En una epopeya definida desde los doce pasos, el equipo de Mauricio Pellegrino se impuso al Atlético Mineiro de Jorge Sampaoli y alzó por segunda vez en su historia el codiciado trofeo internacional, en una noche donde el arquero Nahuel Losada emergió como la gran figura.
Córdoba fue testigo de una nueva hazaña del fútbol argentino. En un estadio abarrotado por la fervorosa hinchada granate, Lanús se coronó anoche campeón de la Copa Sudamericana tras superar en una dramática definición por penales al poderoso Atlético Mineiro de Brasil. Bajo la conducción técnica de Mauricio Pellegrino, el conjunto del sur del Gran Buenos Aires escribió una página gloriosa en su centenaria historia, sumando una estrella internacional que brilla con luz propia.
La tensión dominó la final durante los noventa minutos reglamentarios y el tiempo suplementario, donde ninguna de las dos escuadras logró quebrar la paridad en el marcador. La resolución, como suele ocurrir en estas instancias decisivas, llegó desde el punto penal. Fue allí donde surgió la figura del guardameta Nahuel Losada, quien se erigió en el héroe indiscutido de la gesta. El cancerbero realizó tres atajadas monumentales, negándole el gol a referentes del equipo mineiro como el temible Hulk, Gabriel Texeira y Vitor Hugo.
Desde los once metros, la escuadra granate demostró una templanza admirable. Carlos Izquierdoz, Sasha Marcich, Dylan Aquino, Agustín Cardozo y Franco Watson convirtieron sus disparos con frialdad, asegurando el título para su club. Solo Walter Bou y Lautaro Acosta fallaron en su misión, en medio de una presión insoportable. Por el lado del elenco brasileño, Gustavo Scarpa, Igor Gomes, Everson y Alexsander fueron los ejecutores que lograron batir a Losada.
Esta conquista representa el segundo título de la Copa Sudamericana para la institución de Lanús, que iguala así la hazaña lograda en el año 2013, cuando también superó a un rival brasileño, Ponte Preta. La trayectoria del equipo durante todo el certamen fue ejemplar. Tras liderar de manera invicta un grupo complejo, sorteó una sucesión de compromisos eliminatorios donde demostró su carácter. Superó a Central Córdoba en una batalla campal, dejó en el camino al Fluminense y, en las semifinales, doblegó a la Universidad de Chile, sellando cada serie con una contundente actuación en su fortaleza. El sueño sudamericano del Granate es, hoy, una realidad que palpita en cada corazón de su gente.
