Un informe oficial revela que la incapacidad de pago de los hogares supera los niveles de las últimas tres crisis económicas, con un crecimiento explosivo en el último año y una situación crítica entre los jóvenes y en el sector de préstamos digitales.
La cartera de créditos personales en mora dentro del sistema bancario argentino registró en octubre un valor sin parangón en los últimos veinte años. El indicador, que refleja la porción de deudores con pagos atrasados, escaló hasta el 7,8%, marcando así un récord absoluto para el período. Este preocupante dato no sólo supera los máximos observados durante las graves turbulencias de la pandemia, la salida del gobierno anterior y el colapso financiero internacional de 2008, sino que además triplica con creces la tasa del 2,5% registrada apenas doce meses atrás, evidenciando una deteriorada velocidad de propagación.
Detrás de esta estadística alarmante se vislumbra una profunda crisis de ingresos que afecta a las familias, las cuales, en un número cada vez mayor, recurren al endeudamiento no para realizar inversiones o gastos extraordinarios, sino simplemente para afrontar las obligaciones cotidianas. Este fenómeno ha transformado la deuda, especialmente a través de tarjetas de crédito y billeteras virtuales, en un componente habitual y riesgoso de la economía doméstica.
La situación se agrava considerablemente al observar el segmento de las empresas de tecnología financiera, o fintech, cuyo mercado ha experimentado una expansión vigorosa en años recientes. En este ámbito, la tasa de morosidad asciende a un preocupante 18%, un valor que duplica ampliamente el promedio del sistema bancario tradicional. Estos créditos, otorgados por plataformas digitales que operan fuera de la órbita de supervisión del Banco Central, se caracterizan por su aprobación casi instantánea y requisitos mínimos, pero conllevan un costo financiero que puede quintuplicar al de los préstamos bancarios convencionales.
Un informe especializado de Provincia Microcréditos, perteneciente al Banco Provincia, subraya que el deterioro ha mostrado un aumento mensual ininterrumpido durante un año completo, un ritmo sólo comparable al observado en el punto más álgido de la emergencia sanitaria. Dentro de este panorama desfavorable, uno de los focos más críticos es el sobreendeudamiento juvenil. El sistema fintech ejerce una fuerte atracción sobre este grupo etario, logrando incluso una penetración casi universal entre adolescentes. La cantidad de jóvenes con deudas en este formato se más que duplicó en el último año, y actualmente más del 41% de ellos presenta irregularidades en los pagos.
Estos préstamos, aunque usualmente de montos reducidos –la mitad no supera los 145.000 pesos–, suelen combinarse con un fenómeno de multiendeudamiento, donde casi un tercio de los jóvenes recurre a más de una entidad crediticia. Alejandro Formento, director de Provincia Microcréditos, explicó que estas plataformas digitales cubren una necesidad de acceso rápido al financiamiento para un sector laboral en crecimiento, como son los trabajadores independientes e informales. Sin embargo, advirtió sobre la insostenibilidad de muchos de estos compromisos, dada la estructura de tasas exorbitantes.
Con este escenario, la morosidad de las familias ya ha dejado atrás los puntos más altos de las tres últimas crisis severas y, aunque aún se halla lejos del colapso del año 2001, la trayectoria actual plantea un desafío formidable para la estabilidad financiera de los hogares y para la política crediticia en su conjunto.
