La administración de Javier Milei establece un nuevo esquema tarifario que reemplazará la segmentación por ingresos, apuntando a que la mayoría de los hogares abone la tarifa plena a fines del próximo año, en un movimiento que impactará directamente en las facturas de luz y gas.
En un giro significativo de su política energética, la administración del presidente Javier Milei ha delineado una hoja de ruta para desmantelar de manera progresiva los subsidios a la energía destinados a los hogares, con el horizonte puesto en diciembre de 2026. La iniciativa, formalizada mediante una resolución publicada en el Boletín Oficial y sujeta a una consulta pública, marca el fin del esquema vigente de segmentación por niveles de ingresos y da paso a un modelo binario que distinguirá simplemente entre usuarios con y sin asistencia estatal.
La medida se enmarca en el objetivo oficial de saneamiento fiscal y busca que, al concluir el proceso, la mayor parte de la población costee el valor real de la energía que consume. Según fuentes oficiales, la transición se realizará de forma mesurada a lo largo del próximo año, replicando la estrategia de ajustes escalonados aplicada con anterioridad.
El nuevo paradigma elimina las categorías N1, N2 y N3, sustituyéndolas por un criterio de elegibilidad basado en un análisis integral de los ingresos, el patrimonio y la situación socioeconómica de las familias. Para ser beneficiario de los subsidios, los hogares no deberán superar un ingreso mensual equivalente a tres Canastas Básicas Totales, un monto que actualmente ronda los $3.6 millones.
El Detalle del Desmantelamiento
En el caso de la energía eléctrica, los hogares que califiquen para la ayuda estatal recibirán una bonificación base del 50% sobre un bloque de consumo de 300 kWh en invierno y 150 kWh en temporada templada. Cualquier excedente en el consumo será facturado a precio completo. No obstante, la novedad radica en la incorporación de una bonificación extraordinaria del 25% para enero de 2026, lo que eleva el subsidio total a un 75% durante ese mes. Este beneficio adicional se irá extinguiendo mes a mes hasta desaparecer por completo en diciembre, mes en el que se prevé el salto definitivo a la tarifa plena para un amplio espectro de la población.
Para el gas natural, el esquema es estacional. El subsidio del 50% se concentrará exclusivamente en los meses de alto consumo (abril a septiembre), mientras que en el verano no habrá asistencia. Al igual que con la electricidad, se aplicará una bonificación transitoria del 25% en enero, que también se reducirá progresivamente hasta su eliminación total al finalizar el año próximo.
Impacto en los Usuarios y Unificación de Programas
Se anticipa que, solo durante el verano, alrededor de 140.000 hogares de ingresos medios comenzarán a pagar la tarifa sin subsidios. El plan gubernamental avizora que, una vez concluido el proceso de doce meses, incluso algunos sectores de bajos recursos dejarán de recibir el apoyo estatal.
Cabe destacar que los usuarios no deberán reinscribirse en el Registro de Acceso a los Subsidios Energéticos (RASE), mecanismo heredado de la gestión anterior. Sin embargo, el proyecto unifica todos los programas de asistencia, incluyendo el gas por redes y las garrafas, bajo un único régimen. En este contexto, los más de 3.3 millones de hogares de bajos recursos que actualmente utilizan el Programa Hogar y reciben garrafas deberán inscribirse en el RASE para acceder a un subsidio equivalente al valor de una garrafa de 10 kilos.
Esta reforma estructural se produce en un escenario donde, según un informe de la UBA, los cuadros tarifarios de la energía eléctrica ya han experimentado un incremento del 263% desde diciembre de 2023, mientras que el gas natural registró una escalada aún más pronunciada, del 748% en el mismo período, sentando las bases para una transformación profunda en el costo de vida de los argentinos.
