Federico Sturzenegger, titular de la cartera de Desregulación, generó polémica al calificar de «héroes» a quienes compran dólares para viajar, en plena pulseada del Gobierno por acumular reservas. Su teoría, que enfrenta la lógica de su par de Economía, asegura que esta fuga de divisas fortalece la competitividad exportadora.
En un pronunciamiento que contrasta marcadamente con la urgencia oficial por acumular reservas internacionales, el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, expuso una inusual defensa del gasto en turismo exterior, presentándolo como un estímulo paradójico para la producción nacional. A través de la red social X, el funcionario desató una controversia al rotular como «héroes de la producción» a los argentinos que adquieren moneda extranjera para vacacionar en otros países.
Esta postura colisiona frontalmente con las gestiones que lleva adelante el equipo económico liderado por Luis Caputo, quien busca con premura atraer dólares informales mediante blanqueos para afrontar compromisos de deuda. Mientras el Ministerio de Economía intenta frenar la salida de capitales, Sturzenegger salió a enaltecer ese mismo flujo, argumentando que la demanda de divisas de los viajeros sostiene la competitividad del sector agropecuario, la industria y los servicios exportables.
El núcleo de su raciocinio controvertido reside en una interpretación particular de la balanza comercial. Según el ministro, la compra de dólares para importar servicios (como el turismo) mantendría presionado al alza el tipo de cambio, beneficiando así a todos los exportadores locales. En su visión, restringir estas salidas de fondos abarataría la divisa y, por consiguiente, perjudicaría severamente el potencial de ventas al exterior del país. Llegó incluso a tildar de «casi un crimen de lesa humanidad» las críticas habituales hacia quienes viajan en el verano.
Para sostener su tesis, Sturzenegger apeló a una generalización de manual, afirmando que las naciones con alto volumen de importaciones suelen ser también grandes exportadoras. Sin embargo, omitió deliberadamente analizar el caso específico argentino, donde años de apertura importadora indiscriminada coincidieron con una notoria desarticulación del entramado productivo interno, cuestionando así la relación causal directa que propone.
En su discurso, el funcionario cargó las tintas contra «ideas que nos han ido aislando», responsabilizando en forma genérica al peronismo por el bajo nivel de integración comercial de la Argentina. Concluyó con un llamado a festejar a los turistas, presentándolos como los facilitadores de una dinámica virtuosa de mayor importación y exportación, en sintonía con el proyecto del presidente Javier Milei.
La exposición de Sturzenegger adquiere un matiz singular ante el conocimiento de que el propio ministro planea pasar sus vacaciones fuera del país, un dato que su equipo de prensa se negó a confirmar o detallar. La discrepancia teórica entre dos áreas clave del Gobierno deja al descubierto las tensiones internas en la estrategia para alcanzar la ansiada estabilidad macroeconómica, mientras el debate se instala en la opinión pública entre la lógica ortodoxa y la percepción de un mensaje provocador que parece minimizar la crisis de reservas.
