En medio de crecientes tensiones geopolíticas, Bruselas advierte sobre el uso de su «bazuca comercial» si Washington insiste en su pretensión sobre el territorio ártico. Mientras, el mandatario estadounidense justifica su postura alegando razones de seguridad nacional y critica a Londres por la cesión de las islas Chagos.
La Unión Europea se comprometió este martes a ofrecer una réplica sólida a las declaraciones del presidente estadounidense, Donald Trump, quien reavivó su interés por anexionar Groenlandia, una vasta isla bajo soberanía danesa ubicada en el estratégico Ártico. La advertencia se produce en vísperas de un encuentro clave en el Foro Económico Mundial de Davos, donde líderes internacionales abordarán, entre otros temas, el futuro de este territorio rico en minerales y tierras raras.
El regreso del republicano a la Casa Blanca ha traído consigo un renovado enfoque en Groenlandia, presentada por Trump como un bastión esencial para la seguridad nacional de Estados Unidos, ante la creciente influencia de Rusia y China en la región. Ocho naciones europeas, todas integrantes de la OTAN, han expresado su rechazo a lo que consideran un plan expansionista, desplegando incluso una misión militar exploratoria la semana pasada. La reacción de Washington no se hizo esperar: el mandatario amenazó con imponer aranceles comerciales a estos países si persisten en su oposición.
Desde el escenario de Davos, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, alertó que tales medidas podrían dañar severamente la relación transatlántica. «Los aranceles propuestos son un error, particularmente entre aliados de larga data», sostuvo. «Una espiral de confrontación solo beneficiaría a los adversarios que ambos pretendemos mantener a raya. Por ello, nuestra respuesta será firme, unida y proporcionada», subrayó.
En la misma línea, el presidente francés, Emmanuel Macron, instó a la UE a no vacilar en activar el mecanismo anticoerción, popularmente conocido como la «bazuca comercial», cuando se desconozcan las normas internacionales. «Europa posee instrumentos muy potentes y debemos emplearlos cuando no se nos respeta», afirmó Macron, quien abogó por mantener la serenidad sin ceder pasivamente a la «ley del más fuerte». Este dispositivo, aún inédito, permitiría a Bruselas implementar un amplio abanico de sanciones contra Estados Unidos, que incluirían aranceles a productos norteamericanos y restricciones en licitaciones públicas.
El Parlamento Europeo decidió, como gesto de presión, suspender la ratificación del acuerdo comercial entre la UE y Estados Unidos, según confirmaron sus principales grupos políticos. Existe un «consenso mayoritario» para congelar este pacto, señaló la presidenta del grupo socialdemócrata, Iratxe García Pérez.
Mientras, Trump amplió el frente de controversia al criticar con dureza al Gobierno británico por haber acordado devolver la soberanía del archipiélago de Chagos a Mauricio. En una publicación en su red social, Truth Social, el mandatario tildó la decisión de «gran estupidez» y la citó como un argumento más para justificar la necesidad de controlar Groenlandia. «Nuestro ‘magnífico’ aliado de la OTAN cede Diego García, base militar vital, sin motivo alguno. Sin duda, China y Rusia han observado este acto de absoluta debilidad», escribió.
El ministro de Exteriores ruso, Serguei Lavrov, entró en la polémica al recordar que Groenlandia «no es una parte natural de Dinamarca», sino una «conquista colonial». No obstante, aclaró que Moscú no tiene intenciones de inmiscuirse en el territorio ni planes de controlarlo, asegurando que ni Rusia ni China buscan expandirse sobre la isla.
En una rueda de prensa con motivo de su primer año de gobierno, Trump se mostró inflexible. Al ser interrogado sobre hasta dónde llegaría para adquirir Groenlandia, respondió con un lacónico: «Ya lo verán». El mandatario restó importancia a las posibles represalias europeas y se mostró convencido de que, tras dialogar con las autoridades groenlandesas, la población apoyaría su proyecto, pese a que los sondeos actuales reflejan un amplio rechazo.
La crisis abre un capítulo de incertidumbre en la alianza occidental, con la UE movilizando sus herramientas de defensa comercial y advirtiendo que la cohesión será clave frente a cualquier intento de alterar el equilibrio geopolítico en el Ártico.
