El estadounidense brindó una lección de técnica y estrategia ante Canelo Álvarez para conquistar el título supermediano, mientras que el japonés extendió su invicto con una victoria contundente en Japón, consolidándose como los máximos exponentes de la disciplina.
El boxeo mundial vivió una jornada magistral que quedará grabada en la memoria de los aficionados. En un despliegue de talento y superioridad, los pugilistas Terence Crawford y Naoya Inoue demostraron por qué están considerados los reyes indiscutidos del ring. Desde Las Vegas hasta Nagoya, el espectáculo pugilístico tuvo dos escenarios de lujo y dos protagonistas que brillaron con luz propia.
En las primeras horas del domingo, en el abarrotado Allegiant Stadium de Nevada, Terence Crawford ofreció una auténtica clase de boxeo al derrotar al mexicano Saúl “Canelo” Álvarez. El combate, promovido por el jeque saudí Turki Alalshikh y el magnate de las MMA Dana White, reunió a casi setenta mil espectadores que fueron testigos de cómo Crawford desmontó metódicamente al hasta entonces reinante monarca de los pesos supermedianos.
Con una estrategia impecable, el pugilista estadounidense se mostró cauteloso durante los primeros asaltos, pero a partir del sexto round desplegó todo su arsenal. Su movilidad, su jab incisivo y los impactos angulados desde diferentes distancias fueron quebrantando la resistencia del mexicano, cuyo rostro amaneció marcado por la contundencia de los golpes recibidos. Los jueces otorgaron tarjetas unánimes a favor de Crawford, confirmando lo que ya era evidente: una actuación soberbia.
La victoria le permite a Crawford hacer historia: conquistó su quinto título mundial en una categoría distinta, igualando la hazaña de leyendas como Sugar Ray Leonard, Thomas Hearns y Floyd Mayweather. Además, a sus 37 años, desmintió el viejo axioma boxístico de que un boxeador más grande siempre vence a uno más pequeño. Tras el combate, Crawford dedicó su triunfo a todos quienes creyeron en él, especialmente tras superar un pasado difícil en Omaha, Nebraska, donde incluso recibió un disparo en su juventud.
Por su parte, Canelo Álvarez reconoció la derrota con deportividad. “Una caída no me define. Vine a la vida para asumir riesgos y ponerme a prueba”, declaró el mexicano, quien no descató una revancha en el futuro.
Casi en simultáneo, al otro lado del mundo, Naoya Inoue defendió con éxito sus cuatro coronas en el peso supergallo ante el retador uzbeko Murodjon Akhmadaliev. A diferencia de Crawford, Inoue optó por un enfoque más conservador, priorizando la efectividad sobre el espectáculo. Sin apresurarse en buscar el nocaut, el japonés construyó su victoria con golpes precisos al cuerpo que minaron gradualmente la fortaleza de su rival.
Akhmadaliev nunca logró encontrar respuestas ante el dominio técnico de Inoue, y el desarrollo del combate dejó en evidencia una clara jerarquía. Las tarjetas de los jueces 117-111, 118-110 y hasta un contundente 120-108 reflejaron la total superioridad del campeón, quien extendió su invicto a 31 peleas y reafirmó su condición de figura dominante en las categorías menores.
La noche cerró con un mensaje claro: Crawford e Inoue, junto al ucraniano Oleksandr Usyk, constituyen la trilogía de superhéroes que domina el boxeo moderno. Maestros del arte, la estrategia y la ejecución, ambos dejaron una huella imborrable en un fin de semana que ya es leyenda.
