Especialistas advierten que la convergencia de negligencia estatal, un modelo forestal inadecuado y la crisis climática alimenta las llamas que devoran vastas regiones del país.
Mientras una nueva y virulenta oleada de incendios forestales consume miles de hectáreas en la Patagonia y el centro del territorio nacional, expertos y gestores de emergencias elevan su voz para alertar sobre una tragedia previsible. Lejos de ser un fenómeno natural aislado, la magnitud de los siniestros responde a una compleja trama donde se entrelazan la inacción política, decisiones ambientales erróneas y los efectos palpables del calentamiento global.
En declaraciones radiales, el reconocido abogado ambientalista Enrique Viale cuestionó con firmeza el discurso oficial que suele buscar rápidos culpables individuales. “Esta práctica construye un enemigo externo y le quita responsabilidad al Estado”, afirmó, describiendo con dureza una “desidia total” que involucra tanto al gobierno nacional como a las administraciones provinciales. Para Viale, criminalizar a particulares desvía la atención de las verdaderas causas estructurales del desastre.
El análisis presentado por el especialista es contundente: no se puede comprender la emergencia sin observar la combinación de factores globales y locales. Por un lado, el cambio climático se manifiesta con temperaturas récord y sequías prolongadas que secan la vegetación y la convierten en combustible ideal. Por otro, un modelo forestal basado en especies exóticas, como pinos y eucaliptos, amplifica el peligro. “Estas plantaciones, traídas de Norteamérica, son amantes del fuego”, explicó Viale, recordando experiencias trágicas en Chile y en Corrientes, donde hace tres años las llamas arrasaron el doce por ciento de la superficie provincial.
Muchos de los focos ígneos actuales se desarrollan precisamente en estos bosques implantados, escenarios de alto riesgo donde la falta de infraestructura preventiva agrava las consecuencias. “Con buenas brigadas, equipamiento y cortafuegos adecuados, los daños podrían contenerse. Pero estos incendios han venido para quedarse; el mundo cambió y la crisis climática es una realidad irreversible”, sostuvo el ambientalista.
La crítica se extendió también hacia el sistemático vaciamiento de las políticas ambientales a nivel nacional. Viale señaló como un retroceso significativo la degradación del área de Ambiente a una subsecretaría, acompañada de una reducción presupuestaria del noventa por ciento. Esta drástica merma en recursos y jerarquía institucional tiene, según su visión, un impacto directo en la capacidad de prevenir y responder a catástrofes de semejante escala.
La imagen que emerge es la de un país que arde mientras las llamas revelan no solo la fragilidad de sus ecosistemas, sino también la de sus estructuras de gobierno. La temporada de incendios, cada vez más extensa y destructiva, se presenta así como un sombrío termómetro que mide la temperatura de la crisis ambiental y la falta de una estrategia estatal sólida para enfrentarla.
