Un informe oficial revela que los hogares han duplicado su exposición crediticia en veinte años, recurriendo masivamente a préstamos y ahorros para compensar la caída del poder adquisitivo, configurando una frágil ecuación de supervivencia.
Un profundo cambio estructural se ha instalado en la economía de los hogares argentinos, según se desprende del último informe del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec). La radiografía estadística, correspondiente al primer semestre de 2025, confirma que el endeudamiento se ha consolidado como un componente fundamental para la subsistencia de las familias, en un contexto marcado por la persistente crisis económica y una severa erosión de los ingresos.
El organismo que conduce Marco Lavagna detalla que, ante la imposibilidad de sostener el consumo con los ingresos habituales, las familias han incrementado de manera drástica su dependencia del crédito. La comparación con los datos de 2003 es elocuente: mientras que a principios de siglo sólo el 22% de los hogares adquiría bienes en cuotas o al fiado, actualmente esta práctica alcanza a más de la mitad de la población, representando un 50,9%. Paralelamente, la proporción de familias que solicita préstamos a entidades bancarias o financieras se ha cuadruplicado, escalando desde un 3,4% hasta un 14,2% en el mismo lapso.
Esta transformación no es homogénea y exhibe las profundas desigualdades del entramado social. El estudio distingue una marcada brecha en las modalidades de financiación según el nivel socioeconómico. Los hogares de menores recursos demuestran una mayor propensión a acudir al crédito informal, apoyándose en préstamos de familiares o amigos, una estrategia que emplea el 22,5% de este estrato. Por el contrario, los sectores de ingresos altos se endeudan predominantemente a través del sistema financiero formal, evidenciando las dificultades de acceso que enfrentan los más vulnerables.
La situación de emergencia ha llevado a las familias a tomar medidas extremas para equilibrar sus finanzas. Casi cuatro de cada diez hogares, un 37,4%, se han visto forzados a utilizar sus ahorros o a vender pertenencias personales durante 2025, la cifra más elevada en dos décadas. Este dato refleja un giro significativo en la mentalidad del ahorro, que ha pasado de ser un resguardo para el futuro a un recurso de emergencia para paliar la coyuntura inmediata.
El informe del Indec subraya que esta dependencia del financiamiento, ya sea formal o informal, si bien proporciona un alivio transitorio al consumo, incrementa la vulnerabilidad económica de los hogares. La capacidad de respuesta ante imprevistos o una eventual profundización de la crisis se ve seriamente comprometida, generando un círculo vicioso de deuda y desprotección.
En síntesis, la economía doméstica argentina se sostiene sobre un precario trípode donde el trabajo formal, las transferencias estatales y el endeudamiento se entrelazan para garantizar la supervivencia. Este nuevo paradigma, donde el crédito funciona como una extensión del salario, no solo redefine los hábitos de consumo sino que plantea serios interrogantes sobre la sostenibilidad financiera de las familias en el mediano plazo.
