En un encuentro sin precedentes, Gimnasia y Estudiantes se enfrentan esta tarde por un lugar en la final del Torneo Clausura. La ciudad de La Plata vive una semana febril ante la definición más crucial de la centenaria rivalidad.
La capital bonaerense palpita con una intensidad única. Este lunes, a partir de las diecisiete horas, el histórico estadio de Gimnasia en 60 y 118 será el escenario de un capítulo extraordinario en la vieja rivalidad que une a “triperos” y “pinchas”. Bajo la atenta mirada del árbitro Facundo Tello, ambos conjuntos no solo disputarán un clásico más, sino un pasaje directo a la final de un torneo oficial de la AFA, algo inédito en sus más de cien años de enfrentamientos, que se remontan a un lejano 27 de agosto de 1916.
El ambiente en la ciudad es eléctrico y ha desplazado cualquier otro tema de conversación. El presente de ambos equipos agrega un condimento dramático. Hace apenas un mes, Gimnasia luchaba por su permanencia. Sin embargo, una épica victoria ante River Plate, bajo el mando de Fernando Zaniratto, obró un milagroso cambio. La salvación deportiva liberó al equipo, que encontró una sólida línea de juego y una confianza arrolladora, materializada en una racha de cinco triunfos consecutivos. Este impulso lo coloca ahora al borde de una hazaña mayúscula: alcanzar una final de Primera División, un sueño que no concretaba desde la conquista del título de 1929.
Por su lado, Estudiantes accedió a esta instancia semifinal por la puerta trasera. Casi eliminado de los playoffs, una combinación afortunada de resultados en la última fecha le permitió clasificar en el octavo lugar, condenándolo a una complicada ruta de visitante. Lejos de amedrentarse, el equipo dirigido por Eduardo Domínguez demostró un temple admirable. Tras superar a Rosario Central en el monumental pasillo de los campeones, viajó a Santiago del Estero y, en medio de una tensa pulseada política con la AFA, doblegó a Central Córdoba. Estas victorias forjaron un espíritu combativo que llega al partido definitorio.
La previa no estuvo exenta de sobresaltos para el conjunto local. Un conflictivo jueves marcado por la falta de entrenamiento debido a demoras en los pagos de salarios y premios generó incertidumbre. No obstante, la calma regresó a Estancia Chica, permitiendo a Zaniratto delinear su estrategia. Finalmente, se confirmó el regreso a la titularidad del colombiano Alejandro Piedrahita, recuperado de una lesión, en reemplazo de Jeremías Merlo. El resto de la formación se mantendría inalterable.
Estudiantes, por su parte, también apostará a la continuidad. Domínguez confiaría en el mismo bloque que fue efectivo en suelo santiagueño, con la sola variante de la experiencia de Ezequiel Piovi por la juventud de Mikel Amondarain. Los números históricos de este duelo favorecen levemente al “Pincha”, con 68 victorias contra 51 del “Lobo” en 190 cruces oficiales, aunque el presente parece haber equiparado las fuerzas.
Ante la expectativa de un coliseo repleto, la Agencia de Prevención de la Violencia en Espectáculos Deportivos (Aprevide) emitió una severa advertencia sobre la prohibición absoluta del uso de pirotecnia. La convocatoria es clara: en el clásico platense más trascendente de todos los tiempos, el único protagonista debe ser el fútbol. Con un sueño finalista en juego, toda una ciudad aguarda que en el campo sólo se libren batallas deportivas, en una tarde que quedará grabada a fuego en la memoria del fútbol argentino.
