En un discurso cargado de referencias bíblicas y duras críticas al socialismo y la «agenda woke», el mandatario argentino defendió el sistema de libre mercado como el único ético y eficiente, al tiempo que enumeró los logros de su gestión ante la élite global.
En el escenario del Foro Económico Mundial de Davos, el presidente argentino Javier Milei pronunció un encendido alegato a favor del capitalismo, al que presentó no solo como el motor del progreso económico, sino como el único sistema social intrínsecamente justo. Su intervención, matizada con constantes alusiones religiosas y filosóficas, constituyó un rechazo frontal a lo que denominó las «ideas colectivistas» que, a su juicio, amenazan a Occidente.
Con un tono categórico desde el inicio, el mandatario descartó cualquier disyuntiva entre eficacia y principios. «Lo justo es eficiente», sentenció ante un auditorio repleto de empresarios y líderes políticos internacionales. En su visión, el socialismo, pese a su atractivo retórico, conduce inevitablemente al desastre, un destino que ejemplificó con la crisis de Venezuela, país que describió sumido en una catástrofe económica y una «narco dictadura».
Milei argumentó que la defensa contemporánea de la libertad debe trascender los argumentos utilitarios para arraigarse en una «matriz ética» sólida. Según su postura, el capitalismo es el corolario lógico de los valores morales que sostienen la civilización occidental.
En un segmento dedicado a su administración, el presidente realizó un repaso de los «enormes logros» alcanzados desde su asunción en 2023. Afirmó haber corregido un abultado déficit fiscal, reducido la inflación de manera drástica, recortado el Riesgo País y generado un crecimiento económico que, aseguró, ya se traduce en una baja significativa de los índices de pobreza. A estos resultados, atribuyó la ejecución de miles de reformas estructurales, labor que destacó bajo la conducción de Federico Sturzenegger.
La narrativa bíblica como advertencia
El cierre de su alocución adoptó un tono profético. Milei recurrió al relato del Éxodo para trazar una alegoría sobre los peligros del estatismo. Comparó al «faraón» con el poder opresor de un Estado intrusivo y advirtió que las plagas bíblicas –la hambruna, la oscuridad en la toma de decisiones y la muerte de los primogénitos– simbolizan el destino inevitable de las sociedades que renuncian a la libertad. «La analogía con lo que ocurre hoy en Occidente es tremendamente clara», concluyó, dejando flotando una severa advertencia sobre el rumbo actual.
Su presentación se produjo luego de la intervención del expresidente estadounidense Donald Trump, quien reavivó polémicas geopolíticas y dirigió críticas al continente europeo. Sin embargo, la propuesta de Milei se centró en una batalla de ideas, posicionando a Davos como una tribuna para una cruzada ideológica en defensa de lo que considera los fundamentos morales de la prosperidad.
