El conjunto de Avellaneda apenas pudo rescatar un empate ante un débil Caracas, resultado que lo mantiene lejos de la cima en su grupo de la Copa Sudamericana y enciende todas las alarmas de cara al compromiso dominical frente a Huracán.
En una nueva noche para el olvido, la Academia volvió a tropezar con la misma piedra. El equipo dirigido por Gustavo Costas no logra hallar la brújula que lo guíe hacia la victoria y su presente sigue sumando más interrogantes que certezas. Esta vez, el escenario fue Venezuela, donde el modesto Caracas, un conjunto que transita por aguas turbulentas en su propio campeonato, logró sostener un empate que supo a poco para los locales pero que para la visita representa un nuevo revés en su magro historial reciente. El 1-1 final no sólo dejó sensaciones amargas, sino que profundizó los problemas estructurales de un equipo que parece haber extraviado su identidad.
Con apenas cuatro unidades en tres presentaciones, Racing ocupa ahora la tercera posición de su zona en el certamen continental, ubicándose a tres puntos del Botafogo (líder con siete), a uno del propio Caracas (que suma cinco) y apenas por encima del colista Independiente Petrolero, que todavía no ha logrado sumar. La campaña internacional, que había comenzado con expectativas elevadas, se encamina por un sendero de incertidumbre que obliga a una reacción inmediata si se pretende aspirar a la clasificación.
Desde el silbatazo inicial, la escuadra albiceleste intentó adueñarse del esférico con una actitud similar a la mostrada días atrás frente a Barracas Central, aquel encuentro que también resolvió con una igualdad. Sin embargo, a diferencia de aquella ocasión, esta vez el equipo pudo contar con once hombres durante la totalidad del desarrollo, ya que el «Toto» Fernández evitó cualquier acción temeraria que derivara en una expulsión temprana. Con ese pequeño alivio, la Academia manejó los hilos del encuentro ante un adversario de calidad limitada y escasa reacción, lo que le permitió rondar con insistencia el área rival. La falta de contundencia, una constante inquietante, volvió a hacerse presente.
A los veintitrés minutos, un claro manotazo dentro del área del defensor venezolano Luis Mago ofreció una oportunidad inmejorable para abrir el marcador. Ante la ausencia por lesión de Maravilla Martínez, el encargado de ejecutar la pena máxima fue Gabriel Rojas. El lateral izquierdo, que regresaba a la actividad después de perderse seis encuentros por una convocatoria que derivó en su debut con la Selección Nacional, no logró imprimirle la suficiente potencia a su disparo, colocando el balón hacia el palo derecho del arquero Benítez, quien adivinó la trayectoria y contuvo sin mayores contratiempos. Paradójicamente, el período de inactividad de Rojas en la enfermería académica coincidió con la peor racha futbolística del conjunto, una casualidad que muchos hinchas señalan como un síntoma evidente de su importancia táctica. No obstante, su reaparición fue breve, ya que debió ser reemplazado antes de finalizar el primer tiempo al no encontrarse en condiciones físicas para completar el encuentro.
El cerrojo rival parecía infranqueable cuando el reloj marcaba los minutos finales de la etapa inicial. Racing ya acumulaba más de una docena de disparos sin recompensa, y la impotencia comenzaba a apoderarse del vestuario visitante. Fue entonces cuando apareció la figura juvenil de Tomás Pérez, quien con un cabezazo certero le otorgó la merecida ventaja a los de Costas. La jugada, que nació tras una recuperación ofensiva de Santiago Solari, se potenció con el desborde y el centro preciso de Baltasar Rodríguez, beneficiado por una salida desafortunada del guardameta local. El grito de gol le devolvió la calma a la delegación argentina, que se retiró al descanso con la certeza de haber hecho méritos suficientes para estar arriba en el marcador.
Pero esa tranquilidad se diluyó con una rapidez pasmosa apenas reanudado el complemento. En los primeros segundos del segundo tiempo, Caracas sorprendió con una acción digna de antología. El lateral izquierdo Jesús Yendis protagonizó un golazo inolvidable para las vitrinas locales: ingresó con la pelota dominada al área grande sin encontrar oposición alguna, ante la mirada estática de Martirena y Colombo, para luego soltar un remate impecable que se clavó en el ángulo más alejado del arquero Cambeses. Para la hinchada académica, aquella acción representó una siesta imperdonable de su línea defensiva, un descuido colectivo que terminó por cambiar por completo el destino del partido.
El tanto del empate resultó un mazazo anímico del cual Racing no pudo recuperarse sino hasta los compases finales. Con las variantes ofensivas ya en cancha y un Caracas replegado en su propio territorio, la visita hilvanó algunas asociaciones en campo adversario que reavivaron la ilusión de torcer el rumbo de su mal momento. Incluso hizo su ingreso el delantero chileno Damián Pizarro, refuerzo de renombre que acumula apenas su cuarta presentación, evidenciando un ostracismo notorio en los planes del entrenador. A pesar de sus evidentes dificultades para dominar el balón, el atacante tuvo un mano a mano que exigió una respuesta espectacular del portero Benítez, quien una vez más frustró la celebración visitante. La ansiada solución para este malestar futbolístico, quedó claro, tampoco se encontró en tierras venezolanas.
De regreso al país, el cronograma no otorga tregua. El domingo por la tarde, la Academia volverá a presentarse en el Cilindro de Avellaneda para enfrentar a Huracán en un compromiso que, por su peso específico en la tabla del Torneo Apertura, se ha convertido en una final anticipada. No hay margen para especulaciones: el triunfo es una exigencia inapelable si se pretende ingresar a los playoffs y mantener viva la ilusión en el certamen doméstico. La autocrítica, la corrección de errores y una cuota de rebeldía futbolística serán los ingredientes indispensables para que Racing pueda, de una vez por todas, encontrarle el agujero al mate.
