En un partido de infarto, la Academia derrotó 3-1 a Peñarol en el último suspiro, dando vuelta una serie que había comenzado con una derrota en Montevideo. Franco Sardo fue el héroe inesperado al marcar el tanto decisivo en el minuto 94, desatando el éxtasis en el Cilindro de Avellaneda.
Racing Club escribió una de sus páginas más gloriosas en la Copa Libertadores. Frente a un aguerrido Peñarol de Uruguay, el equipo local logró una victoria agónica por 3-1, con un gol en el tiempo de descuento, para sellar su pasaje a los cuartos de final del máximo torneo continental. La hazaña fue colectiva, pero tuvo nombres propios: Adrián “Maravilla” Martínez, con un doblete, y el defensor Franco Sardo, autor del gol que desató el delirio en las tribunas.
El encuentro comenzó de la mejor manera para las aspiraciones de la Academia. A temprana hora, aprovechando una pelota detenida, el experimentado delantero Adrián Martínez abrió el marcador, inyectando una dosis de fe en un estadio que vibraba con la necesidad de remontar el resultado de la ida. Sin embargo, la alegría fue efímera. Casi de inmediato, el defensor uruguayo Nahuel Herrera, con un formidable cabezazo, restableció la paridad y sumergió el partido en un mar de incertidumbre, recordando la contundencia del rival.
La lluvia que caía sobre el césped pareció calmar los ánimos durante gran parte del duelo. Racing buscó con ahínco, generando ocasiones a través de su velocidad en los flancos, mientras que el conjunto de Peñarol se mostró peligroso en las transiciones, esbozando jugadas que pusieron en alerta a la defensa local. El guardameta Gabriel Arias se erigió como una figura clave, conteniendo los embates del equipo visitante y manteniendo viva la esperanza.
Con el reloj en contra y el fantasma de la eliminación merodeando, la punta de lanza del equipo, Adrián Martínez, volvió a aparecer para tomar el protagonismo. A falta de escasos minutos para el final, una infracción dentro del área le concedió a la Academia la oportunidad de oro desde los doce pasos. Con una frialdad absoluta, Martínez convirtió el penal con un disparo imparable, devolviendo la ventaja a su equipo y sembrando el caos en las tribunas.
El partido, no obstante, reservaba un último y dramático giro del guion. En una última y desesperada arremetida, Peñarol estuvo a centímetros de forzar la prórroga, con un remate que rozó el poste, dejando sin aliento a todos los presentes. Pero el destino ya estaba escrito. En la jugada final, en el cuarto minuto de adición, un tiro libre ejecutado con precisión encontró la cabeza de un hombre inesperado: Franco Sardo. El defensor, liberado de toda marca, conectó el balón con potencia y precisión, venciendo al arquero rival y consumando una proeza histórica. El estadio estalló en un grito unísono de liberación y alegría desbordada.
De esta manera, Racing completó una remontada monumental, superando el resultado adverso de la ida (1-0) y asegurando su lugar en la siguiente fase del certamen. El sueño de la Copa Libertadores sigue vivo para la Academia, que en cuartos de final deberá medirse con su par Vélez Sarsfield, en lo que promete ser un nuevo y apasionante capítulo de este recorrido.
