arrastra el equipo, no solo preocupa al cuerpo técnico sino que encendió la mecha del descontento en las tribunas, que despidieron al ídolo con un amargo cóctel de reproches e insultos.
Tevez intentó buscar un halo de esperanza en el desempeño general. “El equipo me gustó, porque llegó, tiene una idea de juego, ya se empieza a ver un poco”, argumentó, pidiendo paciencia y fe en un proceso que choca contra la urgencia de los resultados. Sin embargo, reconoció el peso de la historia: “Lástima la situación que está hoy el equipo por el arrastre que viene hace mucho tiempo atrás”. Su principal reclamo, repetido como un mantra desde su llegada al banquillo, vuelve a ser la imperiosa necesidad de contratar un goleador. “Desde que llegué estoy buscando un nueve. Le estoy encima al presidente”, confesó, refiriéndose a su insistencia ante Andrés Fassi para reforzar una ofensiva que nuevamente falló estrepitosamente.
El técnico justificó su decisión de alinear a Valentín Depietri antes que a Federico Girotti en la punta de ataque con una lógica simple y desesperada: “Necesitamos goles. Entonces, le vamos a buscar la vuelta por todos lados porque no tenés goles”. Pese al panorama desolador, Tevez se aferra a la confianza en el grupo y a la unidad interna como único salvavidas. “Jugando de esta manera, vamos a ganar muchos más partidos, falta el último toque, nada más”, aseguró, mientras que sobre el descenso fue contundente: “No, yo no la pienso, yo pienso que este equipo lo va a revertir y va a pelear”.
No obstante, la realidad numérica es implacable. Talleres acumula las mismas unidades que Aldosivi, el último clasificado en la tabla anual que define las plazas de descenso. Este resultado los coloca, en la práctica, en una zona de combate directo por la permanencia, como si cada partido restante fuera una final. El mensaje de unión (“hoy estamos más unidos que nunca”) choca contra la cruda estadística y el ruido de la grada, que ya perdió la paciencia. El proyecto de Tevez, que prometía una nueva idea, hoy se debate entre la fe en un futuro mejor y la sombra ominosa de la Segunda División.
