La conducción sindical recorrerá provincias clave en busca de diálogo con gobernadores, mientras prepara sus contrapropuestas técnicas para frenar la iniciativa oficial en el Senado.
En un movimiento estratégico para contrarrestar la avanzada oficialista, la Confederación General del Trabajo (CGT) se apresta a desplegar una intensa agenda federal. El propósito central es establecer conversaciones directas con mandatarios provinciales, buscando consolidar un frente opositor capaz de modificar los aspectos más controversiales del proyecto de reforma laboral que impulsa el gobierno nacional.
La decisión se produce en un contexto de creciente tensión política, a escasas semanas del debate legislativo que el Poder Ejecutivo pretende dar en el Congreso. Frente a la campaña desplegada desde la Casa Rosada, liderada por el ministro del Interior Diego Santilli para conseguir apoyos, la central obrera respondió con la planificación de un recorrido por diversas jurisdicciones. Los máximos referentes del triunvirato gremial –Cristian Jerónimo, Octavio Argüello y Jorge Sola– serán los encargados de encabezar esta gira.
Según trascendió desde las altas esferas sindicales, el itinerario inicial concentrará sus esfuerzos en regiones del norte argentino. Allí, los dirigentes buscarán reforzar el compromiso de gobernadores que, si bien se han mostrado críticos frente a la administración de Javier Milei, mantuvieron en los últimos meses un diálogo fluido con el ministro Santilli. Aquel acercamiento tuvo como finalidad garantizar la aprobación del Presupuesto Nacional para el corriente año.
La iniciativa de la CGT no se limita al ámbito político. Paralelamente, confirmaron que un equipo de asesores legales especializados participará activamente en las comisiones técnicas del Senado. En ese foro, presentarán un detallado conjunto de enmiendas al texto original, con el objetivo declarado de mitigar lo que consideran “un profundo proceso de precarización de las condiciones de los trabajadores”.
La gira representa un contrapunto directo a la estrategia gubernamental de persuasión legislativa, y evidencia la voluntad del movimiento sindical de librar la batalla en múltiples frentes: tanto en el terreno político-provocincial como en el ámbito técnico-parlamentario. El éxito o fracaso de esta ofensiva podría definir el destino de una de las reformas estructurales más emblemáticas y polémicas de la actual gestión.
