Legisladores de distintos signos políticos cuestionan la negociación con el Tesoro norteamericano, la tildan de maniobra electoral y exigen transparencia en los términos, alertando sobre riesgos para la soberanía nacional y un eventual aval parlamentario.
La oposición política descargó un firme rechazo al anuncio gubernamental de gestionar un auxilio financiero con el Tesoro de los Estados Unidos, una medida presentada como un dique de contención ante la crisis financiera que le permitiría al oficialismo navegar hacia las elecciones legislativas de octubre. Desde diversos espacios políticos se levantaron voces para calificar este potencial salvataje de la Casa Blanca a la administración de Javier Milei como una estratagema con fines electorales, al tiempo que reclaman con urgencia conocer los pormenores del acuerdo y subrayan la indispensable intervención del Congreso Nacional. Los bloques más contestatarios, además, lanzaron una advertencia sobre los peligros geopolíticos y la posible hipoteca de recursos naturales que podría implicar un nuevo endeudamiento con una potencia en pugna por la hegemonía global.
En el centro de la crítica, el jefe del bloque de diputados de Unión por la Patria, Germán Martínez, sostuvo que la necesidad de este financiamiento es la prueba del fracaso del plan económico de Milei y de su ministro de Economía, Luis Caputo. A través de sus redes sociales, el legislador formuló una serie de cuestionamientos públicos sobre el opaco endeudamiento, poniendo el foco en el destino de las reservas, la oportunidad de la operación, las condicionalidades, la obligatoriedad de la autorización legislativa argentina y la información que se elevará al Congreso estadounidense. Martínez se preguntó con crudeza sobre la naturaleza de las contrapartidas: “¿Son militares, como una base en Tierra del Fuego? ¿O se trata de recursos naturales?”, y exigió que el Ejecutivo acate la ley de sostenibilidad de la deuda pública y someta el acuerdo al Parlamento.
Desde la misma bancada, su colega Leopoldo Moreau se expresó en idéntico sentido, acusando a los negociadores oficiales de actuar con “desesperación” tras haber “incinerado miles de millones de dólares” en un vano intento por sostener una ficción de estabilidad cambiaria. Moreau alertó que el préstamo arribará con “condicionamientos onerosos para la soberanía argentina” y dejó en claro que, sin la debida aprobación parlamentaria, ningún compromiso asumido por el Gobierno será considerado válido.
La crítica también resonó con fuerza en otros sectores. El senador radical Martín Lousteau caracterizó la situación con una metáfora contundente: “Ya se quemaron los dólares del Fondo. Cuando vas al FMI es porque las cosas no te salieron bien; cuando vas al Tesoro de EE.UU. es porque las cosas no te salieron doble o triplemente”. Lousteau especuló sobre la trama que se estaría urdiendo para eludir el control del Congreso y reflexionó: “Siempre es bueno tener un amigo grandote. La pregunta es qué te pide. Trump no hace nada gratis”. En esta línea, vinculó los intereses estratégicos de Washington, particularmente en la rivalidad con China, con la relevancia geoestratégica del Atlántico Sur y el estrecho de Magallanes.
Por su parte, Oscar Agost Carreño, de Encuentro Federal, argumentó que un rescate de esta envergadura “solo es viable con amplio respaldo político” y exigió que los funcionarios a cargo rindan cuentas en el Congreso. Subrayó que, a diferencia de un acuerdo con un organismo multilateral, este trató es con un país extranjero, por lo que “la soberanía está en juego y la transparencia es una obligación”. Su compañero de espacio, Nicolás Massot, añadió que el Gobierno persiste en buscar “stocks para resolver un problema de flujos”, una inconsistencia que, a su juicio, esta maniobra solo logra postergar por unos meses.
El repudio se extendió a lo largo de todo el arco opositor. Desde la Coalición Cívica, la diputada Marcela Campagnoli ironizó sobre el apoyo externo a los “desvaríos” locales y se preguntó si se avecina un nuevo plan de distribución de fondos con miras a los comicios. Ricardo Alfonsín, por Proyecto Sur, reclamó la intervención del Congreso y advirtió sobre el alto costo futuro de un acuerdo opaco, recordando que Estados Unidos “no ha sido nunca demasiado generoso con los que se alinean automáticamente”.
El Frente de Izquierda se sumó a la andanada de cuestionamientos. El diputado Nicolás del Caño acusó a Milei de haber pasado de considerar la deuda como inmoral a buscar dos rescates en cinco meses, y se interrogó amargamente sobre el precio a pagar: “¿La Patagonia? ¿La cordillera? ¿El litio?”. Su par, Myriam Bregman, enfatizó que cualquier nuevo endeudamiento significa “pérdida de soberanía y enormes condicionamientos” en áreas sociales vitales, razón por la cual, afirmó, el Gobierno evade el debate tanto en el Congreso como en la sociedad.
