La albiceleste, impecable en la fase grupal, se mide con Nigeria en octavos de final, un rival que le dejó una herida abierta en el último mundial. El equipo de Placente no solo busca un boleto a cuartos, sino exorcizar los fantasmas del pasado y terminar con una sequía de catorce años.
La Selección Argentina Sub-20 se apresta para un duelo que trasciende la mera clasificación. Este miércoles, en el Estadio Nacional Julio Martínez Prádanos, el equipo dirigido por Diego Placente se medirá ante Nigeria en los octavos de final del Mundial de la categoría, en un partido cargado de simbolismo y la búsqueda de una reparación histórica.
El combinado nacional arriba a esta instancia decisiva con el ímpetu que le otorga una fase de grupos perfecta. Fue el único equipo, junto a Japón, en conseguir los nueve puntos disponibles, tras superar con autoridad a Cuba, Australia e Italia. Este rendimiento intachable ha generado una lógica expectativa entre la afición, que ve en esta generación de futbolistas la posibilidad de un resurgimiento.
Sin embargo, el camino se topa con un adversario conocido y que evoca un recuerdo amargo. Nigeria no es un rival más; es el equipo que, en el último Mundial Sub-20 celebrado hace dos años, cortó en seco la ilusión argentina con una contundente victoria por 2-0, también en la ronda de octavos. Aquella derrota inesperada sigue fresca en la memoria, transformando este encuentro en una auténtica revancha.
Para los dirigidos por Placente, la motivación es doble. Por un lado, está la oportunidad de saldar una deuda pendiente con el pasado reciente. Por el otro, se presenta la chance de romper una mala racha que se prolonga desde 2011, año en que la albiceleste logró por última vez acceder a los cuartos de final de un Mundial Juvenil. En aquella ocasión, un equipo que contaba con figuras como Erik Lamela cayó ante Portugal en los penales. Desde entonces, los intentos en 2019 y 2023 terminaron con eliminaciones prematuras ante Mali y la misma Nigeria, respectivamente.
El partido, programado para las 16.30 y con transmisión de DSports y Telefe, representa así un examen crucial. No solo se juega un pase a la siguiente fase, sino la superación de una barrera psicológica. Mientras Argentina llega con la moral por las nubes, su rival africano avanzó a esta instancia de manera más sufrida, clasificándose como uno de los mejores terceros luego de finalizar detrás de Colombia y Noruega en su grupo.
El escenario está servido para un enfrentamiento de alta tensión. Con el árbitro italiano Maurizio Mariani dirigiendo el cotejo, la juvenil Albiceleste se enfrenta no solo a once jugadores nigerianos, sino al peso de su propia historia. La pregunta que flota en el ambiente es si esta vez podrán torcer el destino y dar un paso firme hacia la gloria, dejando atrás los fantasmas que los persiguen.
