Un informe oficial revela que la incapacidad para honrar las deudas se duplicó en siete meses. La situación afecta a millones de personas, que recurren tanto a la banca tradicional como a prestamistas alternativos, generando una peligrosa concentración de riesgo en un mismo núcleo de la población.
La frágil situación financiera de los hogares argentinos exhibe signos de un deterioro acelerado, según los últimos datos divulgados por el Banco Central. La cantidad de individuos que enfrentan serias dificultades para cumplir con sus obligaciones crediticias se duplicó durante los primeros siete meses del año, pintando un cuadro alarmante sobre la salud económica de las familias. Este fenómeno no distingue entre el circuito financiero formal y el alternativo, evidenciando el impacto de la merma en los ingresos y los elevados costos que imponen tanto los bancos como las fintech, mutuales y cadenas comerciales.
El Informe de Proveedores No Financieros de Crédito (PNFC), elaborado por la autoridad monetaria, completa la radiografía de un endeudamiento que se inicia en las entidades tradicionales y encuentra una continuidad en los prestadores no bancarios. Este circuito deriva en un doble endeudamiento, una práctica que multiplica la vulnerabilidad de los usuarios. La expansión del crédito fuera de la banca se sustenta, precisamente, en una clientela que ya arrastra compromisos significativos, lo que concentra el riesgo en un mismo universo de personas.
El universo de deudores se incrementó en un 12% entre enero y julio, hasta abarcar a 11,2 millones de personas, una cifra que refleja una demanda vigorosa de financiamiento externo al sistema bancario. Paralelamente, el monto promedio de la deuda también registró un aumento del 6%, indicando que no solo hay más solicitantes, sino que estos están accediendo a sumas más cuantiosas. No obstante, este aparente dinamismo tuvo su contracara en un deterioro abrupto de la capacidad de pago. La tasa de irregularidad en las carteras escaló hasta el 16,2%, casi duplicando los valores registrados a comienzos del año, lo que sugiere un empeoramiento de las condiciones económicas individuales y el ritmo acelerado de concesión de préstamos.
Un segmento particularmente afectado es el de los jóvenes, quienes constituyen el grupo que más rápidamente contrae obligaciones fuera del sistema financiero formal. Existen, además, 6,2 millones de personas con deudas en ambos sistemas, un núcleo que incrementó sus pasivos con la banca en un 37% solo este año, para luego trasladar su demanda de crédito hacia los prestadores alternativos.
Cabe destacar que esta curva ascendente en la morosidad comenzó su trayectoria antes de las recientes medidas de política monetaria, las cuales desataron un período de alta volatilidad con tasas de interés que superaron el 100% en el mercado mayorista y escalaron hasta el 200% para el financiamiento personal. Por ello, se anticipa que el volumen de deudas y el nivel de irregularidad han mantenido una tendencia creciente, alcanzando niveles históricos tanto dentro como fuera del sistema financiero.
El documento, conocido este jueves, detalló que el saldo total de financiamiento de los PNFC alcanzó la suma de 11 billones de pesos, marcando 16 meses consecutivos de alza en términos reales. Este escenario consolida una expansión del 19% respecto a inicios de 2025 y un incremento interanual del 84%, configurando un panorama donde el crédito, lejos de ser una solución, se transforma en un eslabón más de una cadena de precariedad financiera para las familias.
