La reforma laboral impulsada por el Gobierno nacional incluye artículos que eliminan los fondos autárquicos del cine, el teatro, la música y la comunicación comunitaria. Voces del sector advierten sobre el riesgo de desaparición de industrias culturales históricas y denuncian un ataque sistemático a la producción nacional.
El proyecto de reforma laboral firmado por el presidente Javier Milei fue enviado al Congreso y desató inmediata alarma en el ámbito cultural. Aunque el foco público se centró en las modificaciones laborales, los últimos artículos del extenso texto plantean un escenario sombrío para la producción artística nacional. Las disposiciones contenidas en los artículos 195 y 196 eliminan las principales fuentes de financiamiento del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA), del Instituto Nacional del Teatro (INT) y del Instituto Nacional de la Música (INAMU), entre otros organismos.
De aprobarse la iniciativa en su redacción actual, el INCAA perdería sus recursos específicos y quedaría supeditado a las asignaciones discrecionales del Ministerio de Economía. Esta posibilidad generó una ola de preocupación entre trabajadores del audiovisual, quienes alertan sobre la potencial desaparición del cine argentino. Las modificaciones alcanzan a la Ley de Cine y a la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, reconfigurando así todo el sistema de fomento cultural y afectando a múltiples disciplinas.
La arquitectura del desfinanciamiento
Las derogaciones propuestas reformulan los mecanismos que sostienen el Fondo de Fomento Cinematográfico. Se suprimiría el impuesto del diez por ciento sobre las entradas de cine, los videogramas y los fondos provenientes del Ente Nacional de Comunicaciones (ENACOM). Paralelamente, se eliminarían los gravámenes a las señales de televisión y radios cuyos destinos actualmente se distribuyen entre el INCAA, el INT, Radio y Televisión Argentina, el ENACOM, la Defensoría del Público y el INAMU, destinándose también a proyectos de comunicación comunitaria, de frontera y de Pueblos Originarios.
Estos cambios ponen en riesgo la existencia de instituciones fundamentales para el desarrollo cultural. El senador nacional Eduardo “Wado” de Pedro se refirió al tema con dureza en redes sociales, afirmando que “mientras habla de ‘modernización laboral’ para disfrazar una flexibilización y quita de derechos, el gobierno de Milei desfinancia la música, el cine y el teatro argentino”. En su declaración, calificó la reforma de “regresiva” y aseguró que será rechazada en el Congreso, interpretando la medida como “una decisión política de desfinanciar la cultura nacional, destruir la producción argentina y silenciar la expresión artística”.
Reacciones y advertencias desde el sector
La publicación del proyecto generó fuertes repercusiones. Reconocidas figuras del ámbito cultural expresaron su desazón y alertaron sobre las consecuencias. El director Adolfo Aristarain fue contundente: “Están vendiendo al país, destruyendo a su gente, robando con impunidad. Son corsarios sin moral ni ética”. Por su parte, la actriz Valentina Bassi definió la iniciativa como “un ataque feroz a la cultura de nuestro país y a nuestro trabajo”, cuestionando los intereses que guían al Ejecutivo.
Desde una mirada técnica, la productora Sandra Gugliotta detalló que, de implementarse la reforma, el INCAA quedaría financieramente vaciado cada fin de año, dependiendo de giros mensuales del Ministerio de Economía, una situación que ya se vivió en el pasado con resultados negativos. Gugliotta vinculó la medida con una ideología que promueve “un cine de millonarios”, donde solo quienes tienen recursos pueden filmar, relegando la diversidad de historias y personajes que caracterizó al Nuevo Cine Argentino. “Es un funeral”, sentenció.
El director Marcelo Piñeyro coincidió en el diagnóstico: “Claramente la intención de esta gente es que no haya más cine argentino”. Fernando Spiner advirtió sobre la pérdida de cientos de miles de puestos de trabajo y subrayó que la industria cinematográfica no solo genera movimiento económico, sino que es pilar de la identidad nacional. “Son nuestros directores, guionistas, actores y técnicos los que cuentan nuestras historias”, remarcó.
Un ataque transversal a las artes
La amenaza se extiende más allá del cine. Gustavo Rohdenburg, presidente de la Unión de Músicxs Independientes, alertó que el INAMU quedaría completamente desfinanciado, perdiendo la capacidad de cumplir sus funciones de fomento. “No hay otra explicación más que el odio hacia las diferentes expresiones del arte”, afirmó, dirigiéndose al ministro Federico Sturzenegger en un comunicado titulado “Federico, ¿por qué odiás el arte?”.
Documentalistas y realizadores como Andrés Habegger y Ernesto Ardito enfatizaron el valor del cine como acto de memoria y como embajador cultural. Ardito señaló la paradoja de que “la libertad mate al cine” y denunció un “crimen de Estado” que acaba con la independencia y la diversidad. Andrés Cedrón, por su parte, interpretó la medida en un marco más amplio de pérdida de soberanía, donde los recursos se direccionan hacia el sector privado, frecuentemente de capital extranjero.
El director Benjamín Naishtat cuestionó la procedencia misma de las modificaciones tributarias dentro de un proyecto de reforma laboral y las calificó de “improcedentes”. Advirtió que su aprobación significaría “poco menos que el golpe de gracia” para una industria que fue modelada durante décadas por políticas públicas de fomento.
El debate trasciende lo meramente sectorial y se instala en la esfera de lo nacional. Lo que está en juego, según la abrumadora mayoría de las voces consultadas, es la preservación de una industria cultural pujante, un reservorio de identidad y una fuente de trabajo para miles de argentinos. El Congreso será el próximo escenario donde se definirá el destino de este proyecto y, según sus críticos, el de la cultura argentina misma.