Fuego Real, Héroes Virtuales: El Aislamiento del Poder y el Grito de los Brigadistas Olvidados

Fuego Real, Héroes Virtuales: El Aislamiento del Poder y el Grito de los Brigadistas Olvidados

Mientras las llamas consumen vastas extensiones de la Patagonia, la respuesta del Gobierno nacional se ha limitado a una escena ficticia. 

El presidente Javier Milei, cuya administración redujo fondos para el manejo del fuego y ha minimizado los efectos del calentamiento climático, no ha visitado las zonas afectadas, donde más de veintiún mil hectáreas ya son cenizas. En su lugar, optó por publicar en una red social una imagen, generada por inteligencia artificial, en la que aparecía saludando a un combatiente con un incendio de fondo, agradeciendo “a los héroes que arriesgan su vida”. La postal digital, irónica y distante, contrasta con la cruda realidad que viven los trabajadores de primera línea, quienes alzaron su voz para denunciar abandono, precariedad extrema y un desprecio salarial que los obliga a vivir en un infierno cotidiano.

Lejos de cualquier reconocimiento virtual, brigadistas, bomberos y socorristas expusieron las condiciones inhumanas que enfrentan. Con jornadas extenuantes que superan las doce horas diarias, expuestos directamente al fuego y a riesgos constantes, su remuneración no supera los ochocientos sesenta mil pesos mensuales, un ingreso que ha sufrido una erosión de entre el veinticinco y el treinta por ciento desde el año pasado. “Nos llaman héroes porque ahora les sirve, pero somos trabajadores que lo único que queremos es que nos recompensen bien por la tarea que hacemos”, sintetizó con amargura Ariel Dattoli, brigadista de Parques Nacionales. Este desfinanciamiento sistemático ha dejado al sistema de lucha contra incendios en estado crítico: mientras se necesitan al menos setecientos combatientes para proteger las áreas nacionales, hoy sólo hay trescientos noventa y uno.

La emergencia, declarada en las provincias y por la Administración de Parques Nacionales, parece ignorar por completo la dimensión humana. Desde el corazón del foco activo en el Parque Nacional Los Alerces, el delegado gremial Hernán Mondino enumeró un calvario laboral: inestabilidad perpetua con contratos trimestrales, descuentos arbitrarios, obras sociales que no responden y sistemas de riesgo laboral que “miran para otro lado”. A esto se suma una exigencia vital: una jubilación anticipada. “Cargamos todo a hombro, trabajamos con nuestro cuerpo, al lado del fuego, respirando humo… Eso va dañando nuestro organismo. Necesitamos una jubilación diferenciada”, explicó Dattoli, destacando que la ley general, que estipula los sesenta y cinco años, es una burla para cuerpos tan castigados.

La sordera del Ministerio de Transformación, a cargo de Federico Sturzenegger, ante los reclamos paritarios y la negativa a incorporar más personal, es interpretada por los trabajadores como parte de “un plan sistemático para destruir el Sistema Nacional”. Esta política los empuja al pluriempleo forzoso, como relató Alejo Fardjoume, también trabajador de Parques: “Tienen que buscarse otro ingreso y no tienen el descanso adecuado. Es un infierno por donde lo mires”. La guardia, además, es perpetua. Incluso en sus horas de descanso, deben permanecer alerta para acudir ante cualquier llamado, lo que les impide tener “una vida normal”.

El riesgo no es una abstracción. Hubo casos de brigadistas golpeados por rocas desprendidas y uno de los combatientes de Puerto Patriada debió ser hospitalizado con más del cincuenta por ciento de su cuerpo quemado. “Lo vivimos como todas las personas acá. Con la impotencia de no saber por qué los incendios, por qué todos los años lo mismo”, confesó un brigadista del Parque Nacional Lago Puelo, describiendo jornadas agotadoras que comienzan al amanecer y se extienden hasta la noche, afianzando líneas de contención para que el esfuerzo no sea en vano.

Frente a las declaraciones formales de emergencia ígnea, desde la Asociación de Trabajadores del Estado lanzan una consigna contundente: lo que falta declarar con urgencia es la emergencia salarial y laboral de quienes combaten las llamas. Mientras el poder ejecutivo se refugia en simulacros digitales, los verdaderos héroes, que rechazan ese título vacío, libran una batalla tangible contra el fuego y contra el olvido, exigiendo simplemente dignidad, estabilidad y un salario que compense el infierno que respiran.

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