Celeste Cid y Benjamín Vicuña protagonizan «Papá x dos», una película que desafía las convenciones y explora los límites de los vínculos afectivos en la contemporaneidad.
En un contexto cinematográfico que cada vez se anima más a retratar las dinámicas relacionales en su forma más genuina y menos convencional, llega a las salas «Papá x dos», dirigida por Hernán Guerschuny. Los protagonistas, Celeste Cid y Benjamín Vicuña, interpretan a una pareja que se enfrenta a una situación inusual: un embarazo que los obliga a replantearse no solo su romance, sino también los conceptos de familia, compromiso y aceptación.
La trama central sigue a Santiago, un hombre de 46 años interpretado por Vicuña, quien cree haber encontrado el amor en Ana, personificada por Cid. Sin embargo, la noticia de que ella espera un hijo de su expareja —encarnada por Lucas Akoskin— desata una crisis que deriva en una propuesta insólita: convivir los tres durante la gestación. Lejos de ser una comedia liviana, el film se sumerge en las profundidades emocionales de sus personajes, transitando entre el drama existencial y momentos de humor ácido.
Amor y deconstrucción en pantalla
Durante una entrevista, ambos actores reflexionaron sobre las capas que propone la película. Vicuña señaló que el largometraje “habla de los nuevos tiempos, de las formas actuales de amar y de componer una familia”. Añadió que se trata de una historia que “ilumina situaciones extraordinarias” y que, si bien puede parecer transgresora, en realidad dialoga con búsquedas genuinas de las generaciones actuales.
Por su parte, Celeste Cid destacó que su generación tiene “la invitación a preguntarse cosas que antes venían con respuestas rígidas y preestablecidas”. Subrayó que su personaje no vive la situación como un conflicto insuperable, sino desde una liviandad que también implica contradicciones y desafíos. “Todos fuimos criados con mandatos —señaló—, y esta película habla del amor actual; actual y actualizado”.
¿Hasta dónde se puede llegar por amor?
Uno de los ejes conceptuales de la cinta es, justamente, la pregunta sobre qué está dispuesta a hacer una persona por amor. Vicuña profundizó en el arco de su personaje: “Santiago es capaz de reinventarse, deconstruirse y aceptar nuevas realidades con tal de amar y ser amado”. Se trata de un hombre con inseguridades, ciertas fobias y dificultades para establecer vínculos estables, lo que hace aún más significativa su decisión de acompañar a Ana en ese tránsito.
La convivencia a tres, lejos de ser planteada como una solución ideal, es mostrada en toda su complejidad emocional. Cid remarcó que “desde la ternura, los personajes se entienden, incluso cuando no pueden con todo”. No se ocultan las tensiones, los celos ni el dolor, pero también se muestran la nobleza y el deseo genuino de hacer funcionar lo que, en principio, parece inviable.
Una paternidad inesperada
La película también aborda el tema de la paternidad tardía y las ansiedades que conlleva. Vicuña comentó que, así como su personaje busca respuestas en libros, hoy muchas personas recurren a herramientas digitales o a su propio instinto para enfrentar la parentalidad. “La paternidad se vive experimentándola —afirmó—. Es algo que se absorbe y se expresa”.
Ambos actores coincidieron en que, si bien la felicidad no es un destino fijo sino una construcción constante, en el camino suele haber lucha y esfuerzo. “A veces, para conseguir la paz se necesita una guerra previa”, reflexionó Vicuña. Cid, por su parte, matizó que con los años la idea de felicidad muta: “Hoy para mí es la calma, la armonía. No se necesitan grandes estímulos”.
Con un tono íntimo y a la vez universal, «Papá x dos» se presenta como una obra valiente que interpela al espectador sobre sus propias convicciones y su capacidad para amar más allá de las estructuras preestablecidas.
