En un partido cargado de simbolismo, la Selección Argentina se impuso 2-0 con goles de Lautaro Martínez y su capitán, quien ofreció un show magistral y se robó todas las miradas en Luanda.
Luanda, Angola.- La Selección Argentina cerró su ciclo de compromisos internacionales del año con una victoria contundente y un despliegue de jerarquía en tierras africanas. El combinado nacional se impuso por 2-0 ante Angola en el Estádio 11 de Novembro, en un encuentro que trascendió lo deportivo para convertirse en una exhibición del talento de Lionel Messi, la gran figura de una noche mágica.
La jornada estuvo matizada por un significativo gesto diplomático previo al pitido inicial. El presidente de Angola, João Lourenço, ingresó al terreno de juego para saludar a los protagonistas, recibiendo de manos del propio Messi la camiseta albiceleste número diez, un momento que enfatizó la dimensión global del astro argentino.
Una vez iniciado el cotejo, el equipo local sorprendió con una presión intensa y una notable ambición, disputando palmo a palmo la posesión del esférico a la campeona del mundo. La igualdad se mantuvo durante la primera etapa, con escasas llegadas de peligro real. Sin embargo, la genialidad del capitán argentino comenzó a iluminar la cancha. Cerca de los veinte minutos, una acomodada y potente definición suya dentro del área obligó al guardameta Hugo Marques a realizar una difícil intervención. Minutos más tarde, otra oportunidad clara surgió de su botín, aunque su remate de primera intención fue desviado.
La apertura del marcador llegó como resultado de una jugada de lujo. Messi, con la vista puesta en el desmarque, filtró un pase magistral hacia Lautaro Martínez, quien no perdonó con un remate potente y preciso que se coló entre los legs del portero para estremoder las redes.
En el segundo período, la Albiceleste administró con solvencia su ventaja, manteniendo el control del juego en campo rival. Aunque no logró generar una abrumadora cantidad de ocasiones, supo manejar los tiempos y neutralizar los esporádicos intentos de reacción angoleños, sin permitir que el arquero Gerónimo Rulli pasara apuros.
El broche de oro lo puso el mismo Messi, quien, en una inversión de roles, recibió un preciso pase de Lautaro para definir con clase y colocar el segundo tanto. La anotación, pese a ser en contra de la escuadra local, desató un estruendoso grito de celebración en las tribunas, una muestra del fervor que despierta el rosarino en cualquier rincón del planeta. Su actuación culminó a cinco minutos del final, cuando fue ovacionado en su salida para dar paso al debutante Joaquín Panichelli.
Con esta brillante presentación, la pulga continúa escalando cifras estratosféricas. Se acerca de manera inexorable a la histórica barrera de los 900 goles oficiales en su carrera, un hito monumental que refleja una consistencia goleadora sin paralelos en el fútbol moderno. Su legado en la selección mayor ya es inmortal: 115 conquistas y 61 asistencias en 196 presentaciones, números que cementan su estatus de leyenda absoluta.
De este modo, el equipo dirigido por Lionel Scaloni pone punto final a un año exitoso y mira con optimismo hacia el futuro, a la espera del sorteo del Mundial 2026 que definirá los rivales en la búsqueda de revalidar el título conquistado en Qatar.
