En una noche cargada de simbolismo y memoria, el Xeneize fue protagonista absoluto en La Bombonera frente a Millonarios de Colombia, en un encuentro que sirvió para homenajear a una de las figuras más respetadas del fútbol argentino.
La figura de Miguel Ángel Russo permanece viva en la historia grande de Boca Juniors y del fútbol nacional. Su legado, marcado por títulos, liderazgo y una extensa carrera, trascendió las fronteras argentinas gracias a sus experiencias internacionales. Entre ellas se destaca su paso por Millonarios de Colombia, institución que, junto al club de la Ribera, protagonizó un certamen especial en reconocimiento a su trayectoria y aporte al deporte.
El conjunto colombiano llegó a Buenos Aires con el ánimo golpeado tras una derrota reciente frente a River Plate en suelo uruguayo. Esa falta de confianza se reflejó claramente en el césped de La Bombonera, donde su producción futbolística fue discreta y con escasos pasajes positivos. Le costó hacer pie en el partido y nunca logró imponer condiciones ante un rival que se mostró decidido desde el inicio.
Boca, en cambio, afrontó su primera presentación oficial del año con una imagen renovada desde lo actitudinal. Si bien no aparecieron caras nuevas en la formación inicial, el equipo exhibió una intensidad y una vocación ofensiva que habían estado ausentes durante gran parte de la temporada pasada. Esa actitud se tradujo en una presión alta y constante, con hombres adelantados que buscaron ahogar la salida rival y recuperar el balón en zonas peligrosas.
La apuesta táctica del entrenador Ubeda generó sorpresa al incluir desde el arranque a Aguirre, cuando todo indicaba que Zenón ocuparía ese lugar. Junto a Merentiel y Zeballos, conformó un tridente ofensivo que incomodó de manera permanente a la defensa visitante. El dominio territorial y del juego fue casi absoluto para el conjunto local, que manejó los tiempos y se aproximó reiteradamente al arco defendido por De Amores.
Sin embargo, pese al control y a las situaciones generadas, Boca no logró traducir su superioridad en el marcador durante varios pasajes del encuentro. Aun así, la noche dejó sensaciones alentadoras, tanto por el rendimiento colectivo como por el significado emocional de una copa que volvió a poner en primer plano el nombre de Miguel Ángel Russo, un símbolo eterno del fútbol sudamericano.
