El BCRA informó la cancelación parcial de un acuerdo de estabilización financiera por 20.000 millones de dólares otorgado por la administración Trump en 2025. La operación, rodeada de secretismo, genera dudas sobre el origen de los fondos y sus condiciones, mientras se revela que sólo se utilizaron unos 2.500 millones para contener el tipo de cambio antes de las elecciones argentinas.
El Banco Central de la República Argentina comunicó en las últimas horas la cancelación de una porción de las operaciones financieras que mantenía con el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos. Este movimiento se enmarca dentro del controvertido acuerdo de estabilización cambiaria por 20.000 millones de dólares que, por decisión del entonces presidente Donald Trump, fue concedido a la Argentina durante el año 2025. Fuentes cercanas al anterior gobierno estadounidense señalaron en su momento que el objetivo explícito del préstamo era apuntalar políticamente al presidente Javier Milei de cara a los comicios legislativos de medio término.
La determinación de poner fin anticipadamente a una parte de este mecanismo se hizo pública en octubre pasado, en un contexto económico caracterizado por fuertes presiones sobre la paridad cambiaria, una inflación persistente, una actividad económica débil y dificultades para reconstituir las reservas internacionales. Sin embargo, la reciente cancelación ha abierto un nuevo frente de controversia y cuestionamientos.
Desde el Congreso Nacional argentino se ha formulado un pedido de informes formal al BCRA, exigiendo precisiones urgentes. Los legisladores demandan conocer el origen de los recursos empleados para efectuar el pago, así como los plazos, las tasas de interés y las garantías asociadas a este financiamiento. La diputada Julia Strada, una de las voces más críticas, planteó abiertamente si la operación se realizó con fondos provenientes de organismos crediticios internacionales, con el fin de evitar una merma visible en el nivel de reservas del Banco Central. “¿A qué tasa se concretó esta cancelación?”, interrogó la parlamentaria.
Strada profundizó sus señalamientos al advertir una grave falta de transparencia: “Nunca se anunció oficialmente la activación concreta de este swap. El BCRA sólo había informado sobre su firma inicial. En consecuencia, ahora se cancela un instrumento financiero cuyo uso efectivo nunca fue divulgado”. Esta opacidad cubre casi todos los aspectos de la operación, calificada por ambos gobiernos como de “extrema confidencialidad”, lo que impide conocer con exactitud los movimientos ejecutados y los pormenores contractuales.
Del monto total disponible, la Argentina empleó aproximadamente 2.500 millones de dólares. Estos fondos fueron inyectados por el Tesoro norteamericano en el mercado local en las semanas previas a las elecciones, justo cuando el tipo de cambio oficial rozaba el límite superior de la banda de flotación. La estrategia no se limitó a la venta de divisas; incluyó también la compra de pesos en el mercado de “contado con liquidación”, una maniobra destinada a moderar la brecha cambiaria.
La defensa de la operación llegó desde Washington. Scott Bessent, secretario del Tesoro estadounidense y una figura con una influencia cuasi ministerial sobre la economía argentina durante el último año, afirmó en sus redes sociales que “el Presidente Javier Milei continúa cumpliendo con firmeza el mandato renovado del pueblo argentino a favor de la libertad económica”. Bessent añadió que “Argentina ha recuperado el acceso a los mercados financieros y ha implementado cambios alentadores en su marco de política monetaria y cambiaria”.
Al momento de concretarse el acuerdo swap, las condicionalidades impuestas por Trump fueron explícitas: la ruptura del acuerdo de intercambio monetario con China y la continuidad del proceso de desregulación económica en el país sudamericano. Sin embargo, Strada denunció que “Bessent optó por evitar la auditoría del Congreso estadounidense sobre la opacidad en el uso del Fondo de Estabilización de Cambios (FSE). La salida fue que [el ministro de Economía argentino, Luis] Caputo cancelara el swap, aclarando siempre que EE.UU. obtuvo retornos por los pesos invertidos”.
Esta maniobra no pasó desapercibida en los Estados Unidos. Recientemente, el Servicio de Investigación del poder legislativo norteamericano calificó el apoyo como “inusual” y reclamó información más detallada para evaluar su alcance real. Frente a las críticas de sectores opositores a Trump, Bessent salió al cruce, enfatizando que “el FSE nunca ha perdido dinero. Nuestra nación ha recibido el reembolso completo, generando decenas de millones de dólares en ganancias para el contribuyente estadounidense”. El funcionario vinculó directamente la operación con la doctrina de “América Primero”, afirmando que “estabilizar a un fuerte aliado estadounidense, y generar decenas de millones en ganancias para los estadounidenses, es un gran logro”. En este escenario de aparente beneficio mutuo, Bessent confirmó que su gobierno seguirá respaldando a la administración de Milei.
Contexto cambiario inmediato
Mientras se desarrollaba esta polémica financiera, el mercado de cambios mostró un comportamiento volátil. La semana concluyó con el dólar mayorista acumulando un aumento de diez pesos. En la sesión del viernes, avanzó un peso, cerrando en 1.465 unidades, lo que lo mantuvo a menos de un cinco por ciento del techo de la banda cambiaria vigente. En ese día, el Banco Central intervino como comprador, adquiriendo 43 millones de dólares, sumando así casi 200 millones en las primeras operaciones del año. Este movimiento permitió que las reservas internacionales cerraran la semana en 44.396 millones de dólares.
En el segmento minorista, la cotización para el público final se estableció en 1.487,59 pesos para la venta. En el Banco Nación, la referencia operó a 1.490 pesos, marcando un incremento de cinco pesos respecto del día previo. De este modo, el precio extendió la recuperación iniciada el jueves, luego de tres jornadas consecutivas de retrocesos al comienzo de la semana. Pese a las subas registradas en los últimos días, la divisa cerró la semana con un saldo neto negativo de diez pesos, descontando así casi la mitad del fuerte avance experimentado en la semana anterior. Paralelamente, el dólar tarjeta o turista se ubicó en 1.937 pesos, mientras que en el mercado de futuros los contratos mostraron una tendencia irregular y sin una dirección clara.
