En medio de un escándalo por corrupción que involucra a su entorno más íntimo, el Presidente optó por ignorar la causa judicial y centrarse en complejas ecuaciones económicas. Criticó con dureza a la oposición y lanzó una frase contundente sobre el destino que elijan los argentinos en las urnas.
El presidente Javier Milei se presentó este viernes en la Bolsa de Comercio de Rosario con un discurso que desconcertó a propios y ajenos. En el marco del 141º aniversario de la entidad, y en una jornada marcada por un intenso escándalo judicial que apunta a su círculo íntimo, el mandatario decidió romper un silencio que no incluyó referencias a la investigación por presuntas coimas en la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS), a los allanamientos realizados o a las imputaciones que involucran a su hermana, Karina Milei, y a Eduardo «Lule» Menem.
Para sorpresa general, anunció que abordaría “un asunto que despertó mucho interés hoy”, pero en lugar de aludir a la crisis política, se sumergió en un intrincado análisis sobre la volatilidad de las tasas de interés, que atribuyó al “riesgo kuka” y a lo que denominó “los sodomitas del capital y los orcos”. La performance del Jefe de Estado estuvo lejos de ser serena; se lo observó con notorio nerviosismo, con una oratoria entrecortada y balbuceante, y una transpiración que delataba la tensión del momento.
Arribó al acto, que ya había comenzado, acompañado por el ministro de Economía, Luis Caputo; su hermana y secretaria general de la Presidencia, Karina Milei; y su vocero, Manuel Adorni. La mayor parte de su alocución estuvo dedicada a intentar demostrar, mediante fórmulas escritas en una tablet, que su plan avanza en la “destrucción de la inflación”, un ejercicio técnico que contrastó con la urgencia política del día.
El evento, encabezado por el presidente de la bolsa local, Miguel Simioni, y con la presencia del intendente Pablo Javkin y el gobernador Maximiliano Pullaro, tuvo en los discursos previos un tono de reclamo sordo por el abandono de la obra pública en la región. Pullaro, consultado por la prensa sobre el escándalo judicial, se limitó a esquivar cualquier opinión política, refugiándose en el respeto al proceder de la Justicia.
Fue hacia el final de su intervención cuando Milei viró hacia la arena política. Realizó un pronóstico para las elecciones de septiembre en la provincia de Buenos Aires, asegurando que la oposición tiene un “techo electoral” y acusándola de planear un “fraude moral” al presentar candidatos “testimoniales”. “Para La Libertad Avanza es un piso. Y si se llegara a dar la situación de que el 7 de septiembre hacemos una elección pareja, o le ganamos por un voto, va a implicar ponerle el último clavo al cajón del kirchnerismo”, afirmó, repitiendo una de sus frases predilectas.
El momento más contundente, y que resonó con fuerza, llegó cuando se refirió al electorado. Con un tono de evidente enojo, lanzó: “El futuro de los argentinos está en manos de los argentinos. Si quieren volver al populismo salvaje, ok. Pueden elegir suicidarse o pueden elegir las ideas de la libertad”.
La ciudad lo declaró «no grato»
Fuera del recinto bursátil, la ciudad de Rosario mostró otra cara. Los accesos amanecieron con pasacalles que declaraban a Milei “persona no grata”. Por la tarde, una concentración de organizaciones sociales y gremiales se movilizó hasta donde el extenso operativo de seguridad lo permitió, a pocas cuadras de la Bolsa.

Allí, jubilados, trabajadores estatales y docentes universitarios expresaron su profundo malestar. Juan Manuel Isola, de 75 años y referente del Frente de Jubilados en Lucha, describió con angustia: “Tenemos salarios de hambre con los que no podemos comprar medicamentos. Esto es una tortura del gobierno”. Lorena Almirón, de ATE Rosario, denunció los cerca de 50 mil despidos en el Estado nacional y adelantó la gestación de un paro regional. Desde el sector universitario, Federico Gayoso, de Coad, alertó sobre la duplicación de renuncias de profesores en la Universidad Nacional de Rosario y confirmó medidas de fuerza.
La visita presencial, por segundo año consecutivo, no incluyó anuncios para el sector agropecuario, uno de sus bastiones, ni reuniones con autoridades locales. Milei llegó, dio un discurso técnico y de batalla política, y se retiró, dejando atrás una ciudad que lo rechazó en las calles y un silencio estridente sobre la tormenta que sacude a su gobierno.
