Colapso Textil: La Industria Nacional en la Cuerda Floja

Colapso Textil: La Industria Nacional en la Cuerda Floja

Un informe revela el dramático retroceso del sector, con plantas operando al 40% de su capacidad, una ola importadora a precios de dumping y la pérdida de miles de puestos de trabajo formal, en un contexto de consumo interno devastado.

La industria textil enfrenta su crisis más profunda en veinte años, marcando un giro radical respecto del ciclo de expansión e inversiones récord que caracterizó al período 2020-2023. Desde el cambio de gobierno, el sector se hunde en una recesión continua, según un análisis de la Fundación Protejer, que atribuye este declive a una combinación de tipo de cambio apreciado, desplome del consumo y una apertura comercial sin restricciones.

El escenario que se despliega es crítico: seis de cada diez máquinas se encuentran detenidas, un indicador elocuente de que la producción ha tocado su nivel más bajo en relación con la capacidad instalada. Los datos oficiales confirman que, a lo largo de 2024 y lo que va de 2025, la utilización de las plantas textiles apenas ha superado el cuarenta por ciento, una cifra que retrotrae la actividad a los momentos más álgidos de la pandemia.

Esta paralización forzosa contrasta con las fuertes inversiones realizadas en los años previos para modernizar la maquinaria, incorporar tecnología y ampliar la escala operativa. Ese capital, destinado a impulsar la competitividad, hoy permanece inactivo. Las empresas, lejos de poder innovar, se ven forzadas a liquidar sus stocks por debajo del costo de producción, incurriendo en pérdidas constantes para intentar mantenerse a flote en un mercado interno arrasado por la caída del poder adquisitivo.

Una prueba contundente de esta debacle es la evolución de los precios en el rubro de indumentaria y calzado, que registró el aumento acumulado más bajo del año, con apenas un 10,8 por ciento. Esta cifra ratifica la teoría de que el sector opera con rentabilidad negativa en un esfuerzo desesperado por conservar una porción de un mercado que se contrae día a día.

La estadística oficial corrobora este diagnóstico desolador: en los primeros nueve meses del año, la producción textil se desplomó un 19 por ciento interanual. En el segmento específico de prendas de vestir, cuero y calzado, la contracción alcanzó el 10,5 por ciento. Se trata de un retroceso generalizado que abarca desde los productos de alta elaboración hasta los insumos básicos de la cadena, configurando un cambio de rumbo total respecto de la dinámica positiva que primaba hace apenas dos años.

El embate de las importaciones y el consumo debilitado

La clase media, pilar del consumo masivo de indumentaria, ha visto sus ingresos severamente erosionados, impactando de lleno en la demanda. Simultáneamente, el atraso cambiario promovido por el esquema económico oficial abarata relativamente las importaciones, que terminan suplantando a la manufactura local. Este fenómeno explica el auge de plataformas de comercio electrónico como Temu y Shein, que se han popularizado masivamente y multiplican por tres sus volúmenes de ventas respecto a períodos anteriores. El dólar barato, según la fundación, no solo incentiva los gastos en el exterior y las importaciones, sino que también desalienta cualquier intento de exportación.

La entrada de productos textiles del exterior ha alcanzado niveles sin precedentes. Entre enero y octubre de 2025, las importaciones del sector crecieron un 89 por ciento en volumen respecto de igual etapa del año anterior. Sin embargo, el dato más significativo no es solo el volumen, sino el precio: el valor promedio por kilo se estableció en 4,36 dólares, el más bajo de la última década, un fuerte indicio de subfacturación y prácticas de dumping que desplazan de manera directa a la producción nacional.

Este aluvión se ve facilitado por el desmantelamiento de los mecanismos estatales de control al comercio exterior, incluyendo la eliminación de valores de referencia y la flexibilización de las exigencias de etiquetado. El resultado, denuncian desde el sector, es una apertura comercial irresponsable que habilita la competencia desleal y la triangulación de mercancías.

La contracara humana: miles de empleos perdidos

La sustitución de producción local por bienes importados tiene su correlato en el mapa productivo nacional. Hasta julio de 2025, cerraron sus puertas 427 establecimientos textiles, lo que representa una caída del siete por ciento del total. El empleo formal acompaña esta tendencia devastadora: entre diciembre de 2023 y agosto de 2025, se perdieron 14.000 puestos de trabajo registrados en el sector, equivalente al doce por ciento de la plantilla formal. Si a esta cifra se le suma la contracción del empleo no registrado, que escapa a las estadísticas oficiales pero se reduce al mismo ritmo que la crisis, la magnitud del problema social se agrava considerablemente.

La crisis textil desnuda las consecuencias de un modelo económico que prioriza la liberalización comercial, en un contexto de mercado interno contraído y sin políticas industriales que actúen como contrapeso. Donde antes se vislumbraba un horizonte de crecimiento, hoy reinan la incertidumbre, la capacidad ociosa y un retroceso que amenaza con desarticular un sector estratégico para la estructura productiva y el empleo urbano del país.

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