Mercosur y Unión Europea Sellan un Acuerdo Histórico Tras Más de Dos Décadas de Negociación

Mercosur y Unión Europea Sellan un Acuerdo Histórico Tras Más de Dos Décadas de Negociación

El bloque sudamericano y la UE firmaron en Asunción un pacto comercial que abarca el 20% del PBI mundial. La ceremonia estuvo marcada por las tensiones políticas y la reivindicación del presidente argentino, quien se atribuyó el logro y evitó ovacionar al mandatario brasileño.

Tras un prolongado itinerario de veintiséis años, jalonado por complejas tratativas, desencuentros políticos y constantes fluctuaciones económicas, el Mercosur y la Unión Europea han concretado finalmente la firma de un acuerdo de asociación estratégica. Este tratado, que se erigirá como el más vasto a escala global y representa aproximadamente una quinta parte del producto bruto mundial, fue oficializado en una ceremonia celebrada en el Teatro San José de Flores del Banco Central de Paraguay, el mismo emblemático recinto que vio nacer al bloque sudamericano en 1991.

El acto, conducido por el presidente paraguayo y actual mandatario pro tempore del Mercosur, Santiago Peña, congregó a la mayoría de los líderes regionales. No obstante, destacó la ausencia del presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, quien delegó su representación en el canciller Mauro Vieira debido a inconvenientes en la recepción de las invitaciones. Cabe señalar que Lila sostuvo un encuentro bilateral el viernes anterior en Río de Janeiro con la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, un gesto que generó malestar en los círculos diplomáticos argentinos.

Al dirigirse a los presentes, Peña ensalzó el alcance del acuerdo, describiéndolo como un “triunfo de la diplomacia regional y una reafirmación de nuestra vocación integradora”. En su discurso, atribuyó un papel fundamental al líder brasileño, afirmando que “sin su impulso no hubiéramos alcanzado este día”. Al mencionar a Lula, el auditorio completo estalló en una cerrada ovación, de la que se abstuvo únicamente el presidente argentino, Javier Milei, quien permaneció en silencio.

En marcado contraste con la postura colectiva enfatizada por Peña, Milei se adjudicó una porción significativa del éxito de la negociación. El mandatario argentino calificó el pacto como “el mayor logro del Mercosur desde su fundación”, sosteniendo que su firma es resultado de “una decisión estratégica que Argentina contribuyó a impulsar con determinación” durante su presidencia pro tempore el año pasado. Horas después del evento, el libertario inundó su cuenta de la red social X con mensajes de adherentes que le atribuyen exclusivamente la concreción del acuerdo, replicando la famosa consigna “Milei lo hizo”.

Paralelamente, el presidente argentino volvió a expresar su admiración por el exmandatario estadounidense Donald Trump, elogiando su intervención en Venezuela, país que describió como un “ejemplo claro y doloroso de erosión institucional”. Estas declaraciones coincidieron con el anuncio de una invitación a Milei para integrar un consejo de paz para Gaza, impulsado por el propio Trump.

El tratado, que aún debe ser ratificado por los parlamentos europeos y de los países del Mercosur, eliminará aranceles para el 92% de las exportaciones sudamericanas a Europa y el 91% de las importaciones provenientes del viejo continente. Sin embargo, el camino no ha estado exento de resistencias. A lo largo de los años, diversos sectores, especialmente agrícolas en Francia, Polonia e Italia, han manifestado su oposición al considerarlo “desleal” por las diferencias en estándares ambientales y sociales.

En el plano económico, se espera que el acuerdo consolide el perfil exportador de los países del Mercosur, favoreciendo principalmente a los sectores primarios como el agro y la energía. No obstante, especialistas advierten que podría afectar negativamente a la industria manufacturera y automotriz local, que deberá enfrentar la competencia de bienes europeos con mayor desarrollo tecnológico y costos reducidos, profundizando así un modelo de especialización comercial que, si bien mejorará la balanza de divisas, podría generar un impacto negativo en el empleo industrial.

La firma de este monumental pacto cierra un capítulo de prolongadas negociaciones, pero abre un nuevo escenario de desafíos políticos y económicos, donde las tensiones internas y las asimetrías productivas pondrán a prueba la capacidad de los bloques para transformar este marco normativo en beneficios concretos y equilibrados para todas las partes involucradas.

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