Mientras una variante del virus Influenza A, con mutaciones que evaden parcialmente las vacunas, avanza con velocidad inusual por Europa, Asia y Norteamérica, las autoridades reinstalan el uso de mascarillas y el trabajo remoto. Expertos advierten sobre la necesidad de anticipar la campaña de inoculación en el hemisferio sur frente a un escenario local de desinversión en salud pública.
Una intensa y precoz ola de gripe está generando una presión inédita sobre los sistemas de salud en varios países del hemisferio norte, trayendo a la memoria colectiva los momentos más crudos de la emergencia por COVID-19. La circulación de una cepa particular del virus Influenza A, denominada H3N2 subclado K, ha provocado que naciones como Reino Unido, España y regiones de Estados Unidos reinstauren recomendaciones sanitarias que se creían superadas, incluyendo el uso de cubrebocas en espacios concurridos, la suspensión de clases y el retorno al teletrabajo para casos sospechosos.
La particularidad de este brote, que adelantó su aparición entre tres y seis semanas respecto de lo habitual, radica en la habilidad del patógeno para sortear en parte la inmunidad conferida por las vacunas antigripales actuales. Las mutaciones en su superficie dificultan su reconocimiento por el sistema inmunológico, derivando en una mayor cantidad de cuadros severos que requieren hospitalización. Los grupos más vulnerables continúan siendo los niños pequeños y los adultos mayores, quienes pueden desarrollar fiebre elevada, tos seca y un marcado decaimiento general.
Daniela Hozbor, investigadora principal del Conicet en el Instituto de Biotecnología y Biología Molecular de La Plata, explicó a este diario que se trata de un “brote de magnitud” que está saturando los servicios médicos. “Inglaterra anticipa más de ocho mil hospitalizaciones para la próxima semana, una cifra no vista desde 2010”, graficó la bioquímica. Los datos epidemiológicos reflejan un ascenso abrupto: en España, la incidencia se duplicó en una semana, alcanzando los 164 casos por cada cien mil habitantes, lo que ha impulsado a algunas regiones a habilitar puntos de vacunación en centros comerciales para acelerar la inmunización.
Frente a este panorama, las autoridades sanitarias globales insisten en un mensaje crucial: la vacunación antigripal sigue siendo una herramienta fundamental. Aunque la fórmula de este año no cubre de manera óptima el subclado K, que comenzó a circular posteriormente a su diseño, sí mitiga de forma contundente el riesgo de hospitalización y muerte. Este llamado a la prevención se da en un contexto preocupante de descenso generalizado en las tasas de cobertura vacunal, un fenómeno que ya ha tenido consecuencias graves, como la pérdida del estatus de “región libre de sarampión” para las Américas.
La especialista Hozbor subrayó que la situación se complica por la coexistencia de múltiples virus respiratorios, como el SARS-CoV-2 y el sincicial, en un entorno propicio por las bajas temperaturas y la menor ventilación de los espacios cerrados. Esto exige un diagnóstico preciso para orientar el tratamiento adecuado.
La mirada se dirige ahora hacia el hemisferio sur, donde el virus podría representar un desafío mayúsculo durante el próximo otoño. Hozbor y otros expertos plantean la necesidad de adelantar la campaña anual de vacunación antigripal en países como Argentina, para que la población llegue al invierno con una inmunidad consolidada. Esta recomendación técnica contrasta con un escenario político local donde, según advierten los científicos, prevalece un desinterés por la salud pública y se han difundido dudas infundadas sobre la seguridad y eficacia de las vacunas.
“Los patógenos no respetan fronteras”, sentenció Hozbor, recordando que la variante K, detectada primero en Australia, ya está presente en más de treinta países. La experta concluyó con un llamado a la prudencia y a la acción anticipatoria: “No vamos a estar ajenos a esta gripe. Aprendimos que las medidas de higiene, ventilación y protección facial son útiles, pero la vacunación temprana es la estrategia clave para evitar los desenlaces graves”. La sombra de un sistema sanitario al borde del colapso, que hoy se proyecta en el norte, urge a tomar decisiones basadas en la evidencia científica para proteger a la población.