En el octogésimo aniversario del Día de la Lealtad Peronista, una marea humana colmó las calles aledañas al domicilio de la expresidenta. El acto se transformó en un contundente rechazo a la condena judicial que pesa sobre ella y al rumbo económico del Gobierno nacional.
La tarde del viernes en Buenos Aires se tiñó de historia y fervor político. Minutos antes de las seis, una voz familiar comenzó a difundirse por los altoparlantes ubicados en los alrededores de San José 1111. Al instante, los cánticos se apagaron y una multitud, que hasta entonces se dispersaba por la zona, convergió hacia el balcón. Eran las palabras de Cristina Fernández de Kirchner, dirigiendo un mensaje a sus seguidores en un nuevo aniversario del 17 de octubre.
Para la expresidenta, que cumple su cuarto mes de condena y observa con alarma el avance del plan económico oficial, esta conmemoración distó de ser una fecha más. “Hoy no venimos a recordar una efeméride, venimos a recordar una lección de la historia”, afirmó en su alocución, estableciendo un paralelismo directo con el pasado. “Cuando los poderosos de afuera pretenden decidir quién gobierna, la respuesta debe ser la misma que hace ochenta años: la soberanía no se negocia”.
Horas antes, el paisaje urbano había comenzado a modificarse. Desde puntos neurálgicos como Plaza Constitución, Once y Retiro, columnas de militantes iniciaron su marcha. En Constitución, diversas agrupaciones se plegaron a La Cámpora. Hombres, niños con remeras y banderas que ostentaban los rostros de Perón, Evita, Néstor y la propia Cristina, avanzaban bajo un cielo amenazante. La ansiedad crecía a cada paso. Este aniversario, para muchos, representaba un punto de inflexión. “Como si la historia fuera circular, acá estamos, yo más viejo y cansado pero igual de convencido”, compartió Oscar, un jubilado de 84 años que llegó desde Avellaneda con su familia. “Si no salimos a reclamar por la libertad de Cristina, ¿quién lo hará por nosotros?”, se preguntó, con la emoción a flor de piel.
Entre la marea de personas, se destacó la presencia del gobernador Axel Kicillof y gran parte de su gabinete, integrando la columna del Movimiento Derecho al Futuro. El mandatario bonaerense, quien días atrás se reunió con CFK después de meses de distanciamiento, caminó junto a los simpatizantes. “Hemos venido a participar porque con la justicia se persigue a los dirigentes del peronismo a lo largo de la historia”, manifestó Kicillof, reforzando la narrativa de persecución política.
El ambiente en las inmediaciones de la vivienda de la líder era una mezcla de feria y acto político. Puestos callejeros ofrecían comida, bebida y toda clase de merchandising político. Las conversaciones espontáneas giraban invariablemente en torno a la condena judicial que enfrenta la expresidenta y la crítica situación social. Adriana y Laura, dos jubiladas que por primera vez se sumaban a una movilización peronista, detallaron su deterioro económico. “Desde que asumió Milei estoy cada vez peor”, afirmó Adriana con desaliento. En contraste, Cinthya, una joven de Ezeiza, expresaba una postura combativa: “Vamos a demostrar la lealtad con ella hoy… Creo que el pueblo despertó”.
A medida que las calles se estrechaban por la presión humana, la música de bombos y trompetas se adueñó del espacio. “Con la Jefa los soldados de Perón”, coreaban con fervor. Florencia, una docente, resumió con rabia el sentir de muchos: “Vengo porque lo que le están haciendo a Cristina es una injusticia para el pueblo. Están matando a la democracia”.
El clímax de la tarde llegó con la reproducción del mensaje de audio de CFK. La multitud enmudeció por unos segundos para escuchar. En su discurso, la expresidenta trazó un audaz paralelismo histórico: “En aquel entonces era Braden o Perón. Hoy pareciera ser Bessent o Perón”. Con esta comparación, señaló lo que considera una injerencia extranjera constante y la incapacidad de la derecha local para construir un proyecto inclusivo. “Hoy hay algo más profundo que la escasez; hay cansancio, frustración, angustia, la sensación de que el futuro no existe”, reflexionó, antes de realizar un llamado a la acción: “Esa fue siempre nuestra fuerza: transformar el dolor en organización… Y ojo, que si no lo hacemos nosotros, no lo va a hacer nadie”. Su cierre fue una consigna clara y contundente de cara a las próximas elecciones: “Es Milei o la Argentina”.
Puntualmente a las seis, la multitud estalló en una ovación estremecedora al aparecer Cristina Fernández en el balcón. Banderas, mensajes y canciones de militancia la recibieron en un momento cargado de emotividad. Con el paso de las horas, la gente comenzó a dispersarse lentamente, aunque con la sensación persistente de que, en el espíritu de la lucha, la gente, en realidad, nunca se va.
