La presión compradora, agudizada por la incertidumbre preelectoral y una masiva inyección de pesos, impulsó al dólar a máximos históricos. Aunque se registraron ventas atribuidas al Tesoro norteamericano, la demanda privada resultó abrumadora, forzando una nueva devaluación del peso.
El mercado cambiario volvió a ser escenario de una intensa presión compradora que impulsó la cotización del dólar a niveles sin precedentes. La sostenida tendencia alcista, que ya cumple cuatro jornadas consecutivas, no pudo ser contenida pese a la aparición de ventas que los operadores atribuyen al Tesoro de los Estados Unidos, en el marco de su asistencia financiera a la Argentina.
Este viernes, la tensión se palpó en cada rincón de la plaza financiera. La confirmación del secretario del Tesoro norteamericano, Scott Bessent, respecto de operaciones de venta realizadas el jueves, no fue suficiente para calmar los ánimos. “La prensa internacional sugiere que un préstamo de cuatro bancos de inversión podría materializarse dentro del mismo marco de asistencia, negociaciones que estaría liderando el propio Tesoro”, destacó Juan Manuel Franco, economista jefe del Grupo SBS.
Sin una comunicación oficial que disipe las dudas, la sombra de la intervención extranjera se hizo presente poco antes de las 14 horas, cuando una fuerte oferta de 130 millones de dólares logró frenar temporalmente el avance de la divisa. Sin embargo, en la recta final de la rueda, el escenario replicó el del día anterior: la demanda privada se intensificó, llevando al dólar mayorista a un pico intradiario de $1.476, un récord nominal.
Al alcanzar ese nivel, el precio rozó el techo de la banda de no intervención del Banco Central, lo que habilita a la autoridad monetaria a vender divisas sin necesidad de esterilizar. Aunque estas ventas no llegaron a concretarse, en los minutos finales se observó una intensificación de las órdenes de venta en $1.450, con el claro objetivo de aplanar la cotización y fijar un cierre en ese nivel.
“La demanda se sostuvo con firmeza en todos los segmentos, en un clima de inestabilidad preelectoral y una clara escasez de oferta. Los operadores permanecieron a la expectativa de una eventual intervención del Tesoro norteamericano para abastecer al mercado”, comentó Nicolás Merino, operador de ABC Mercado de Cambios. Agregó que, pese a las intervenciones puntuales, la demanda se impuso una vez más, empujando los valores hacia la alza y dejando al descubierto tramos de la rueda completamente desprovistos de posturas vendedoras, un reflejo elocuente de la tensión reinante.
El resultado fue un volumen de negocios extraordinario, que alcanzó los USD 724,4 millones en el segmento spot, evidenciando la fiebre dolarizadora en vísperas de los comicios. El tipo de cambio oficial concluyó la jornada con una fuerte alza de 48 pesos, equivalente a un 3,4%, situándose en $1.450 para la venta, su valor más alto en un mes. En el Banco Nación, el dólar para el público se ofreció a $1.475.
Factores Conjugados para la Tormenta Perfecta
Detrás de este salto cambiario se conjugan varios elementos. A la habitual búsqueda de cobertura ante las elecciones, se le suma un período de menores liquidaciones de divisas por parte del sector agropecuario, que ya había adelantado ventas en septiembre. Este fenómeno estacional potencia la tendencia alcista.
Paralelamente, una demanda privada amplificada –que abarca desde importadores hasta pequeños ahorristas–, impulsada por la incertidumbre sobre la continuidad de la política cambiaria vigente después de los comicios, ejerce una presión alcista que excede los fundamentos económicos tradicionales.
Un ingrediente clave de la jornada fue una masiva inyección de liquidez por aproximadamente $2,1 billones, fondos que quedaron disponibles tras la renovación parcial de las Lecap. Este colchón de pesos otorgó mayor potencia a la demanda dolarizadora, que llegó a desbordar las defensas disponibles. Un informe de GMA Capital señaló que, con un respaldo de $14 billones, el Tesoro Nacional se dio el lujo de inyectar pesos al sistema.
Las declaraciones del presidente del Banco Central confirmarían un viraje en la política monetaria, priorizando la acumulación de reservas. No obstante, la gran incógnita reside en si el resultado electoral permitirá una normalización ordenada o si, por el contrario, un revés político forzará un reacomodamiento más turbulento de las variables macroeconómicas. En este contexto de fragilidad, las reservas internacionales del BCRA cayeron USD 533 millones, ubicándose en USD 41.168 millones, su nivel más bajo desde finales de septiembre.
