El Gobierno abandona su bandera y recurre al Tesoro para contener el dólar en víspera electoral

El Gobierno abandona su bandera y recurre al Tesoro para contener el dólar en víspera electoral

Ante la escalada cambiaria y la presión del mercado, la administración de Milei ejecuta un giro forzoso en su programa económico. La venta directa de divisas marca la segunda quiebra del plan original y enciende las alarmas sobre la sostenibilidad de la estrategia financiera.

En un movimiento que equivale a una capitulación de sus principios económicos, el Gobierno nacional se vio forzado a desplegar una intervención directa en el mercado cambiario mediante la venta de dólares del Tesoro. Esta decisión, tomada en un contexto de extrema presión sobre el tipo de cambio a escasas semanas de los comicios, constituye el segundo y más severo golpe al núcleo del programa que Javier Milei y su ministro Luis Caputo diseñaron el año pasado.

La medida, comunicada por el secretario de Finanzas, Pablo Quirno, a través de sus redes sociales, deja sin efecto práctico la banda de flotación pactada con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y admite tácitamente el fracaso de la premisa de la autorregulación del mercado. El techo cambiario de 1400 pesos, acordado con el organismo crediticio, ha sido quebrado, y la divisa exhibía una tendencia firme a superarlo, lo cual impulsó esta maniobra de emergencia.

El trasfondo de la crisis es, una vez más, la aguda escasez de divisas. Pese a haber recibido un cuantioso préstamo de rescate del FMI en marzo –la primera gran fractura del plan–, la administración no logró acumular las reservas necesarias, tal como el propio Fondo recomendaba. El bolsillo del Tesoro, con aproximadamente 1500 millones de dólares para esta operatoria, parece un monto significativo, pero se revela insuficiente frente a una dinámica market que este mismo día superó los cien millones de dólares en ventas.

El costo político de la jugada fue tan alto que Caputo, arquitecto de la medida, fue deliberadamente mantenido al margen del anuncio público. Fuentes oficiales reconocieron que existió una directa instrucción de Milei de “preservar a Toto” del desgaste de ponerle rostro al naufragio de su propia estrategia. En su lugar, se eligió a Quirno, el funcionario a cargo de la relación con el FMI, para que asumiera la exposición y eventualmente deba explicar la contradicción con lo estipulado en el acuerdo.

El acto desesperado apenas logró una moderada tregua: el dólar cedió apenas diez pesos, cerrando en 1375, mientras los mercados reaccionaron con pesimismo. El Riesgo País se disparó hasta los 920 puntos básicos, acercando peligrosamente a la Argentina al nivel de Bolivia, el país con el indicador más alto del mundo. Simultáneamente, las acciones y bonos locales sufrieron fuertes caídas.

La incredulidad se extiende más allá de la volatilidad inmediata. En el horizonte se cierna el espeso muro de vencimientos de deuda de 2026, un problema que ya se especula abiertamente en los pasillos de Hacienda y que arroja dudas sobre la solvencia futura. La señal para los bonistas es profundamente negativa.

Analistas y exfuncionarios no dudan en trazar paralelismos con episodios traumáticos del pasado. Gabriel Rubinstein, exviceministro de Economía, comparó la situación con la intervención que marcó el principio del fin del gobierno de Mauricio Macri, resumiéndola con una frase elocuente: “Houston, tenemos un problema”. En la misma sintonía, el economista Carlos Melconian aconsejó a sus clientes que la única salida ordenada a esta crisis pasaría por reinstaurar controles de capitales.

La operatoria del día, que totalizó ventas por más de cien millones de dólares ejecutadas por el BCRA “a cuenta y orden del Tesoro”, sella un año y ocho meses de profundas contradicciones. Un ciclo que incluyó un blanqueo de capitales, un rescate multimillonario, una liquidación récord de soja y sucesivas intervenciones fallidas, primero con futuros, luego con tasas de interés estratosféricas y restricciones a la banca.

El escenario resultante es de máxima fragilidad. La Rosada observa con creciente alarma cómo los errores de política económica comienzan a incubar una tormenta política de imprevisibles consecuencias, alimentando rumores de una eventual reconfiguración del equipo económico luego de octubre. Hacienda se asemeja hoy a un quirófano a cielo abierto, en el corazón de la peor crisis que enfrenta el gobierno de Javier Milei.

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