«El rumbo no se modifica, se va a redoblar»

«El rumbo no se modifica, se va a redoblar»

El Presidente Javier Milei afirmó que se «redoblará la apuesta» tras la contundente derrota en las urnas, en un acto con escasa convocatoria. La interna con sus socios de coalición estalló con críticas y reproches.

Un clima de derrota y tensión se vivió la noche del domingo en el cuartel general de La Libertad Avanza, lejos de la euforia que caracterizó otros momentos del movimiento. La noche electoral transcurrió sin la banda sonora habitual y con un Javier Milei inédito: sereno, sin saltos ni proclamas exaltadas, quien se dirigió a los presentes desde un escenario rodeado de un silencio espeso y ante un auditorio que no logró llenarse.

El mandatario, flanqueado por algunos de sus ministros –notablemente ausente el titular de Economía, Luis Caputo, pero presente el de Desregulación, Federico Sturzenegger–, asumió el resultado adverso con un mensaje de firmeza inquebrantable. “El rumbo no se modifica, se va a redoblar”, declaró con contundencia, desestimando cualquier posibilidad de un viraje en su estrategia. “No se retrocede ni un milímetro en la política del gobierno”, prometió, en un intento por cerrar filas y proyectar unidad frente al evidente descalabro.

Sin embargo, detrás del discurso oficial de fortaleza, se palpaba una profunda frustración y el inicio de un inevitable cruce de responsabilidades. Fuentes internas confirmaron que entre los referentes del PRO, socios clave de la coalición, cundió la bronca y el malestar, canalizado en pases de factura privados por el resultado obtenido. La derrota, que ya se anticipaba en los sondeos, se materializó con crudeza, dejando al descubierto las fracturas en el seno del gobierno y la alarmante desconexión con un electorado que parece estar retirando su apoyo.

El acto, más que una celebración, funcionó como un reflejo del momento político: un espacio semi vacío que simbolizó el vacío de respaldo en las urnas y un líder que, por primera vez, enfrentó la necesidad de contener una crisis en lugar de encabezar una arenga. La promesa de redoblar la apuesta suena, para muchos analistas, como un guión que choca contra una realidad que exige, al menos, una autocrítica.

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